El juego de pelota y el Sol nocturno: Francisco Palma, fotógrafo

En su exposición Bola Ludens, el artista rescobra imágenes de prácticas indígenas tradicionales como el ulama y el rarajípari, confrontaciones cargadas de misticismo y contenidos culturales que ...

Ciudad de México

Durante más de una década, Francisco Palma (DF, 1980) se ha dedicado a documentar los juegos de pelota tradicionales que aún se practican en México. Ahora reúne lo mejor de sus fotografías en la exposición Bola Ludens, que se exhibe hasta junio próximo en la galería abierta del Hospital General Regional 1 del IMSS, Gabriel Mancera 222, colonia Del Valle.

Palma, ganador de los concursos nacionales de fotografía de la Dirección General de Culturas Populares del Conaculta (2009), de Cuartoscuro (2006 y 2008) y de Fotografía Antropológica (2007), conversa con Dominical MILENIO acerca de la relevancia cultural que tienen estos juegos de pelota tradicionales en México, y resalta que son resultado del misticismo de las culturas y, a su vez, de la influencia que sobre ellos tiene el entorno social, lo cual lleva a transformarlos.

¿Por qué el nombre de la exposición?

Porque hace referencia solo a juegos de pelota. El elemento común es la bola, que es como en las comunidades le llaman a la pelota, a la cual no acostumbran decirle ni balón ni esférico. Y ludens por lúdico. Pero no solo es el juego por sí mismo, sino que nos refiere a su importancia, como misión, para entender cómo se asocia el juego con la cultura.

¿Cuál es el propósito principal de la muestra?

La documentación del juego, ya que hay prácticas poco conocidas. Por ejemplo el ulama, que procede del juego prehispánico ullamalistli, aquél que pertenecía a los mayas y a los aztecas antes que llegaran los españoles, y que aún se juega con la cadera. Por ello es que la documentación fotográfica y de investigación, es importante, porque al final son prácticas culturales que deben ser estudiadas para poder conocerlas. El juego expresa muchas cosas y hay muchos elementos que se aglutinan en él, como la religión, la identidad, la migración e incluso la vestimenta. Es por eso que me interesa mucho investigar cada uno de estos elementos y ver cómo se conectan.

¿Por qué conservar estos juegos tradicionales como el rarajípari, el juego de pelota purépecha y el ulama?

Que se conserven estas tradiciones depende de los mismos jugadores, y lo han sabido hacer. Realmente no es que ellos quieran conservarlos: son parte de su cultura, la que ellos viven y expresan. Juegan y lo hacen como parte de su tradición. Estos juegos nunca se han perdido, aunque ha disminuido un poco su práctica, pero sus jugadores se organizan y logran impulsarlos más. Se tiene la idea de que se pierdan, pero siempre han estado allí.

¿Cómo nació la intención de documentar estos juegos?

Estaba estudiando antropología, y parte de los trabajos que te piden en la escuela es hacer una etnografía: ir y hacer un registro de las tradiciones y las costumbres de algún pueblo. Entonces me enteré de la pelota purépecha o uarhukua. Encontré este juego, que me gustó y me atrapó. Al convivir con la gente empezó a haber una empatía; me quedé una semana y luego otra. Yo creo que eso me generó una cercanía con los jugadores, con las personas, con la familia y nos llevamos muy bien. Me gustó convivir y descansar con ellos, y creo que eso es lo que siempre estuve buscando: un contacto directo con la gente, aprender de ella. Parece que también es una cuestión de la búsqueda de identidad propia, de entender las tradiciones mexicanas, de asumirlas como propias. Yo no conocía estos juegos, pero a partir de la pelota purépecha se me abrió ese abanico de expresiones culturales, no solo de los juegos, aunque empecé a centrarme en éstos y comencé a ir constantemente a ellos.

¿Qué puede aprender la gente que ve su trabajo?

Que México es un país diverso culturalmente, que tien 63 lenguas distintas, y que aprendamos a valorar cada una de ellas.

¿Cualquiera puede jugar este tipo de juegos?

Los que los juegan son las personas más abiertas. Están encantados de compartir esta cultura que nos da gusto a todos, en especial a quienes los practican. Cuando alguien llega, se interesa y les dice: "Oye, déjame ver tu guante", responden: "Claro, póntelo, siéntelo, úsalo si quieres". Yo lo he visto: gente que es de la comunidad, del pueblo, de la colonia, se acerca y pregunta qué es eso. Van y ya son parte de esa comunidad, porque se va generando un espacio de encuentro para todos los jugadores. Son espacios incluyentes, a los que quien quiera puede ir y compartir.

¿Qué es lo que busca captar en una foto?

Me interesan mucho dos cosas: una, el contexto. Dónde y cómo se juega. Quiero que la gente se entere cómo son los espacios, porque donde se practican los juegos son grandiosos: barrancas, entre piedras y árboles, cruzando cerros y ríos, en la sierra. Los tarahumaras son reconocidos por tener una condición física impresionante. Tienen una característica muy singular, pues su forma de vida está muy alejada de la modernidad. Incluso entre ellos viven muy separados unos de otros: hay pocos lugares donde se aglutinen casas, viven de una forma muy dispersa. Para visitar a un familiar deben caminar o correr en la sierra, y no son caminos planos: suben, bajan, están al borde del barranco, del bosque, bajan al río y caminan.

La vida del tarahumara es caminar y correr, es por eso que los juegos son de correr, como la carrera de bola, que es un campo traviesa en el cual trazan sus rutas. Puede durar hasta una hora o más.

Las indumentarias, en el caso de los tarahumaras, ya no son las originales, ya son más modernas, más mestizas. Ahora no ves al tarahumara con el taparrabo, con la cinta en la cabeza, sino con una cachucha de la Virgen, con un escapulario. Me importa que estos procesos ya no hagan ver al indígena en su forma romántica, sino que se vea la pureza con su indumentaria pulcra.

Los indígenas son parte del proceso que vivimos. Tienen sus propios procesos de inclusión, expulsión, integración o desintegración a la modernidad del país. Se van adaptando y transformando. Todos esos elementos culturales que se van integrando en las mismas culturas y tradiciones, debemos entenderlos. Otro ejemplo: en la Tarahumara está también presente el narcotráfico, lo cual se ve en las vestiduras. Su contexto es influenciado. Esa es una cuestión que me interesa documentar visualmente, no nada más el juego por sí mismo como práctica, sino como una expresión en la que se ve toda esta parte cultural actual. La migración también se ve mucho. Tengo otras fotos de purépechas que fueron migrantes en Estados Unidos y se hicieron cholos, y que regresaron con otra indumentaria y otras prácticas. La uarhukua ahora se práctica sin uniforme. Al principio, cuando empecé a documentar ese juego, era mucha la costumbre de ponernos la manta y jugar muy tradicionalmente; pero, poco a poco, se fue transformando y la manta se dejó de usar hace 10 años. Algunos equipos sí juegan con la manta, otros juegan con mezclilla y tenis Converse como cualquier chavo de la ciudad que se pinta los tenis, ya que es de chavos el juego de pelota purépecha. Los niños también juegan desde pequeños, y van aprendiendo la tradición, porque ellos serán los que van a jugarlo, quienes van a recrearlo más adelante.

¿Cuál es el aspecto religioso de estos juegos?

Tienen un misticismo. Todos se fundan en la tradición oral, en leyendas, en mitos de creación. El universo y el mundo se crearon a partir de un juego de pelota: en la tradición de los mayas, los dioses se enfrentaron con los hombres, hubo un sacrificio, y ahí se generó el enfrentamiento del día con la noche. En la pelota purépecha también está presente esa mitología: la pelota representa al Sol en medio de la noche, el movimiento.

Yo creo que estos mitos son parte de nosotros. Es una tradición que nos hace sentir como mexicanos. Es necesario aprender estos orígenes que tenemos, porque la pelota y el juego son movimiento. Por eso, como mexicanos, tenemos que seguir en esa dinámica, ya que la vida es movimiento. Estos juegos expresan la parte en la que el mundo está en constante flujo. Nosotros como sociedad también debemos mantenernos en movimiento.