Mis fotografías son un diario: Rogelio Cuéllar

A sus recién cumplidos 65 años, Rogelio Cuéllar advierte que le falta mucho por hacer. 
Mis fotografías son un diario: Rogelio Cuéllar
Mis fotografías son un diario: Rogelio Cuéllar

A sus recién cumplidos 65 años, Rogelio Cuéllar advierte que le falta mucho por hacer. Desde pequeño es un devorador de imágenes, a los ocho años empezó a ver películas en el cine Portales y desde entonces no ha parado. Nostalgia, de Tarkovski, y Tango,de Carlos Saura, las ha visto cualquier cantidad de veces. Sin embargo, lo suyo es la fotografía, arte que lo ha llevado retratar a varios de los creadores más importantes de nuestro país.

¿Es hombre de buena memoria?

Sí, me acuerdo de todo perfectamente. Procuro ser muy organizado con mis negativos, en las fechas y el lugar donde hice las fotografías.

Sus fotos están centradas en la mirada, ¿de verdad los ojos son el espejo del alma?

La mirada es el diálogo. En la historia de la pintura la mirada es una constante y en el retrato es muy importante buscarla. A través de los ojos se genera una corriente eléctrica que se transmite.

¿La mirada de quién lo intimidó?

La evasión de la mirada me inquieta más. Recuerdo cómo Boris Viskin se cubría la cara y que en las primeras fotos que le tomé a Francisco Toledo salía de espaldas, eso me parece más perturbador.

A través de las fotografías, ¿se ve usted?

Mis fotografías son un diario de mi forma de vivir la experiencia del encuentro con las personas.

Complete la frase, “El tiempo me ha hecho más…”

Cuidadoso de no perder tiempo. Necesito trabajar más, hay muchos creadores a los que no he podido fotografiar todavía.

 

¿Qué artista o escritor se le escapó?

Muchísimos. Una de los que más me pesa es Emilio Ortiz.

 

¿Quién no se ha dejado retratar?

En general, a quien le digo que quiero hacerle fotos, se deja.

 

¿A quién le costó trabajo convencer?

A Toledo, que no le gustaba que le hicieran fotos; Rulfo era muy hosco pero finalmente me dio una cita cuando yo tenía 19 años. Creo que es la vehemencia la que me ha permitido lograr todo este abanico de retratos de los principales creadores en México, he sido muy afortunado.

 ¿Es amiguero?

Tengo muchos conocidos, pero amigos me caben en una mano. Pienso en Gabriel Macotela, Gustavo Monroy, Arturo Buitrón, Alberto Ramírez y Ulises Castellanos.

 

¿Cómo adquirió su primera cámara?

Me la regalaron. Yo trabajé en Imprenta Rojas y cuando el jefe de fotomecánica vio mi gusto por la fotografía me llevó a Foto Regis y me compró una cámara que aún conservo.

¿Colecciona cámaras?

En el sentido estricto, no. Hace un año, Audelino Macario me regaló una Hasselblad panorámica de 35 mm, a la que yo le tenía muchas ganas. 

¿Y otra cosa?

Sí, cajitas de cerillos de La Central, la empecé a los nueve años. Tengo dos álbumes y uno casi lleno.

¿Es nostálgico?

Sí, pero no para decir que toda época pasada fue mejor. Más bien soy un romántico. Nostálgico de la niñez, no; hice todo lo que tenía que hacer. Me fui de pinta lo suficiente como para conocer el aeropuerto, Contreras, Los Dinamos, Chapultepec, la estación de ferrocarriles. Héctor García diría que soy ‘pata de perro’.

Entonces no era un estudiante ejemplar…

No, pasaba de “panzazo”. Nunca me gustaron los matemáticas, en cambio literatura o español me encantaban. Solo vivía con mi mamá y ella siempre me dio mucha libertad, incluso me dejaba que yo firmara mis calificaciones.

¿Quién le gustaría que dijera su epitafio?

Pues algo así como “Murió prematuramente”. Existe la leyenda de que los fotógrafos y los químicos en el laboratorio, se conservan muchos años. Es una tradición que espero no romper.

Datos:

Nació en la Ciudad de México en 1950. Cursó estudios de cine y artes plásticas, así como de publicidad y periodismo en la Universidad Nacional Autónoma de México. Entre sus libros se destacan: Huellas de una presencia, De frente y de perfil y Entre la historia y la memoria, el más reciente es: El rostro de las letras (Conaculta/La Cabra Ediciones). En 2012 obtuvo el Premio Nacional de Periodismo Fernando Benítez.