Kurt Hollander: “Vivir mucho tiempo en la CdMx mata”

El autor comenta su libro Formas de morir en México, en donde refiere los efectos desastrosos de la alimentación moderna para la vida comunitaria y los sistemas nativos de cultivo

Kurt Hollander es un escritor y fotógrafo nacido en Nueva York que vive desde 1989 en la Ciudad de México. Durante ese tiempo ha observado que la relación entre los chilangos y la muerte no es tan carnavalesca como los mexicanos aseguran y creen. La realidad de la que él ha sido testigo haría llorar hasta a La Catrina: morir en esta urbe no tiene nada de natural ni pintoresco y ni siquiera es el resultado de los altos índices de crimen y violencia, sino que es el producto de la actividad comercial, el consumo y las toneladas de desechos que son producidos a diario.

Ya no se puede decir que un capitalino murió desafiando temerariamente a la huesuda o porque perdió un duelo de honor; lo más factible es que haya perecido agonizando por los estragos de alguna enfermedad crónica o alguna otra, producto de la larga exposición a su entorno.

Es por ello que en Formas de morir en México (Trilce, 2015), presenta una investigación histórica sobre cómo los lugareños le han hecho cara a la muerte y han logrado sobrevivir desde los tiempos de gloria de la Gran Tenochtitlan hasta nuestros días, en los que hay ocasiones en que simplemente hacer una actividad al aire libre pude tener una seria repercusión en la salud.

¿Cómo es que llegaste a vivir a la Ciudad de México?

La muerte en este país no es colorida ni risueña, ese es un mito que combato

Soy neoyorquino y nunca había tenido nada que ver con la cultura mexicana, a pesar de que mi papá estudió artes en La Esmeralda y de que vivimos por un tiempo en San Diego y solíamos cruzar a Tijuana; no sabía nada de la Ciudad de México. Y como en Nueva York la que dominaba antes era la cultura del Caribe, me pareció ridículo que viviendo yo entre tantos puertorriqueños y dominicanos no supiera hablar español. Por eso vine a estudiar el idioma en la UNAM durante un verano, aunque solo aguanté como dos semanas andar en el Metro. Pero cuando vi que aquí había una buena vida, una cultura increíble y un estilo de vida que me gustaba mucho, me quedé. Además aquí me ofrecieron más posibilidades. Siempre he dicho que es paradójico que millones se van para Estados Unidos buscando algo, cuando yo aquí encontré mucho que hacer.

Mencionas en el libro que esta ciudad es uno de los peores lugares para vivir…

La comida, el alcohol, la religión, la música y la cultura local en general está muy bien adaptada a la vida en la ciudad; por mucho tiempo la relación de la gente con lo local ha permitido su supervivencia, pero desde la entrada de la globalización con el Tratado de Libre Comercio hubo un cambio radical en la dieta y en los niveles de contaminación, por lo que los locales ya no está tan adaptados con su entorno, pues está invadido por sujetos externos. La diabetes no existía aquí hace 30 años, pero ahora es una de las enfermedades que más matan gente en el país.

Por cuestiones de salud está muy cabrón vivir aquí, y son los bebés y los ancianos que padecen enfermedades crónicas los que sufren lo más duro. Pero por la misma situación tan cabrona existen culturas increíbles: “Tepito resiste”, y todo lo que resiste se vuelve mucho más fuerte: es su cultura local lo que les ayuda a sobrevivir. Aquí en la ciudad ves lo peor: desigualdad, corrupción y miseria total, pero ves también cómo la gente se defiende.

¿Cómo has visto evolucionar la cultura de la ciudad?

Esa es mi gran queja, porque cuando llegué la ciudad era mexicana, y ahora mucha de la cultura local se ha perdido y ha sido reemplazada por pizza, pasta y hamburguesas. Inclusive ahora la gente se muere de una manera gringa: por la comida gringa, por el alcohol gringo, por la contaminación de la industria gringa; y la manera en que tratan el cuerpo después, incluidas las ceremonias en Gayosso y todo eso, es gringo. Hay un cambio enorme, tanto en la vida como en la muerte.

¿Crees que la cultura popular de la ciudad se está muriendo?

Sí, nada más ve los cines. Cuando yo llegué había palacios que proyectaban películas populares como La risa en vacaciones, bueno, ésa es la peor, pero había muchos filmes de puras chichis de ficheras, de putos, de humor y muchas de esas eran películas del barrio: estaban rodadas en el billar, en la pulquería, en la cantina; todo era muy popular y me encantaba. Eran algo no comercial, o sí, pero muy local, que obviamente no viaja a ningún festival internacional. Esos cines ya no existen porque ahora son múltiplex que proyectan a puro hollywoodense.

Y eso también se ve en la gastronomía popular, cuando la gente cambia a las fondas por un McDonald’s.

Esas megafranquicias venden muy “barato” porque la comida industrializada utiliza los menos ingredientes naturales. Pero eso es lo caro de ello: la gente quiere gastar para sentirse parte de lo global, lo moderno, lo internacional. Yo no me vine a México para tomar café de Starbucks y comer pizza, pero los gringos y los turistas no tienen problema con eso. También existe una clase de gente local, sobre todo la joven, que vive lo global y está muy feliz con eso porque ese estilo de vida es lo que sale en las películas y en la tele; ellos no son nacos porque son parte de eso, lo son quienes se aferran al pasado, los indígenas y la clase trabajadora. Para ellos lo naco es lo de aquí, la tradición, lo mexicano, el “indio en la ciudad”.

Hablas mucho en el libro de la Ciudad de México en su época prehispánica y lo haces de una forma brutal.

La línea oficial quiere mantener algo de la gloria del pasado indígena, pero eso realmente está mucho más enfocado a ver hacia Europa y Estados Unidos, para quienes realmente trabaja el gobierno. Se mantiene el mito escondiendo la realidad y eso es algo muy jodido, porque genéticamente sigue habiendo mucha consistencia: la gente del Valle de México tiene muchísimos años aquí, pero la Conquista fue cabrona porque no fue un encuentro entre dos culturas, sino un genocidio en todos los niveles, inclusive también a nivel ecosistema: el ganado cambió completamente la dieta local y a su vez destruyó las selvas.

Y con el TLC se volvió a producir un cambio igual de radical, porque ahora la gente se está muriendo por la contaminación, por las enfermedades que produce la comida importada: 50 por ciento de lo que se consume aquí viene de Estados Unidos. La gente no está adaptada para consumir eso tan industrializado y procesado, por lo que en vez de proporcionar nutrientes, nada más da azúcares y grasas. Eso es igual o más cabrón que la Conquista.

¿Cómo es la muerte dentro de la cultura del chilango contemporáneo?

No tan colorida y de “muerte lenta”. La gente muere por enfermedades crónicas muy desgastantes, tanto física como económicamente; no es el típico mito de que los mexicanos se enfrentan a la muerte riendo, la realidad es que es en el hospital, y eso si llegas a entrar, porque muchísima gente no tiene seguro. La muerte es dura y fea, y las razones que la producen, como comer demasiada grasa, no son nada pintorescas. No es la muerte de guerrero que tenían los aztecas.

Por eso trato de ir en contra del mito que dice que el mexicano tiene una relación especial con la muerte porque eso suena a propaganda del gobierno para forjar una nacionalidad en común y una industria turística. La realidad es muy triste, pero es evitable, porque comiendo plantas locales la gente viviría mucho más sana y tomando alcohol local sin químicos también. Esa muerte lenta y horrible se puede burlar, pero lo que ocurre es que no hay una educación adecuada y al gobierno le vale madres.