“Por fin había entrado, me creía el sheriff de ahí”

Se desempeñó como vigilante en la siderúrgica, pero con el paso del tiempo logró ser el diseñador de los carteles y folletos; hoy ofrece sus servicios como dibujante en el parque.
Realiza dibujos de la empresa y también retratos.
Realiza dibujos de la empresa y también retratos. (Gustavo Mendoza Lemus)

Monterrey

En su primer día como trabajador de Fundidora, allá por 1964, el joven César Daniel Rodríguez se lo pasaba de lo más aburrido. Lo habían mandado como velador de día y nomás no había mucho que hacer.

Se divertía tirando piedras, simulando ser lanzador de Los Sultanes, sintiéndose narrado por el locutor Chabelo Jiménez, y dibujando sobre la tierra con una rama. En especial, se sentía dibujante.

Hoy César Daniel es el dibujante de retratos cómicos, y es posible conocerlo sentado en la entrada oriente de la Nave Lewis. Ahí hace retratos personales a 40 pesos, pero si quiere a la familia completa nomás hay que agregarle 30 pesos más.

“Siempre quise dibujar, yo de joven me sentía muy fregón dibujando, pero como estaba muy chavo no me pagaban, me ponían como practicante”, explica don César Daniel.

Entró a la Fundidora después de dos intentos. En el primero de ellos, se retiró cuando estaba haciendo las pruebas médicas; en el segundo logró ser registrado como eventual pero lo trajeron de “rebote” (es decir que no lo ocupaban pues no había vacantes) por un mes.

“Nombre, me sentía bien contento pues ya por fin había entrado a Fundidora e iba con pistola al lado, ¡me creía el sheriff de ahí!”, recordó el dibujante.

Al principio fue de vigilante pero con los años empezó a concursar para diseñar los carteles y folletos que distribuía la acerera entre sus empleados.

Don César, a quienes los compañeros apodaban El padrecito, porque lo consideraban muy serio, empezó a ganar los certámenes.

Su historia familiar está ligada completamente a la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey; sus abuelos, su padre, tíos y primos trabajaron ahí por gusto o porque no había de otra.

“No nos daban trabajo en ningún lado, sólo porque éramos hijos de trabajadores de la Fundidora”, comenta.

Los jueves, viernes y domingos don César Daniel se sienta bajo un árbol del actual Parque Fundidora, se apoya en un pequeño escritorio que lleva y espera a que los amantes del retrato caricaturizado le soliciten un trabajo.

En su carpeta de trabajo lleva dibujos más elaborados que hace en tiempos libres.

Trabajadores compartiendo el almuerzo, otros trabajando entre nubes de vapor, uno más siendo golpeado por un remache que caía de las alturas; éstas son sólo algunas de las escenas que tiene dibujadas en el papel y en su memoria.

“Yo en cualquier momento te puedo dibujar una escena del interior de la Fundidora, las tengo grabadas en la memoria”, dice.

Actualmente tiene en el tintero un libro sobre sus memorias al que se ha titulado provisionalmente como El padrecito.