La filosofía mexicana pierde a un grande

“Es muy conmovedor ver que el arco de su vida fue muy amplio y también generoso”, dice su hijo, el escritor Juan Villoro.
 Fue uno de los integrantes del Grupo Hyperión, dedicado al estudio del ser mexicano.
Fue uno de los integrantes del Grupo Hyperión, dedicado al estudio del ser mexicano. (Octavio Hoyos)

México

El filósofo Luis Villoro Toranzo (Barcelona, España, 3 de noviembre de 1922-5 de marzo de 2014), quien se distinguió por su brillante trayectoria intelectual y por la defensa de las causas indígenas en México, falleció ayer a los 91 años de edad, a consecuencia de un paro respiratorio.

El presidente Enrique Peña Nieto lamentó su muerte a través de su cuenta de Twitter: “El filósofo, diplomático y educador Luis Villoro fue un académico congruente con su postura crítica y creativa para México. Descanse en paz”, escribió el mandatario.

Intelectuales e instituciones como el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el Instituto Nacional de Bellas Artes, el Fondo de Cultura Económica y la Universidad Nacional Autónoma de México expresaron sus condolencias.

El padre del escritor Juan Villoro fue investigador emérito de la UNAM y perteneció al Grupo Hyperión, dedicado al estudio del ser mexicano, de este se desprendió su trabajo Los grandes momentos del indigenismo en México, que fue su tesis profesional.

Hijo de padres mexicanos, Luis Villoro cursó sus estudios profesionales en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; realizó un posgrado en la Universidad de La Sorbona, en París, y otro en la Ludwiguniversität de Munich, República Federal Alemana.

Ingresó al Colegio Nacional el 14 de noviembre de 1978, con el discurso “Filosofía y dominación”. Obtuvo los grados académicos de maestro en filosofía por la UNAM, con mención Magna cum Laude, en 1949, y el de doctor en filosofía por la misma UNAM, con mención Summa cum Laude, en 1963.

El también investigador y catedrático fue Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Ciencias Sociales, Historia y Filosofía, 1986. Se desempeñó como secretario de la Rectoría, UNAM, 1961-1962.

Publicó numerosos artículos sobre filosofía e historia intelectual. Entre sus libros se encuentran: Creer, saber, conocer (1982); El concepto de ideología y otros ensayos (1985); El pensamiento moderno: filosofía del Renacimiento  (1992); En México, entre libros: pensadores mexicanos del siglo XX (1994); El poder y el valor. Fundamentos de una ética política; Estado plural, pluralidad de culturas (1998), y De la libertad a la comunidad (2001).

Premio Universidad Nacional en Investigación en Humanidades en 1989, fue presidente de la Asociación Filosófica de México (1980-1981) y miembro del Consejo Académico de la Universidad de la Ciudad de México, de la Comisión Nacional de Derechos Humanos y del Consejo Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas.

TRAS LA IDENTIDAD NACIONAL

Durante el velorio, celebrado ayer en la noche en la agencia funeraria Gayosso Félix Cuevas, el escritor y periodista Juan Villoro comentó que la vida de su padre “fue plena, muy rica hasta sus últimos días, manteniéndose en pie de lucha por sus ideas. Es muy conmovedor ver que el arco de su vida fue muy amplio y también generoso. Fue un filósofo muy dedicado a la búsqueda de la identidad nacional. Empezó su trabajo estudiando a los defensores de los pueblos indios y la vida le deparó la fortuna de poder terminar sus días convertido él mismo en defensor de los derechos indígenas”.

El autor de El disparo de Argón dijo que el filósofo empezó estudiando a Bartolomé de las Casas, Vasco de Quiroga, Francisco Xavier Clavijero y muchos otros. “Luego, a partir de 1994, con el levantamiento zapatista y el Congreso Nacional Indígena, donde tuve la suerte de acompañarlo, se pudo involucrar en la lucha por los derechos indígenas, que todavía no se han cumplido, y redondeó su trayectoria”. 

Rodeado de familiares, amigos y simpatizantes de la obra del filósofo y maestro, que asistieron a darle el último adiós, Juan Villoro también dijo que su familia aun no ha decidido qué harán con los restos de su padre. Afirmó que se respetará su última decisión.

TESTIMONIOS

Rafael Tovar y de Teresa Presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes

Fue un hombre fiel a sus convicciones. Deja un gran legado en su hijo Juan Villoro. Todavía la semana pasada, el 25 de febrero, compartieron la mesa en el Colegio Nacional, algo insólito en la historia de México que padre e hijo formaran parte de una institución tan prestigiada como ésta.

José Ramón Cossío Díaz Ministro de la Suprema Corte de la Nación

Tuve la oportunidad de conocer a don Luis hace muchos años, cuando se aprobaron los Acuerdos de San Andrés Larrainzar. Es una pérdida importante para el pensamiento crítico del país.

José Narro RoblesRector de la UNAM

Fue un universitario integral, completo, una persona interesada en su Casa de Estudios, en su Instituto, en toda la Universidad. Recibió de ella todas la distinciones, por lo que para nosotros, en consecuencia, representa una pérdida enorme. Nos deja un vacío, nos deja un ejemplo, nos deja una obra.

José de la Colina Escritor

Formó parte del grupo de escritores e intelectuales que, estimulados por el filósofo José Gaos, empezaron a hacer estudios sobre la identidad del mexicano. Fue derivando hacia una filosofía digamos de izquierda, con una serie de asuntos que yo encuentro muy respetable su manera de exponerlos, aunque no todos los comparta. Sin embargo, me parece que siempre lo hizo con una gran honradez y esa capacidad interrogativa del verdadero filósofo.

José Carreño Carlón Director del Fondo de Cultura Económica

Es una gran pérdida para la vida cultural del país, para la vida universitaria, para el debate político. Al mismo tiempo, es momento de celebrar, porque nos deja mucho también: sí, tenía 91 años, pero más de medio siglo de una pedagogía constante, de una pedagogía de la libertad, de una pedagogía entendida como ética política.

Cuauhtémoc Cárdenas Político

Es una gran pérdida para todo aquel que está en una actividad constructiva y patriótica. Nos deja mucho: un ejemplo de vida, afortunadamente mucha obra escrita y, seguramente, muchos alumnos.