ENTREVISTA | POR ARLLETE SOLANO

Lucy Topete Escultora

Lucy Topete, vicepresidenta nacional de la Sociedad Mexicana de Interiorismo y Arquitectura, en exclusiva para los lectores de MILEN IO JALISCO, comparte algunas ideas en torno esta pasión de imprimir en sus obras la energía de su corazón

“La figura debe ir más allá, debe transmitir quién era el personaje”

En estos días prepara proyecto que pretende realizar en la Ciudad de México
En estos días prepara proyecto que pretende realizar en la Ciudad de México (Carlos Zepeda)

Guadalajara

Lucy Topete es una de las escultoras jaliscienses más prolíficas de la escena nacional, asegura que ya ha perdido la cuenta de las más de 500 obras que ha producido a lo largo de su trayectoria y que ha esparcido en distintas ciudades de México, Costa Rica, Estados Unidos, Panamá y Guatemala, la mayoría de ellas monumentales y públicas, todas bajo la premisa de que cada escultura que fabrica “debe transmitir belleza, no importa si es abstracta o figurativa, si te inspira y sientes que hay armonía al verla, si te transmite cierta dulzura, relajación, entonces creo que continúo en el camino que va con mi personalidad. Lo mío no son las piezas fuertes o agresivas”, señala la artista quien también cuenta con una amplia obra en caballete y que en estos momentos exhibe obra en el Club Puerta de Hierro.

Referirse a usted es hablar de cientos de esculturas de entre tres y seis metros de altura que son referente de museos, avenidas, templos y jardines a petición de empresas, ayuntamientos y particulares ¿Cómo se inició en esta odisea?

“La mejor maestra es la práctica, creo hay que ser excepcional para salir del anonimato. Desde niña en el templo no hacía más que estar rasguñando las estructuras y asomándome por abajo preguntándome ¿quién la hizo? Pero me dediqué a otras cosas. Fui diseñadora de ropa, maestra y otras más. Hace casi 19 años estaba jugando en la arena y apareció algo como un rostro. Los siguientes tres días en la playa los pasé haciendo esculturas. Hice la copia del hotel, a un señor de tres metros acostado, un Jet ski de tamaño natural porque eso era lo que veía. Desde ahí supe que tenía que hacer eso pero con desesperación”.

Y ¿cómo es que recuperó la tranquilidad?

“Con la práctica diaria. Comencé mi formación en el Centro Cultural El Centenario iba una vez por semana. Me desesperé rápido, de ahí me fui a la Casa de la Cultura del Bosque Los Colomos los fines de semana y finalmente me enlisté en el Instituto Cultural Cabañas. Iba todo el día. Entretanto se hizo hábito analizar, no dormir, porque antes de hacer una pieza tengo que resolver todos los posibles problemas en la mente para cuando llego a hacerla ser lo más asertiva posible. Siempre tuve el deseo de crear día y noche. Inicié haciendo piezas sobre la lavadora, en mi casa y ahora ya cuento con un taller, la intensidad con la que trabajo no ha cambiado”.

La mayor parte de sus trabajos son figurativos y realistas. ¿Qué retos plantea la creación de este tipo de piezas?

“En cada proyecto, pienso que debo de recrear el personaje de manera integral, no es que se reduzca todo a una figura con proporciones medibles y vaya que ya este proceso mecánico plantea incluso la resolución de problemas arquitectónicos y de construcción. La figura resultante debe ir más allá, debe transmitir quién era ese personaje que se está plasmando en la escultura, estar consciente de que esa escultura es muy probable que permanezca y la puedan observar generaciones venideras. Mi función es que el personaje no se olvide al paso del tiempo. Para mí cada obra es como un hijo y lloro cuando se van. Les entrego todo, día y noche, toda mi vida. Me gusta estudiarlos a fondo como la escultura de Emiliano Zapata montado en su caballo que hice para el municipio de Tequila, Jalisco. Recuerdo que antes y durante el proceso estudié la correspondencia que mantenía con sus novias. Encontré a su bisnieto que preside la Fundación Herederos de la Revolución de Emiliano Zapata y además es idéntico a su bisabuelo, me platicó que él continuaba la lucha por los campesinos, de manera pacífica. Charlamos mucho y me pasó un mar de información, el día de la develación estuvo presente”.

De las piezas que ha creado ¿cuáles son sus favoritas?

“Todas, en su momento he sentido cada personaje con una particular pasión. De las más de 500 que he hecho recuerdo una escultura que hice del Papa Juan Pablo II que mide 2.60 metros. La hice cuando vino a México en 1989 a partir de todas las fotografías y videos que pude encontrar. Me esforcé en que su rostro reflejara dulzura, paz, inteligencia, caridad. Me vienen a la mente también, los animales del pleistoceno, 40 piezas de tamaños reales. Fueron un encargo para un Museo de Paleontología de Aguascalientes. Desde mamuts, búfalos y dientes de sable, fueron 17 tipos de animales. Recuerdo un Buda de tres metros que hice en seis semanas, el galardón Elvia Carrillo Puerto, la estatua de Capulina en Chignahuapan, Puebla, fue muy emotiva porque estuvo presente el artista. Otra obra entrañable es el Francisco Tenamaztle que hice en Nochistlán, Zacatecas”.

De los proyectos que realiza ¿qué nos puede decir?

“Poco, estoy tratando de concretar un contrato para la realización de un proyecto importante en la Ciudad de México. Por el momento sólo puedo decir que cruzo los dedos para que se realice”.