La fiebre de la guerra ha sido mi motor: James Ellroy

Es la primera de un cuarteto sobre los años de la Segunda Guerra Mundial en Los Ángeles, donde vuelven a respirarse las clásicas atmósferas oscuras que le han dado fama mundial.
“No puedo ver más allá de 1941. El poder de "Perfidia" se deriva fundamentalmente de esa resistencia...”
“No puedo ver más allá de 1941. El poder de "Perfidia" se deriva fundamentalmente de esa resistencia...” (Luis Tejido/EFE)

México

¡Soy el perro diabólico! ¡El perro diabólico!”, exclama entre gruñendo en castellano James Ellroy, mientras aprieta los dientes y frunce el ceño amenazador, al tiempo que lanza una mirada fulminante bajo las gafas redondas desde la cima de sus casi dos metros de estatura. Sin embargo, su pantalón blanco y la exótica camisa azul celeste de estampado tropical lo delatan: es más bien un hombre afable, bromista, incluso tierno, que se confiesa un romántico literario sometido a los dictámenes de su esposa, quien le tiene prohibido hablar de política en las entrevistas por su fama de republicano, y a la que hace caso en todo.

Son las nueve y media de la mañana en la capital española y la lluvia se cierne sobre el cielo madrileño. Pero Ellroy (1948), machacado por el jet lag, no siente frío y acude en manga corta a su encuentro con MILENIO para hablar en entrevista exclusiva de su nueva novela, Perfidia (Penguin Random House), la primera de un cuarteto sobre los años de la Segunda Guerra Mundial en Los Ángeles, donde vuelven a respirarse las clásicas atmósferas oscuras que le han dado fama mundial con obras como La dalia negra o L. A. Confidential.

Cuando comenzó a escribir Perfidia, dice, únicamente tenía en la cabeza las cosas que iban a ocurrir en el lapso de un solo mes: diciembre de 1941, cubriendo todo aquello que pasó en la ciudad a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial y la amenaza japonesa, que se materializó en el ataque a Pearl Harbor: el conflicto racial y de identidad política y sexual que se refleja en el químico forense Hideo Ashida; la espiral de ambición en torno al detective William H. Parker; el mundo de psicopatía maligna que testimonia Dudley Smith; los apagones y su secuela de violencia y pillaje, y las relaciones de promiscuidad que establecen las mujeres en la ciudad ante la falta de hombres. “Es la fiebre de la guerra. Ese ha sido mi combustible y es lo que he tenido en mente los dos años y medio que he estado escribiendo esta novela, y es lo que tendré en los siguientes dos años de mi vida mientras escriba este cuarteto, mientras conviva con estos y otros personajes”.

Ellroy asume con orgullo que ha puesto toda su experiencia literaria al servicio de la escritura de esta obra. “Todo lo que he aprendido mueve el motor de esos 23 días en los que la gente vive, bebe, fuma, se droga, tiene sexo, cuando todos, absolutamente todos, hombres, mujeres, perros, gatos, tienen la oportunidad de hacer algo o no en Los Ángeles aquel diciembre de 1941. Y nadie ni nada está a salvo, ni los animales en el zoológico. Y ese es el clima que se respira y a ese clima responde la escritura, mi pensamiento literario, mis recursos, todo. Por otra parte, he dispuesto de una enorme documentación, muy rica en detalles, que condensé en un borrador de más de 700 páginas para, después, seguir minuciosamente ese anteproyecto, lo cual me permitió entrar en cada una de las escenas individuales e improvisar. Y así es como pude conseguir el efecto de un lenguaje cortante, directo, duro, que impacta al lector.

Respecto a las razones por las que vuelven algunos de los personajes de sus anteriores obras, Ellroy sostiene que se trata “de expandir mis siete novelas anteriores. Cuando tenga setenta y tantos años y esté muy cansado, lo que entonces tendré es una tetralogía de once novelas que va de 1941 a 1972”.

Los Ángeles es también uno de los personajes centrales de la obra de Ellroy. En ese sentido, el escritor comenta que “la idea general de este segundo cuarteto de Los Ángeles sigue también la línea general del primero y de la trilogía de Underworld USA: partir de hechos históricos y proporcionarles una estructura humana ficticia para acompañar esos hechos, lo que me lleva a reescribir la historia de acuerdo a mis propias ideas y a mi conveniencia.

¿Es que no está de acuerdo con la historia?

No es tanto que no esté de acuerdo. Mira, brother, ahora dicen que soy el Perro Diabólico de la literatura norteamericana, así que, ¿qué carajo se supone que debo hacer? A algunos no les gustan los pitbull ¿no? Pues a mí me encantan. Y yo soy un pitbull: me levanto y camino gruñendo entre dientes, y si veo una gran bola de mierda la meo para que otros perros sepan que ése es mi territorio, ¿okey? Y eso es lo que pasa con Los Ángeles de los años 40 y 50: son mi territorio, y lo hago a mi manera”.

¿Pero está enfadado o sacado de onda con la Historia?

No, en absoluto. Más bien estoy emocionado y tranquilo, porque lo único que trato es de hacer mi trabajo. Trato de ver cómo son las cosas y para ello utilizo toda mi capacidad intelectual, con el fin de crear documentos humanos conmovedores; para crear grandeza de ese momento y de ese lugar.

¿Qué es lo que mueve a sus personajes?

“Cada uno de los personajes de esta novela está movido por una cosa en común: el amor. Y por eso el libro se titula Perfidia, como esa hermosa canción (del compositor mexicano Alberto Domínguez). En el fondo en eso se resume todo: me ha engañado él o ella; me ha hecho daño él o ella. Por ejemplo, Kay Lake, quien está enamorada de Bucky Bleichart, al mismo tiempo está con Scotty Bennet, y trata de seducir a Ashida pero no lo consigue.

¿Y qué pasa con el miedo?

Hay miedo a los japoneses. Lo que se quiere explicar en ese sentido son las grandes injusticias que se cometieron contra los inmigrantes japoneses cuando se les estigmatizó. ¿Pero por qué la gente les tenía miedo y estaba enfadada con ellos? En 1937 China fue invadida por los japoneses, y en esa ocasión cometieron un montón de atrocidades: violaron, cortaron cabezas, etcétera. Si uno de nosotros estuviera en 1941 en Los Ángeles sabiendo esto, también estaría muy enfadado con los japos. Así que los orígenes de esta animadversión racial parten de un sentimiento de empatía, y hay que comprender cómo funcionaba eso. Sin embargo, a lo largo de la novela los personajes van cambiando: William H. Parker llega a creer que el internamiento de los japoneses no fue una buena cosa, y trata de explicar que no había tal conspiración japonesa como se creía. En ese sentido, hay que destacar que si no hay cambios en una novela, no puede ser una gran novela. Yo soy antiminimalista; soy un romántico, y quiero que la gente cambie, así que Ashida cambia. Incluso Dudley Smith, un psicópata terrible, cambia y se enamora.

¿Cree que ese momento representa un punto de inflexión para Estados Unidos, que el presente es el resultado del cambio que se produjo en ese momento?

No puedo ver más allá de diciembre de 1941. El poder de Perfidia se deriva fundamentalmente de esa resistencia para ir más allá. No quiero ir más allá de ese año.

Entonces, ¿qué clase de semilla se plantó en ese año?

Sobre todo la de la expansión. Es el principio de una gran era de crecimiento para Los Ángeles. Las mujeres empezaron a trabajar; se creó una gran infraestructura. Durante la guerra la vivienda estaba restringida y no se podían construir edificios porque se necesitaba centrar los esfuerzos en la guerra. Así que cuando ésta acabó, después de 1945, de repente aparecieron grandes cantidades de coches, volvieron los soldados del frente y Los Ángeles empezó a crecer: el sistema de autopistas y transporte público. La ciudad subió.

¿Y qué clase de semilla sembró la guerra en el corazón de la gente?

Más que nada es una idea: la de una identidad común. En Los Ángeles hicimos lo que pudimos para acabar con los japoneses y los alemanes, y creo que hicimos un gran trabajo. Y después ayudamos a reconstruir Europa. Así que EU se asumió como una gran nación.

¿Qué nos dice de lo mexicano que planea en esta historia, especialmente todo lo relacionado con la frontera?

Sí, evidentemente hay cosas que deben aparecer, en especial los inmigrantes ilegales que trabajaban en el Valle de San Fernando. ¿Pero qué más se necesita? Yo puse submarinos japoneses en la costa de Baja California. Y México aportó también muchos anarquistas y muchos fascistas, hay que decirlo. Y más allá de Perfidia, debo decir que en el próximo libro habrá mucho de esto. Lo prometo para el próximo.

Claro, Los   Ángeles es muy mexicana ¿no?

Sí, lo es.

¿Cree que entonces era más mexicana que ahora?

Nooo. Ahora es más mexicana que entonces, proporcionalmente hablando. Y siempre ha tenido un toque mexicano.

¿Siente una especie de nostalgia por esos años en los que está ambientada su novela?

Sí, aunque no había nacido aún. Me gustaría caminar por uno de sus bulevares e ir a alguno de sus restaurantes, a un bar abierto toda la noche, y me gustaría poder sobornar a la policía, construirme una casa con mano de obra barata mexicana. Sería genial todo eso.

¿Se considera un maestro del género negro?

No, más bien me gustaría decir que lo que hago es novela histórica. Muchos dicen que hago novela policiaca, pero yo no creo que sea así. Yo más bien mezclo y fusiono novela negra, novela política y novela histórica. Y me da igual lo que se diga por ahí. Yo soy solo un perro, a ver si me entiendes. Soy el Perro Diabólico, ¡grrr! Ya te dije.

¿Cómo es su vida cotidiana hoy?

Mi vida cotidiana es rara: mi segunda ex mujer es mi actual novia; prometida, de hecho. Normalmente, al levantarme me digo que más vale que lo haga y me ponga a ganar dinero. Tengo un coche deportivo y me gustan las hamburguesas. Y la comida mexicana: ¡los tacos bien rellenos!