Las incoherencias del castrismo

La tesis castrista del embargo valida al capitalismo, sin que los castristas se den cuenta. No obstante, las mejores armas del castrismo tienen el filo gastado y nunca ha sido mucho. 
El embargo es la “llave mágica” de la defensa castrista y, sin embargo, encierra una falla de argumentación monumental.
El embargo es la “llave mágica” de la defensa castrista y, sin embargo, encierra una falla de argumentación monumental. (Especial)

Ciudad de México

Fidel Castro ha muerto y los castristas repiten su defensa: la Revolución cubana y él serán más que absueltos por la Historia, por sus logros en educación y salud, y porque siempre tuvieron en contra “el embargo”. No obstante ser las mejores armas del castrismo, su filo está gastado y nunca ha sido mucho. Veo más de un problema, sea de ética, lógica y falta de contexto, en ese par de argucias. Y, argumentativamente, es perfectamente posible y válido criticarlos.

Con logros o avances en educación y salud quieren decir “salud universal” y alfabetización total e índices altos de escolaridad. Las tres cosas me gustan e importan, pero no son lo único relevante. Incluso son insuficientes. Más importante que la cantidad de la cobertura, en espacio y tiempo, es su calidad, y tengo dudas sobre ella en Cuba, sobre el nivel real de los sistemas públicos de educación y salud, y sobre si los éxitos de las primeras décadas sólo son pasado. ¿Qué tan bueno es en todas sus partes ese sistema de salud que se supone que está en todas partes? Y no es lo mismo pasar muchos años estudiando en una escuela que aprender por muchos años lo mejor y necesario. Pero incluso si suponemos que la calidad es generalmente alta, el problema persiste, porque no basta.

Entra la Libertad. ¿Qué no pueden leer y escribir todos esos cubanos que saben leer y escribir? Si perseguimos el discurso, ¿dónde quedan las demás dimensiones necesarias para una nueva sociedad superior? En Cuba no hay, por ejemplo, libertad de expresión

En Cuba, el rasgo definitorio de la cotidianidad popular es la escasez. 

, de asociación y de movimiento. El movimiento que se da es la migración de huida, que no se da en países donde hay libertad bajo un Estado democrático de derecho (no es el caso de México), aunque no haya las mejores condiciones socioeconómicas (sin que se justifiquen necesariamente las condiciones que existan). Tampoco hay democracia, bajo ningún concepto. Ni riqueza socialmente generalizada ni suficiente igualdad hacia arriba, lo que significa que el movimiento de la igualdad socioeconómica fue al revés del deber ser. El rasgo definitorio de la cotidianidad popular es la escasez. Y la escasez no fue ni puede ser la promesa socialista. 

Por su parte, la salud puede tomarse como fin pero no sólo como fin; si lo es, también es un medio, tiene que serlo. Pero no vale como medio si se trata de estar sano sólo para obedecer. Y la educación sólo puede ser socialmente válida como medio ilustrado de y para una libertad individual no antisocial, (in)justamente lo que no es en Cuba. La educación de la que hablan los castristas no les sirve para gran cosa a la gran mayoría de los cubanos. ¿Qué pudieron hacer con ella bajo Castro? ¿Convertirla en qué si no hay libertad ni riqueza suficiente? Si Fidel les dio educación, después les impidió usarla… Una de las peores formas de reducir la educación a diploma. Si las oportunidades sin educación de calidad pueden ser un desperdicio, la educación sin oportunidades indudablemente se desperdicia. No es algo precisamente defendible. ¿Es eso culpa del embargo?

Si defender al Líder y toda la experiencia revolucionaria —los orígenes y resultados de un proyecto de transformación de todas las estructuras de un país o sociedad— usando solamente dossubsistemas estatales suena raro, la defensa del efecto maligno del embargo es aun más curiosa. Sostengo un nuevo análisis, una lectura distinta. La tesis castrista del embargo valida al capitalismo, sin que los castristas se den cuenta. Implica que el éxito de Cuba dependía sobre todo del capitalismo, al depender de un comercio internacional. Dice que los frutos del socialismo de Fidel, su tamaño y madurez, dependían necesariamente de la competencia comercial y de la cooperación capitalista simultánea y previa. ¡Y de Estados Unidos! Sería lo mismo decir “no puedes criticarme, porque nos hubiera ido mejor si el capitalismo gringo no hubiera rechazado ser un buen cliente”. ¿Qué dice eso sobre el modelo económico cubano? “Sospecho” que si un socialismo (o “comunismo”) se queja de que el capitalismo no lo ayuda, ese socialismo ha fracasado.

El embargo es la “llave mágica” de la defensa castrista y, sin embargo, encierra una falla de argumentación monumental, una incoherencia tan grande que una vez identificada lo que se demuestra es un acto de fe: el carácter religioso del castrismo. Repito: “es que el embargo” es apelar al comercio con capitalistas, culpar a la necesidad que se tiene de ellos, y disculpar con la imposibilidad de ese comercio los males de los anticapitalistas. El castrismo termina yendo contra el capitalismo pero no por una vía anticapitalista sino por la del cliente frustrado o el socio desechado e insatisfecho. Es evidente que el proyecto castrista no consiguió cuajar económicamente, que no se volvió sostenible, que no hubo bases productivas y de riqueza nacional suficientes. Por eso el socialismo castrista fue una distribución igualitaria de la pobreza de ingreso y patrimonio entre la mayoría de los cubanos, en vez de la distribución igualitaria de una gran riqueza que haya sido entonces producida. Si ese socialismo hubiera sido completo y exitoso, autosustentable y eficaz, el embargo no tendría mayor importancia o de plano ningún sentido. Pero no fue así. El embargo ciertamente no ayudó a Cuba pero ni da la razón a los que la pierden por Fidel ni es culpable de todos los males de la isla, como ha demostrado el académico socialista Samuel Farber (Cuba Since the Revolution of 1959. A Critical Assessment, Haymarket Books, 2011).

No creo que la Historia absuelva a Castro. No porque literalmente todo haya sido malo en la Revolución cubana sino porque la mayoría de los resultados son negativos. Están muy lejos de la utopía, pero no sólo de ella sino también de lo mejor del desarrollo como calidad integral de vida.

*José Ramón López Rubí es politólogo; ha colaborado en centros académicos como el Centro de Investigación y Docencia Económica y la Benemérira Universidad Autónoma de Puebla.


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