"Yo evitaría leer un e-book con el wi-fi abierto": Fernando Báez

Autor de varios ensayos acerca de los códices, el papiro y el papel, sobre la Biblioteca Alejandrina, el libro y su destrucción, el investigador venezolano es también experto en el desarrollo de ...

Desde hace algunos años, el investigador venezolano Fernando Báez se ha dedicado a estudiar al libro como una herramienta de la tecnología de la memoria. Sus investigaciones sobre la escritura en todos sus formatos se distinguen por aportar una perspectiva más abierta, en especial a la hora de incorporar las tradiciones orientales. Prueba de ello es su nuevo ensayo, Los primeros libros de la humanidad (Océano, 2015), un volumen que nace de su estancia en Egipto, país donde realiza una investigación sobre la cultura yihadista en el marco de la guerra cultural que se inició con las cruzadas y llega hasta nuestros días. Sobre este tema espera también publicar un libro próximamente.

En entrevista, quien en su momento fuera calificado como persona non grata por el gobierno de George W. Bush, a causa de sus denuncias sobre la destrucción cultural realizada por Estados Unidos en Iraq durante la Guerra del Golfo, hace un recorrido por la desarrollo del libro, previo a la invención de la imprenta.

Su nuevo libro bien puede ser una especie de precuela de su anterior Historia universal de la destrucción de los libros o La destrucción cultural de Iraq.

Correcto. Tras terminar el ciclo de la destrucción cultural que comienza con la Historia de la antigua Biblioteca de Alejandría, Historia universal de la destrucción de los libros, La destrucción cultural de Iraq, El saqueo cultural de América Latina y Las maravillas perdidas del mundo, pensé que era necesario escribir esta obra para ir a los orígenes del libro, la cultura, el conocimiento y la evolución cultural tecnológica basada en herramientas de la memoria y la identidad cultural.

Propone reivindicar el papel de Egipto, ¿hacía falta hacerle justicia en términos de históricos?

Sí, Egipto es una bisagra entre los mundos africano y occidental. Los griegos, un pueblo extraordinario, copiaron el alfabeto fenicio para poder escribir y tuvieron que comprar las hojas de papiro a Egipto porque no obtuvieron el secreto de su elaboración. Sin papiro, Homero no hubiera llegado a nosotros. En Egipto nace el códice, que permitió al cristianismo evangelizar a millones de seres humanos hasta la aparición del pergamino y el manuscrito en el período de la antigüedad tardía. De Egipto viene esa idea de que la biblioteca es una farmacia del alma. Fue ahí y no en Atenas donde los griegos crearon la Biblioteca de Alejandría.

Si bien los chinos inventaron el papel, no lo explotaron tanto dadas las condiciones gráficas de su alfabeto, cosa que, por ejemplo, no sucede con los fenicios, quienes lo aprovecharon más gracias a que contaban con un alfabeto de poco más de 20 símbolos.

En Byblos, hoy un asentamiento cultural en Líbano, el alfabeto surgió alrededor del 1060 a.C., en lo que se considera el segundo paso más relevante en la historia de la escritura. Con relación al papel, su inventor, Ts'ai Lun o Cai Lun, tuvo el mismo destino de quienes sabían del papiro: fue envenenado, acusado de falsear registros, pero lo más probable es que se intentara acallarlo para detener la posibilidad de que vendiera la fórmula, cuestión que tomó tiempo hasta que los persas torturaron a un chino que entregó el secreto y todo cambió. El alfabeto chino es complejo y no fue el comercio, como en el caso fenicio, lo que lo cambió, sino una decisión tomada por el mismo Emperador que ordenó destruir todos los libros que existiera antes de su mandato. Hoy China tiene tres murallas: la que construyó el mismo emperador mencionado, la de su lengua y la digital, donde censura a toda una nación. Sin embargo, la continuidad de China como civilización y su adaptación al ámbito digital demuestra su fortaleza para imponerse en la Segunda Guerra Fría que vivimos, donde hay un cambio geopolítico de renovada conflictividad entre Estados Unidos y Rusia.

No se puede entender la historia del libro sin la religión, usted dedica amplios capítulos a la Biblia y el Corán.

Baste pensar el libro como objeto sagrado y su influencia. En 2015, cuando tenemos una población de 7 mil 500 millones de habitantes, hay 4 mil millones que pertenecen a religiones que asumen textos sagrados. Remarco la Biblia (cristianismo) y el Corán (islamismo) porque son dos posiciones que siguen en conflicto. En la composición de la Biblia cristiana he insistido en recuperar la figura de los escribas y unos correctores fantásticos que se llamaban "masoretas", responsables del memorable Códex Aleppo, llamado así en honor a la ciudad hoy destruida de Siria. He insistido en documentar por qué el cristianismo heredó el debate del judaísmo contra la idolatría o adoración de las imágenes en el Éxodo (XX, 4-6), lo que fomentó un culto por los nombres. Tanto la Biblia como el Corán permiten letras sagradas, pero delimitan como tabú la imagen. Sobre el Corán también, es increíble porque Mahoma no sabía escribir. Recitarlo con perfección es un arte y todavía hoy se conocen casos de secuestrados del Califato Islámico que han sobrevivido por recitar con perfección el texto.

La evolución del libro va de la mano con la evolución de la escritura y la lectura. ¿El desarrollo de los tres procesos siempre ha ido a la misma velocidad?

Desde la escritura sobre piedras y tablillas hasta el manuscrito medieval, se escribió a mano por 5 mil años. La lectura de cada formato se adaptó al paso de lo oral, todavía vemos el poder del valor originario de esos primeros textos cuando la gente pide al poeta que recite en voz alta. Hoy el proceso es acelerado, tiene apenas 20 años y el formato curiosamente tiene mayor alcance; la tecnología digital crea un nuevo tipo de lectura que está siendo manipulada por las grandes corporaciones a fin de establecer el control social por el efecto placebo literario.

¿En qué momento el libro deja de ser un artículo subversivo y propio de las élites religiosas o aristócratas para convertirse en un objeto popular?

La subversión del libro se mantiene en la sociedad del Gran Hermano 2.0 que comenzamos a vivir en la era Post-Snowden. La resistencia ahora ha pasado al editor y escritor independiente, autónomo, que tiene contra sí desafíos enormes ante la homogeneidad y celeridad en las cadenas de distribución. No creo que sea espontáneo ese desinterés en las bibliotecas y planes de lectura que vemos en el mundo, esa ralentización de los proyectos de estímulos a la cultura, es un paso hacia la marginalización del pensamiento crítico. La lectura supone un acto donde memoria e imaginación van de la mano, pero hoy la lucha corporativa se mantiene en el campo de prefabricación de tendencias, una especie de hashtag de la opinión donde se está sensibilizando a la periferia del interés adaptativo en la supervivencia como especie, y no el eje de la renovación como una humanidad emancipada de ciudadanos que tienen la capacidad de buscar, libres, una sociedad más justa y menos desequilibrada.

En Mesoamérica al igual que en Oriente Medio existían códices, entiendo que éstos desaparecen después, dado que la imprenta llega más tarde. ¿Es posible tender puentes entre la forma en que se trabajaban los códices en América y en Oriente?

Las grandes culturas originarias de México tienen ese honor de haber estado entre las pocas civilizaciones que crearon sus propios libros (Egipto, Mesopotamia, China, por ejemplo) y es un rasgo determinante que crea una crónica paralela con Oriente: uso de papel propio, figura del escriba, escuela de formación de escribas/funcionarios, relación entre caligrafía como imagen de poder y acto sagrado, estudio de la cronología y cosmología, presencia de la poesía ritual. Es curioso, pero España destruyó cientos de códices árabes en el Auto de Fe de Granada, y un discípulo del Cardenal Cisneros (Francisco Jiménez de Cisneros, 1436-1517) fue enviado a México y tras estudiar la importancia que tenían en la identidad popular decidió también destruir los códices mayas.

Hay académicos que sostienen que el libro electrónico representa la tercera revolución del libro, después de los papiros y la imprenta, ¿está de acuerdo con esta apreciación?

Hay tal vez más de tres revoluciones y debemos ser más plurales: hay que incorporar la revolución del papel, y la de la tablilla que fomenta la organización administrativa y la formación de las primeras bibliotecas y archivos. Hoy una tableta se parece mucho en su forma a las tablillas que vi en Bagdad y en Museos de Europa. Dada su popularidad en pueblos que van desde el egipcio hasta el griego, el papiro luego se convierte en soporte de una revolución y de la expansión de modelos culturales, jurídicos y políticos. El códice creado en Egipto impuso un imperio, el romano, y una religión, la cristiana. Con la imprenta, Elizabeth Eisenstein destacaba como aportes el empuje de la revolución científica, la Reforma protestante y el redescubrimiento de los clásicos en la Italia del Renacimiento. El libro electrónico tiene apenas dos décadas frente a cinco milenios, es apresurado sacar conclusiones sobre un proceso en marcha que es la versión de la revolución informática en la post-globalización corporativa. En 2015, por ejemplo, El Observatorio del Libro indicó que el libro impreso, que había registrado un retroceso, aumentó nuevamente en 3.7 por ciento, un posible rebote. El riesgo en el libro electrónico está en el monitoreo de la metadata. Si mucha gente supiera lo que yo sé actualmente, evitaría leer un e-book con el wi-fi abierto. Otro factor que se debate entre libro electrónico y libro impreso es que sería más ecológico, pero es lo contrario: los dispositivos de lectura desechables crecen, y el uso de energías contaminantes aumenta también el problema del calentamiento global. El e-book podría pasar a holobook, un libro holográfico, ya bajo investigación en la corporación Microsoft que necesita golpear a sus competidores Apple y a Amazon. El e-book solo podría ser revolucionario en la medida que las licencias sean más abiertas, los dispositivos rompan la brecha digital y asuman la privacidad del lector.