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Jueves , 18.10.2018 / 21:54 Hoy

Fernando Savater. “El futuro es una cosa que tienen los demás. Yo no”

Aún convaleciente del duelo por la muerte de su esposa Sara, el filósofo español discurre sobre su nuevo libro, Contra el separatismo, y lleva a cabo una nostálgica meditación sobre la pérdida, la soledad y la vejez

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Una noche de marzo de 2015, en una de las habitaciones del Hospital Clínico de Madrid, “cuando la muerte se asomaba cada cierto tiempo vestida de enfermera para cambiar el gota a gota”, Fernando Savater veía las noticias sentado junto a la cama donde agonizaba su esposa, Sara Torres, aquejada por un tumor cerebral. La vida de ambos se iba “desvaneciendo en sufrimiento” mientras en la tele, de pronto, contaron un suceso ocurrido en Hospitalet, un municipio de la zona conurbada de Barcelona (Cataluña). “¡Mira, Hospitalet!”, gritó Sara, “con su pobre voz rota por las sondas en la garganta”, para añadir enseguida: “¡de ahí soy yo!” Ella había nacido en las islas Canarias, pero había vivido el final de su infancia y su adolescencia en ese lugar.

“Sí, era una chica de Hospitalet, una mujer íntegra y valiente de la España que no se resignaba a vivir sin libertades. Nadie la echará nunca de allí, ni a ella ni a los que son como ella, mientras yo pueda seguir luchando”, expresa el viudo Savater en su nuevo libro, Contra el separatismo (Ariel), una recopilación de artículos de opinión sobre el desafío independentista catalán. “Un panfleto, en realidad”, aclara él sin el entusiasmo que lo ha caracterizado durante casi toda su vida.

Fernando Fernández–Savater Martín, el hijo de un notario (“igual que los padres de Salvador Dalí, Julio Verne y Voltaire”), el filósofo vasco de “andares de pato mareado”, el autor de medio centenar de libros, el que recurría al sentido del humor “no solo para reír sino como una perspectiva”, el que ni las amenazas de muerte de los terroristas lo hacían decaer, ese, el que tantas veces ha recibido a Laberinto en su casa madrileña atiborrada de libros y muñequitos (dinosaurios, monstruos, criaturas extrañas de ojos saltones, superhéroes, protagonistas de series animadas de televisión como Los Simpson o de películas como Toy Story), el que un día nos enseñó su amplia y divertida colección de gafas de distintos colores, tamaños y formas como un chiquillo que enseña sus juguetes más preciados, ese, el “jubilao jubiloso” ya es otro. Es un viudo de 70 años que ya no planea escribir más libros y que ha vuelto a su pueblo natal para ver si así, cerca de las olas de la playa de La Concha de San Sebastián (País Vasco), logra sobrellevar la ausencia de su compañera y cómplice de vida.

Antes de salir rumbo a la FIL de Guadalajara (Jalisco), con las maletas ya hechas, ha pasado por Madrid y nos ha citado en un restaurante–asador ubicado en una orilla de la ciudad. “En casa, donde siempre, me sería muy difícil hablar sin derramar lágrimas”, se excusa. Viste, de la cabeza a los pies, de color azul. Clava los cubiertos en la carne y la papas con poca fuerza. Rechaza el postre y pide un café “contundente.” Por un ventanal entra un sol perezoso.

Menos su afición por la lectura y las carreras de caballos, todo en él ha disminuido. Incluso sus largas peroratas con las que solía responder a las preguntas. Entra en los temas trascendentes, diría Nietzsche, como el que se mete al agua fría. Y así, bajo ese parámetro, ha articulado, entre otras cosas, Contra el separatismo.

Los primeros que hablaron de independencia en la España contemporánea fueron los vascos, pero los catalanes se les adelantaron. ¿Por qué?

Bueno, hubo vascos que estuvieron matando gente y eso convirtió en militar lo que era un conflicto más civil. Cataluña ha hecho un conflicto civil y no militar. En el País Vasco hubo más voces en contra de la violencia que a favor de la independencia y ahora, en Cataluña, hubo un acomodo mayor de lo civil y la política.

En lo civil pero con una campaña de mentiras.

Claro, sí. Y, por desgracia, sigue siendo así. Hay muchas cosas que han estado perversamente manipuladas.

Hace poco usted abogaba por que no hubiese una mediación externa en este conflicto.

Sí. Porque temo que alguien venga a crear un conflicto con la leyes de nuestro país. Una medicación externa se justifica cuando hay un enfrentamiento entre países distintos. Pero, dentro de un mismo país, lo que hay que hacer es aplicar las leyes. Si alguien asalta un banco, no se llama a un mediador externo para que se ponga en medio de los atracadores y la policía.

¿Qué pasó con el partido político que usted fundó, UPyD (Unión, Progreso y Democracia)?

Bueno, lo fundamos varios, ¿eh? Y ahí está. Todavía sigue, sin presencia en el parlamento, pero vivo. Ahora vamos a constituir una plataforma que va a recibir a más grupos. Nosotros fuimos los primeros que empezamos a echar fuera del sistema a la corrupción con hechos concretos. Pero, desgraciadamente, al final hubo más gente que votó a los corruptos y no a los que la denunciábamos.

Mientras se recompone su partido, ¿usted apoya a Albert Rivera, el líder de Ciudadanos?

Sí señor. De lo que hay ahora es, con mucho, lo que más me convence. Lo más parecido a alguien que va por buen camino es Ciudadanos. Sus propuestas políticas son las más centradas, defiende la unidad ciudadana, lucha contra la inmersión lingüística —algo fundamental en España—, busca la igualdad en todos los campos. Es el primer partido, y ya era hora, que va a votar en contra del cupo vasco. En fin, es la propuesta que me parece más convincente.

¿No cree que Ciudadanos es la neoderecha y un partido satélite del PP que tiene la función de allanarle el camino a Mariano Rajoy?

No. Ya quisiéramos que el PP tuviera un discurso tan claro como Ciudadanos. Simplemente ha sido un partido complementario al PP en la defensa de cuestiones constitucionales. Pero el PP ha sido lento y vacilante en muchas cosas. Si hubiera seguido las indicaciones de Albert Rivera, las cosas irían mejor. Por otra parte, ser un complemento del PP no es nada malo en sí. Peor sería ser una rémora o un complemento de Podemos, ¿no?

¿Considera que la izquierda de Podemos no beneficia a España?

Es que es una izquierda, digamos, especial. Es una izquierda antisistema y eso es antidemocrático. Porque el sistema es la democracia. A ver: a lo mejor dentro de ese partido hay gente de buena fe, no digo que no. Pero, en general, tienen planteamientos que van más a recortar la democracia que a favorecerla.

Me quedo en silencio. Savater pregunta: “¿qué pasa?”

Pues, sinceramente, escucho lo que dice y me viene a la mente un verso de José Emilio Pacheco: “ya soy todo aquello/ contra lo que luché a los 20 años.”

Con ese verso yo no me identifico. Porque yo, a los 20 años, vivía en una dictadura y por supuesto luchaba contra ella. Yo quería vivir en una democracia, claro. Y ahora lucho contra los que quieren volver a imponer una dictadura. Es verdad que los enemigos de ahora son distintos a los que tenía a los 20 años, pero se parecen mucho, todo hay que decirlo. Lo que pasa es que uno evoluciona. Y el que a los 20 años no ha sido anarquista, a los 40 no tendrá energía ni para conducir un coche de bomberos. En fin, yo sigo en una lucha que, en el fondo, es bastante parecida desde mi juventud.

Este libro o “panfleto”, como usted dice, es en esencia una compilación de artículos recientes. ¿Va en serio lo de no volver a escribir un libro?

Va en serio. Intento que sea así. Esto se publica porque se me cruzó una indignación y creí necesario hacerlo. Además, la lata de volver a escribir un libro y tener que presentarlo y eso, me confirma que ya no tengo que hacer más libros. Ya está bien.

¿No hará, siquiera, una segunda parte de su autobiografía, me refiero a Mira por dónde?

Pues… si hubiera una segunda parte de mi vida, tal vez. A ver: he vivido muchas cosas, sí. Pero son tantas que yo creo que ya no las contaré.

¿Hay pérdidas que no se superan?

Bueno, eso depende de cada persona. Y de la pérdida… Yo no puedo superar la pérdida de mi mujer. Hay personas que me dicen “a mí también se me murió mi pareja y…” Ya. Pero es que a mí la vida me ha arrancado a alguien fundamental.

¿Cómo son sus días ahora en San Sebastián?

Muy tranquilitos. Como ahora casi siempre hace buen tiempo, pues me levanto, leo los periódicos y me voy a pasear por la costa y, hasta hace un par de semanas, me zambullía en el agua. Pero ahora ya está un poco fría. Luego me pongo a leer o a releer, sobre todo. Y escucho música. Y así transcurren mis días. Sin más.

Emile Cioran, que lo conoció bien, decía que usted jamás dejaría de ser optimista.

Pues… qué le vamos a hacer. Cioran también era humano y podía equivocarse. Fíjate que yo mismo llegué a creer eso. Pero… ya ves.

Ahora se va a Jalisco, a la FIL.

Sí. Tendré un encuentro con jóvenes porque la Secretaría de Educación de Jalisco me ha pedido que lo haga y, bueno, iré. Yo siempre procuro colaborar con las autoridades educativas, sobre todo de México, que quiero tanto. Ya les he dicho que ahora no estoy para dar conferencias y me han ofrecido hacer diálogos y está bien. Bueno, al final terminaré haciendo lo que me pidan.

Muchos jóvenes, en toda Iberoamérica, tienen como guía algunos de sus libros.

Sí, soy consciente de eso. Y bebo para olvidarlo [ríe]. Hay veces que pienso en eso e, inmediatamente, empino una botella de güisqui. Para olvidar que en este mundo hay alguien que me toma como guía. ¡Ay, por favor, qué barbaridad!

Su hijo, Amador, ya tiene más de 40 años. Es una edad considerable, pero usted dice que él parece mayor que usted.

Yo le veo mayor, sí. Ahora, como nos vemos menos, prefiero recordarlo de niño. Porque cuando lo veo, me parece un señor muy grande, con barba y con cosas que dice que… ¡parece que yo soy el niño!

Siempre ha dicho que no es un filósofo sino “un simple profesor de Filosofía”, pero seguramente tiene definiciones propias de algunos conceptos. Veamos: ¿qué es el amor?

El amor es tener necesidad. Cuando tú amas a alguien, no puedes estar sin esa persona. Hay amores infantiles, que nos cuidan. Después queremos a alguien para nuestra estabilidad. En fin… Pero el amor es la necesidad que nos da la vida a través de una persona.

¿Qué es la vejez?

La vejez es una humillación. Es ver que las cosas que uno creía consolidadas, que eran suyas, se van perdiendo poco a poco. Y, encima, tienes que dar las gracias por no perderlo todo. Decir: “Bueno, esto no está tan mal”. Esa es la humillación.

¿Qué es la soledad?

Uno siempre se queda solo de alguien. Yo, por ejemplo, ahora estoy solo. Tiene su lado bueno, ¿eh? Me encanta pasar días solo en mi casa, entre mis libros, cerca del mar. Pero lo malo, para mí, no es tanto la soledad, sino la ausencia. Y es verdad que, para mí, la lectura es un consuelo. Es la primera alegría de mi vida y creo que es la última que tendré.

¿Qué es el futuro?

El futuro es una cosa que tienen los demás. Yo ya no. Pero me han hablado de él muy bien. Que estará muy bien para otros, quiero decir.
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