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Lunes , 22.10.2018 / 01:00 Hoy

Fernando Rivera Calderón: El niño que jugaba con la poesía

Escritor, músico, periodista, Fernando Rivera Calderón se asume también como poeta y presenta Llegamos tarde a todo, libro publicado por Almadía


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—Cuando publicaste El diccionario de caos te dije que era una herencia para tus hijos. Ahora, creo que Llegamos tarde a todo es un regalo para ti mismo. ¿Es así?

¡Totalmente! Es un regalo para mí mismo porque es un deseo poderoso que venía reprimiendo desde hace décadas, desde que era un adolescente, cuando quería ser poeta. Admiraba a Paz, Sabines, Pacheco, Huerta, Villaurrutia, pero me parecían inalcanzables. Intenté tomar al periodismo como una práctica de vuelo pero me abdujo, me secuestró la mitad de la vida.

En el último año me quedé sin trabajo, me quedé sin casa, tuve rupturas amorosas. Estaba en una situación muy vulnerable pero, a la vez, muy emotiva. Me quería ir a la chingada y lo más cerca que la encontré no fue en el rancho del Peje, sino en la Patagonia. Cuando regresé, escribí el libro en dos meses, aunque lo llevo escribiendo los últimos 40 años de mi vida.

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—Recuerdo lo que escribías cuando tenías 18 años. Siempre has tenido la poesía en ti. No es que llegaras tarde a ella, es que te tardaste en llegar.

Tiene que ver con el respeto que tengo a los poetas que admiro. ¿Cómo escribir después de Neruda, de Borges? Es una impunidad de la literatura que después de ellos todavía tengamos la desfachatez de seguir publicando, pero creo que la respuesta está en que todos ellos no vivieron este instante. Tenemos que tomar la palabra y hablar de este momento. Evidentemente nunca me compararía con quienes admiro, pero ahora tengo algo qué decir. He encontrado el valor para ir más allá, no hablar de los hechos desde el periodismo, sino dar mi versión de los hechos.

¡Qué bueno que no me publicaron mi libro de poesía cuando tenía 18 años! Qué bueno que me cerraron las puertas en la cara, porque a pesar de que me dolió, eso me puso en el rumbo que me permitió enriquecerme profundamente para escribir esto ahora.

—Aunque en su forma son diferentes El diccionario… y Llegamos tarde a todo, en realidad tienen un hilo conductor junto con tus canciones que nos llevan a ti. A tus preguntas, conclusiones, dudas, temores.

Mi papá siempre se burla de mí, me dice: “¡Niño, sigues jugando! Deja de jugar”, pero siento que una parte de mí no creció porque le gustaba mucho hacerlo. Fui un niño solo. Las palabras, los libros, junto con la música, fueron un gran juguete en mis primeros años. Para mí la poesía es la posibilidad de seguir jugando. Las palabras no solo sirven para decir ciertas cosas; son libres, son piezas con las que uno puede divertirse, hacerlas suyas. La coartada que me permite escribir es que no todo está dicho. Vamos a intentar hablar de la realidad.

Tendemos a meter “la vida” en cajas. Ponemos en un lado a los poetas, en otro a los novelistas, en una más lejana a los músicos, pero en tu caso hablamos de un creador cuya obra no solo tiene que ver con los libros que publica, sino con lo que trae en la cabez

Para mí, la música ha sido una manera de hacer poesía más discreta. Desde que empecé a hacer canciones asumí que tenían que decir más, porque en México hacen falta letras así. Ahora que se descubrió un nuevo cráter dentro del Popo, pensé en mi canción “La hora del tiempo”, en donde digo que hay un sol detrás del sol, hay un Dios detrás de Dios. Son conceptos que vienen de mis estudios de filosofía, de pensamiento contemporáneo. Que haya un cráter dentro del cráter me parece poesía pura. La verdad de la poesía solo te es develada si quieres entrar en ella, y si yo conecto contigo, con tu corazón y tu mente, entonces vamos a llegar a una misma verdad.

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