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Fernando de la Mora. Concierto para niños de escasos recursos

El cantante y los músicos que lo acompañan donarán sus ganancias para apoyar el trasplantede médula ósea.
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Con una larga carrera en la ópera, que lo ha llevado a las grandes salas de concierto del mundo, el tenor Fernando de la Mora también es un denodado impulsor del altruismo. El 14 de noviembre a las 18:30 horas presentará Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni en la Sala Nezahualcóyotl con la Orquesta Sinfónica del Estado de México.

Tras 15 años de colaborar con la Fundación Comparte Vida, De la Mora dice en entrevista con

MILENIO que es muy importante involucrarse con quienes requieren de ayuda, “gente que por no tener recursos está destinada a morir. Hay tratamientos que son muy caros, pero pueden salvar vidas, como es el trasplante de la médula ósea, a lo que se dedica la fundación”.

Su colaboración es parte de su plan de “regresarle a la vida algo de lo mucho que me ha dado. Soy un hombre sano, pero me mueve también el hecho de recordar a mi mecenas, Manolo Arango y su fundación, quien pagó mi beca para que me fuera a estudiar hace 30 años a Nueva York, lo que me permitió acceder a ligas mayores. Este personaje me contagió”.

De la Mora dice que desde hace veinte años, luego de tener en la mano a la gente en sus conciertos, comenzó a dar mensajes de “responsabilidad cívica, de responsabilidad social. Empecé diciendo: démosle la espalda a la corrupción, démosle la mano a la civilidad. Luego me metí con los políticos, lo que fue totalmente absurdo porque no es por ahí. He llegado a la conclusión de que si queremos que las cosas cambien hay que dirigirse a cada persona y que cada persona cambie. Primero, antes de ver los defectos de los demás, escárbale un poquito en lo que tú haces”.

Para la función de la Sala Nezahualcóyotl los músicos no cobrarán, por lo que se espera recaudar un millón y medio de pesos, que pueden ser invertidos en salvar tres o cuatro vidas. “Con salvar una es suficiente, pero no debemos de parar ahí”, advierte el músico.

Amor al verismo

El tenor considera que Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni es “un obrón maravilloso, una ópera que fue parteaguas en la creación musical universal porque nos permitió entrar a una atmósfera de la verdad con el verismo, ese estilo maravilloso. Después Puccini les dice: quítense que ahí les voy y se convierte en el verdadero verista, pero su creador es Mascagni con Cavalleria rusticana. Como es una obra muy corta, al año siguiente Ruggero Leoncaballo compone Payasos y empiezan a presentarse las dos como una ópera completa porque son dos engaños amorosos y dos crímenes pasionales.

En Payasos el tenor asesina a su esposa para que le diga el nombre del amante y, cuando se lo dice, también lo mata a él en medio del público, para luego decir: ¡La commedia è finita!, refiere De la Mora. “Inmediatamente inicia Cavalleria rusticana con una serenata del tenor cantándole a la esposa de otro, o sea un cínico, un libertino. Es una historia verdadera, aunque parezca telenovela”.

Ayer ofreció la primera función en la Sala Felipe Villanueva en Toluca y el domingo 18 la llevará al Centro Cultural Mexiquense Bicentenario.

Del trabajo al gozo

El tenor que ha cantado en los grandes escenarios del mundo, considera su arte como un servicio. “Naturalmente, pero es mi oficio”, dice con una sonrisa.

“Llegué a cantar cosas que no me llenaban completamente, pero me sirvió para convertirme en una persona más responsable y ser dueño de mi oficio. Al paso de los años fui escogiendo lo que me daba gozo, lo que montaba en un nivel de existencia superior.Dejé de trabajar y empecé a gozar. Me volví mucho más activo y empecé a tener más ofertas. No sabes cómo lo agradezco”.

Tropiezo

Detrás de una gran función de ópera hay incidentes de los que el público ni se entera. Como cuando el tenor debutó en Colonia, que era su primera presentación en Europa. Entre risas recuerda que “en un salón con candiles, bajaba por una escalera preciosa como de cuatro y medio metros de alto, enorme, y al pie estaba el coro”.

El tenor estaba bien concentrado. “Por andar viendo a la soprano, con quien había tenido unos ensayos formidables, no vi el último escalón y ¡me voy de hocico! Pero un corista, un alemán como de dos metros, me puso la mano en el pecho y me enderezó mientras el público contenía la respiración. Son detalles por los que uno pasa en esta carrera”.

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