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Domingo , 27.05.2018 / 09:32 Hoy

Feliz en 2016

Ambos mundos.

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Santiago Gamboa

Presiento que mi viejo y postergado sueño de ser inmensamente feliz durante un año, solo uno, podría cumplirse al fin en 2016, siempre y cuando logre ajustar ciertas cosas. La idea no es tan complicada, cada vez que la pienso. Consiste sencillamente en hacer todo lo que me gusta hacer, de forma ordenada y sostenida, sin que ese terrible fantasma posmoderno del tedio surja en el horizonte, evitando al máximo que el tiempo de la vida sufra esa repentina desaceleración que inocula el tedio y que, en consecuencia, nos hace creer que vamos por el mundo dando tumbos, sin rumbo alguno.

He decidido, me digo, releer a los rusos. Quiero meterme de cabeza en la vida de los hermanos Karamazov y revivir el drama de Aliosha y la pregunta de Dostoievski por Dios. Todo esto me digo buscando desde ya en mi biblioteca esa vieja edición anotada de Cátedra, pero al encontrarla, ay, se hace evidente que acabo de cumplir 50 años y que esa letra tan pequeña es absolutamente ilegible para mí, así que me voy a dar una ronda por las librerías de mayor confianza y compruebo con horror que en todas Los hermanos Karamazov está agotada, y entonces me pregunto: ¿será un fenómeno de locura colectiva?, ¿se habrá puesto el mundo entero a releer justo ahora, como quiero hacer yo, las contriciones y culpas de Aliosha Karamazov?, ¿querrán todos ser tan felices como yo?

Decido entonces ser original y cambiar de título, y como tengo una edición reciente de Guerra y Paz empiezo a leerla, y ya estoy ahí, sentado en mi estudio en un cómodo sofá; mis ojos discurren placenteramente sobre las letras pero algo sucede de pronto y la conversación entre Anna Pavlovna y el príncipe Vasili empieza a difuminarse, pues un invencible ataque de sueño se apodera de mí: mis ojos se cierran como las compuertas de un submarino y a duras penas alcanzo a dejar abierto el libro sobre mi barriga mientras me recuesto en el sofá, pensando que tal vez no fue una muy buena idea empezar a leer a Tolstoi justo después del almuerzo.

Nada de esto debe pasarme en 2016 si quiero ser inmensamente feliz, como me lo he prometido, pues será el año en que leeré no solo a los rusos sino toda la obra de Proust, que ya empecé la semana pasada, en francés, a razón de 20 páginas diarias según mi plan de lectura, un plan al que ya le debo unas 140 páginas de retraso, pero en fin, pienso nivelarme en 2016, que será, como ya dije, el de mi más completa felicidad, y para eso, para prepararlo, acabo de comprar también una hermosa edición de Gredos con las tres primeras obras de Nietzsche, pues en mi año feliz quiero combinar los clásicos de la novela con la filosofía, y esto a pesar de que en mi primer intento por recordar las lecturas universitarias, con La genealogía de la moral, debí releer tres veces la primera página y no logré acabarla antes de que ya fuera hora de venir a sentarme a escribir esta columna de promesas y felicidad tanto tiempo postergadas, pero que pienso cumplir en 2016.

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