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Sábado , 26.05.2018 / 07:34 Hoy

Felicidad incómoda

Phyllis Nagy sabe extraer el contenido de la obra literaria para transformarla en acciones cinematográficas que hacen relucir la ansiedad y trastorno de los personajes femeninos.

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Jorge Gallardo de la Peña

Carol es una película digna, que está basada en El precio de la sal, la segunda novela de la escritora estadunidense Patricia Highsmith, que fue rechazada por los editores a principio de la segunda mitad del siglo XX por abordar el tema del homosexualismo femenino y que, para colmo de males, termina con un final sorprendente —incómodo para la moral de cualquier sociedad que se debate entre la hipocresía y el terror a la tolerancia—, con sonrisa de felicidad y aceptación plena.

El guion es un trabajo de espléndida manufactura: Phyllis Nagy sabe extraer el contenido de la obra literaria para transformarla en acciones cinematográficas que hacen relucir la ansiedad y trastorno de los personajes femeninos, y no podemos hacer de lado a un personaje secundario: Harge, el ex marido machista de Carol —que se la pasa sufriendo con intensidad y termina siendo patético—. En la película están latentes los elementos característicos de los protagónicos highsmithianos: desde Ripley hasta el paranoico Vic de Mar de fondo y el complejo Robbie de Gente que toca a la puerta.

Director y guionista se preocupan por hacer avanzar la historia a base de continuos golpes de efecto —otra característica en las estructuras literarias de Highsmith—, lo que la hacen eficaz porque mantiene el suspenso en un mundo agobiado por el temor de amarse.

Además de la perplejidad y el drama que nos hace pensar lo peor, no puedo dejar de mencionar el mundo narrativo que logra el filme a través de cafés, restaurantes y calles ambientadas en los años cincuenta, así como la soledad y silencios en el que están inmersos los personajes que tienen un parámetro difícil de no ver, pues parece dictado por la obra pictórica de Edward Hopper.

Sin embargo, es justo decirlo, la película tiene un pequeño problema de dirección —una piedra en el zapato en una larga caminata— en la parte fundamental, en el final: cuando termina el flashback y presentimos lo que va a suceder, el realizador alarga la escena de rigor de manera arbitraria con una fiesta insulsa que no aporta nada a la trama, cuando deseamos con verdadero entusiasmo llegar al clímax.

Aun así la primera incomodidad merece un aplauso, y el negrito en el arroz, aunque es una decisión torpe de alguien al que falta oficio, no logra echar el trabajo por la borda. El final cierra con un planteamiento como si se tratara del principio de una de las mejores novelas de la señora Highsmith: “No hay forma mejor de evasión que la de escudarse en el propio carácter, porque nadie cree en él”.

"Carol" (Gran Bretaña y Estados Unidos, 2015), dirigida por Todd Haynes, con Cate Blanchett y Rooney Mara.

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