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Martes , 21.08.2018 / 13:54 Hoy

Fecundidad dolorosa de las artes visuales

De mano de la revolución, llega para las artes plásticas una necesidad de renovación al momento que entran en crisis las ideas que dominaron el panorama visual del siglo XIX.

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De mano de la revolución, llega para las artes plásticas una necesidad de renovación al momento que entran en crisis las ideas que dominaron el panorama visual del siglo XIX.

No fue la excepción, como ha sido el devenir de los movimientos estéticos, que una tendencia se oponga a la anterior en busca de nuevos horizontes.

Por supuesto que esto no llega a capricho, existe la necesidad, a veces meramente artística, pero otras, como es el caso, acompañada del conjunto social y cultural.

Entendamos al arte como parte integrante del conjunto cultural, no como consecuencias de cuestiones sociales.

En los campos intelectual, literario y artístico, toda una serie de hechos y actividades de las nuevas generaciones desarrollaron aquella conciencia, acercándose al pueblo y tratando de renovar la visión de la cultura y de hacer conciencia de lo propio, lo auténtico.[OBJECT]

Era una actitud renovadora. El escritor Justino Fernández en su libro 'Arte moderno y contemporáneo de México', indicó que no importó que tal renovación se viese con incomprensión y recelo por algunos pues los más tuvieron fe en ella y anhelaban una patria nueva que fue revelada en su intimidad hasta cobrar conciencia plena de los valores y errores.

Era, dijo, imposible que una conmoción así no fuese acompañada de sufrimiento y aspectos vandálicos.

Sin previo acuerdo de los diferentes sectores sociales de la cultura, de la sociedad y de la política, apuntó el escritor, la renovación se realizó y en la coincidencia de sentimientos, pensamiento y acciones se probó que el movimiento era genuino y justificado.

Hasta fines del siglo XIX y un poco más, el academicismo era lo que imperaba en el arte visual mexicano, proliferaban en América las obras vinculadas a la Iglesia y a las clases pudientes, los artistas debían tener su obligado viaje al viejo continente para empaparse del arte "bueno" como referente visual y vale la aclaración, que también estuvo acompañado por el fomento estatal a través del otorgamiento de becas y estímulos, tanto económicos como en forma de reconocimiento, participación en salones y actividades oficiales.

Pero fue atendiendo a los ideales de la revolución y de la mano de artistas, que muchas veces no fueron socialmente aprobados ni aceptados de forma inmediata, inspirados por los desastres y aires renovadores de la revolución, que se crea un lenguaje que pone a México en el top de la vanguardia mundial.

El muralista José Clemente Orozco explicó la situación nacional: "La tragedia desgarraba todo a nuestro alrededor. Tropas iban por las vías férreas del matadero. Los trenes eran volados.

Se fusilaba en el atrio de la parroquia a infelices peones zapatistas que caían prisioneros de los carrancistas. Se acostumbraba a la gente a la matanza, al egoísmo más despiadado, al hartazgo de los sentidos, a la animalidad pura y sin tapujos. Las poblaciones pequeñas eran asaltadas y se cometía toda clase de excesos".

Cada quien a su modo y según haya corrido su suerte, plasmó la realidad consciente e inconsciente, que junto a la experiencia renovadora fue de lo más fecundo para el arte, los dibujos, pinturas, murales y grabados que parió la época son los documentos más formidables sobre aquellos días.

Que por otra parte, no son más que el aspecto tremendo del complejo movimiento que tuvo por origen una delicada conjunción de conciencia del país para renovar la vida, y que hoy conocemos como cultura revolucionaria.

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