El príncipe del flamenco que mató por accidente

Farruquito baila este sábado en el lunario del Auditorio Nacional; su historia es a la vez la de un bailaor excepcional y la de un joven que cometió un homicidio imprudencial. 
El sevillano participa en el V Festival Internacional de Danza Ibérica Contemporánea en Querétaro.
El sevillano participa en el V Festival Internacional de Danza Ibérica Contemporánea en Querétaro. (Especial)

Querétaro

A Farruquito no se le puede preguntar por esa noche en Sevilla en la que atropelló a un hombre y huyó del lugar de los hechos. El bailaor lo dejó muy claro después de cumplir su condena de tres años: nunca más quería volver a hablar del asunto. A Farruquito es mejor preguntarle por su abuelo Farruco, quien le enseñó el amor por la danza. O por el camino que ha recorrido en 32 años de vida para ser considerado el mejor bailaor de nuestros tiempos.

José Manuel Fernández Montoya, Farruquito, es heredero del arte flamenco más tradicional, y ahora patriarca de un clan gitano de artistas. Hijo de una bailaora -La Farruca- y un cantaor -El Moreno- quien murió de un infarto mientras actuaba en un teatro de Buenos Aires. Es sobrino del primer Farruquito, quien falleció a los 18 años en un accidente de coche. Y nieto de El Farruco, un mítico bailaor que pasó su infancia en la pobreza, viviendo bajo los puentes con su madre canastera. Y cuyo zapateao veloz -un palo flamenco conocido como Farruca- ha re bautizado a buena parte de su descendencia.

"Mi abuelo fue mi primer y único maestro. Solo estudié con él y su formación no fue solamente técnica, sino que fue una formación de vida", cuenta Farruquito en entrevista con MILENIO en el Teatro Metropolitano de Querétaro. El sevillano participa en el V Festival Internacional de Danza Ibérica Contemporánea en esa ciudad: imparte un taller de baile y presentará, el próximo 25 de julio, su espectáculo Improvisao. El mismo que ofrecerá este sábado 18 en el Lunario del Auditorio Nacional junto a cuatro cantaores, dos guitarristas y un percusionista.

Farruquito se enamoró del flamenco desde muy pequeño gracias a que se iba de gira con su abuelo. El Farruco le enseñó, entre muchas otras cosas, a mover los pies imitando el sonido de los caballos. "Él también bailó por todo el mundo, pero en su época no había la difusión que hay ahora y no fue reconocido como debería", cuenta el bailaor, quien confiesa que una de sus luchas cotidianas tiene que ver con dar a conocer la vida y obra del maestro Farruco.

Fue junto a su abuelo que el jovensísimo bailaor debutó en Nueva York, cuando sólo tenía cinco años. Cuando cumplió la mayoría de edad, el chico volvió a los escenarios neoyorquinos con un espectáculo propio que cautivó al público y a la prensa. La crítica de The New York Times, Anna Kisselgoff, dijo que su técnica y su presencia eran nada menos que sensacionales. Y que, con 18 años, ya era uno de los grandes bailaores del nuevo siglo.

El fotógrafo de moda Richard Avedon lo buscó para hacerle unas fotografías e inmortalizarlo junto a artistas como Marilyn Monroe y Humphrey Bogart. Y tiempo después, la revista People designó a Farruquito como uno de los 50 hombres más bellos del mundo.

Por esas alturas volaba el sevillano cuando atropelló en su BMW 530D a Benjamín Olalla Lebrón, un mecánico de 35 años. Conducía a exceso de velocidad, no tenía licencia ni seguro de coche, y su reacción inmediata fue escapar del lugar del siniestro. Al día siguiente, el bailaor supo por las noticias que aquel hombre había muerto y empezó a maquinar un plan para que su hermano Farruco, de entonces 15 años, asumiera la responsabilidad.

En septiembre de 2004, un año después del accidente, la investigación continuaba abierta y Farruquito seguía en libertad. Pero la gente en España ya conocía la historia. Cuando el cantante Alejandro Sanz lo invitó a bailar con él en un concierto de la Plaza de Toros de Madrid, el público lo recibió con abucheos. Finalmente, el bailaor cumplió una condena de tres años, entre enero de 2007 y enero de 2010. Saldó sus cuentas con la justicia y pasó esa terrible página.

Improvisación flamenca

Farruquito viaja con un equipo flamenco formado por cantaores, guitarristas y un percusionista con quienes ha colaborado desde hace más de dos décadas. Esta vez presentarán el espectáculo Improvisao, que según el bailaor es un homenaje a los orígenes de este arte. "La música y el baile nacen de un sentimiento que se quiere expresar y luego viene la depuración con la técnica, el tiempo y la experiencia". Cada espectáculo puede ser completamente distinto.

Al sevillano nunca le pasó por la cabeza la opción de revelarse contra este arte que corre en las venas de su familia. "Es que yo me enamoré", dice, "y cuando algo te cala tan hondo ya no puedes salir de sus redes. El flamenco es algo que cautiva y es algo maravilloso. Para mi no es sólo una profesión ni una música, es una forma de vida".