Las nuevas fantasmagorías

El genial Lewis Mumford analiza con minucia las condiciones políticas, sociales y culturales que hicieron posible el paso del Viejo Mundo europeo al Nuevo Mundo americano.
La sustitución del dinero real por el virtual ha supuesto una vuelta de tuerca.
La sustitución del dinero real por el virtual ha supuesto una vuelta de tuerca. (Benoit Tessier/Reuters)

México

En un ensayo titulado “Los orígenes de la mentalidad americana”, el genial Lewis Mumford analiza con minucia las condiciones políticas, sociales y culturales que hicieron posible el paso del Viejo Mundo europeo al Nuevo Mundo americano, y, quizá sin advertirlo del todo, de manera paralela establece algunos fundamentos que nos permiten comprender cómo se produce en términos más generales un cambio de época, puesto que incluso en los casos en que un estallido violento es lo que simboliza la transición, evidentemente jamás son cuestiones que surgen en un vacío, sino que a menudo las condiciones que hacen posible el cambio llevan incluso siglos incubándose. En un momento como el actual, en el que si bien el futuro luce escalofriantemente incierto, es difícil pensar que no nos encontramos o bien ya inmersos o bien en la antesala de una transformación profunda, el ensayo de Mumford ofrece paralelismos interesantes que quizá puedan servir como herramienta para comprender nuestro propio predicamento.

Al analizar qué fue lo que hizo posible el paso de la cultura medieval a la renacentista, que en última instancia desembocó en el pleno advenimiento de la modernidad, con Estados Unidos como la nación emblemática de los vientos de cambio, Mumford advierte que, en primer lugar, “los hombres mostraban que ya no tenían control alguno sobre sus mentes”, pues el viejo orden jerárquico religioso ya no se correspondía con las nacientes realidades económicas y sociopolíticas. Al ensancharse literalmente el mundo y sus posibilidades, siempre según Mumford, la recompensa de la vida eterna perdió parte de su brillo, pues las posibilidades por explorar de la vida terrenal aparecían cada vez más atractivas. Con el advenimiento del paradigma científico, industrial, y el dinero como medida y fuente de valor de la propia existencia, estaban dadas las condiciones para una sociedad que se fundamentara en “fantasmagorías” distintas de las que habían fundamentado el orden social durante siglos.

En nuestra actualidad, más allá de los cada vez más frecuentes estallidos de violencia sistémica que parecen recorrer buena parte del mundo, existe también una sensación, que se constata de manera muy clara en ese espacio que continúa avanzando hacia la sustitución de la vida como tal, las redes sociales, que el estado base general es de una cierta enajenación y exaltación, como si la posibilidad de opinar en público sobre cualquier suceso hubiera aparecido a cambio de renunciar a la razón y la mesura, a la capacidad de considerar matices y no precipitarse de inmediato hacia el primer adjetivo que o bien denigre a lo que percibo como mis adversarios, o bien potencie la imagen ideal de uno mismo que decidimos proyectar a través de nuestro alter ego virtual. Y la sustitución del dinero real por el dinero también virtual, que con solo apretar una tecla puede poner a temblar a naciones enteras, también ha supuesto una vuelta de tuerca adicional, pues no es lo mismo una sociedad basada en la industria que una basada principalmente en la especulación.

Habrá que ver hacia dónde se dirigen nuestras fracturadas sociedades, pero si algo deja claro la lectura de Mumford es que probablemente tenemos todos los elementos para que se produzca un cambio de paradigma, y probablemente institucional, de una escala tan grande como la que ha ocurrido en otros momentos específicos del discurrir humano.