Falsa perversión

La perversidad —esa “cualidad” de corromper costumbres— se vuelve aburrida a tal grado que causa risa y nos hace tomar distancia.
¡Ayuden a esta mujer a que se levante para que pase algo sustancioso en la historia!
¡Ayuden a esta mujer a que se levante para que pase algo sustancioso en la historia! (Especial)

México

Después de Una relación perversa, uno podría decir sin ambages que la perversión no es mala sino aburrida; Donato Alfonso Francisco diría, sin respeto alguno: “¡No mamen!”.

La perversión no radica en que una actriz como Isabelle Huppert —resulta imposible hablar del personaje— pretenda actuar como una enferma con el cuerpo semiparalizado sacudiendo la mano frenéticamente como si tuviera una castañuela, y que, de repente, por arte de magia, decida entablar una relación supuestamente enfermiza con un delincuente que arbitrariamente entrevistan en la televisión.

Puede afirmarse que si la enfermedad del personaje no existiera, no modificaría para nada el blandengue argumento, pues se trata más de un capricho de autora que de un comportamiento de carácter; por eso los acontecimientos, uno tras otro, se vuelven inútiles, falsos, sacados de la manga, sin sustento ni motivación dramática. La enfermedad de Maud es un pretexto huero que carece de fuerza aunque la actuación esté entregada a una ejecución de la epilepsia que se transforma en un pésimo baile flamenco.

La perversidad —esa “cualidad” de corromper costumbres— se vuelve aburrida a tal grado que causa risa y nos hace tomar distancia, sobre todo por el absurdo capricho, sacado de la manga, de la protagonista por entablar relación con Vilko, un Pinocho que desde su presentación es ridículo, sobre todo porque la autora nos advierte que es el malo; llega el momento que no sabemos quién merece más compasión: si Maud por su falsa temblorina que se vuelve inverosímil, o Vilko por su absurda, inoperante y acartonada maldad.

¡Claro! Los hechos, dice la autora, son autobiográficos; es un pretexto que se ha convertido en cliché para esconder las faltas dramáticas de un guion mal construido desde su premisa, por eso la realización resulta blandengue y se pierde en tomas largas que muestran al personaje sufriendo porque quiere levantarse del suelo, eso da como resultado la aburrición. Entonces suplicamos que se acabe.

¡Ayuden a esta mujer a que se levante para que pase algo sustancioso en la historia! ¡Ayuden a la autora a no pensar en grandes actrices y fotógrafos! ¡Ayúdenla para que primero se aplaste en la mesa a investigar y escribir conductas de personajes verdaderos, que se distingan, sin pretexto, por su comportamiento real para involucrarnos, sin que nos importe que nazcan de la inmensidad del hipotálamo! Esa es la única manera en que el histrión puede sentir que lo que está haciendo no es algo perversamente falso.

"Una relación perversa" (Francia, Bélgica y Alemania 2013), dirigida por Catherine Breillat, con Isabelle Huppert y Kool Shen.