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Viernes , 20.07.2018 / 19:24 Hoy

Falleció Guillermo Arriaga, baluarte de la danza mexicana

“Yo no tengo miedo de morir, pero sí me daría un chingo de coraje morirme y no poder ver los volcanes desde mi ventana”, afirmó en una entrevista.


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Jesús Alejo Santiago

La danza es un instinto primario de nuestra especie como medio de comunicación a través
de nuestro cuerpo”. Así definía Guillermo Arriaga Fernández al arte que fue parte de su vida durante más de seis décadas. El bailarín, director y coreógrafo falleció ayer, a causa de una neumonía, a los 87 años de edad.

El presidente del Conaculta, Rafael Tovar y de Teresa, lamentó el deceso del artista a través de su cuenta de Twitter: “Un fundador de la danza mexicana contemporánea. Su obra Zapata fue aplaudida en escenarios nacionales e internacionales por su dramatismo y militancia”.

La muerte del fundador de los ballets Mexicano y Popular de México y del Centro Nacional
de Investigación, Documentación e Información para la Danza José Limón, ocurrió en su casa en la Ciudad de México, informó Bernardo González, su apoderado legal. Su cuerpo fue velado en la agencia García López Casa Pedregal.

PASIÓN POR LA DANZA

“Yo tenía como 15 años cuando la mamá de un amigo nos invitó al ballet que se presentaba en Bellas Artes, y curiosamente ahí despertó mi deseo por la danza, viendo Sílfides. En ese momento supe que yo quería ser bailarín”.

De esa manera recordaba Arriaga el inicio de su pasión por la danza. Nacido en la Ciudad de México en 1926, se formó al lado de bailarines como Ana Mérida, Anna Sokolow, José Limón y Guillermina Bravo.

Miembro del Ballet de Bellas Artes del INBA como coreógrafo, maestro y bailarín, fue fundador del Ballet Mexicano y, junto con Alejandro Jodorowsky, creador del primer grupo de mimos mexicanos.

Considerado parte de la “época de oro de la danza mexicana”, Arriaga creó al menos 300 obras cortas para televisión, y más de 60 piezas
para grupos folclóricos; como bailarín interpretó más de 100 obras.

Entre los reconocimiento que obtuvo se encuentran las siguientes medallas: de Oro, otorgada por el presidente Adolfo López Mateos en 1963; Una vida en la danza, del INBA, en 1990, y la Miguel Covarrubias, que recibió en julio pasado. Los premios más destacados que recibió fueron el Guillermina Bravo, en 1995; el Nacional de Danza José Limón, en 1996, y el Nacional de Ciencias y Artes, en 1999.

En una entrevista concedida a la Dirección de Difusión del INBA, dijo que se incluía en tres etapas de la danza: “Primero le entré al grupo de los plumíferos, todo mundo usaba plumas; en los noventa vienen los hidráulicos, todo mundo llenaba los escenarios con agua. Y ahora son los epilépticos. Yo le entré hasta al huarachazo. Por eso los clásicos no me quieren: dicen que soy contemporáneo, y los contemporáneos no me quieren: dicen que soy clásico. ¡Quién los entiende!”.

ADIÓS A UN MAESTRO

Magnolia Flores, directora del Ballet Independiente Raúl Flores Canelo, dijo que lo conoció y lo trató en la “época de oro de la danza mexicana”: “En ese momento, hace muchas décadas, coincidíamos todos los bailarines y coreógrafos porque México era muy pequeño”.

Claudia Lavista, directora de la compañía Delfos, comentó que su legado es importante porque fue una voz precisa sobre esta disciplina; sabía de muchos temas, era culto, estaba cercano a las viejas y nuevas generaciones y, como Guillermina Bravo, fue un faro en el panorama de la danza nacional, comentó.

Cecilia Lugo, directora de Contempodanza, dijo que su obra completa superó a su Zapata. “Fue un hombre que se vinculó a gente de primer nivel. Él y muchos
otros de su generación nos abrieron una brecha para los que hoy transitamos en medio de la danza”.

Adriana Malvido, biógrafa y sobrina de Arriaga, coincidió con en que Zapata fue su mejor obra: “Fue su mejor pieza, porque actualmente sigue vigente, y agrupaciones como la Compañía Nacional de Danza la tienen integrada a su repertorio”.

“Tener un tío como él me marcó la vida. Fue el único hermano de mi madre, parecía su hermano siamés. Se la vivía en nuestra casa. Nos llevaba música, danza, toda su sensibilidad. Su casa estaba llena de cultura en todos los niveles. Siempre hacía canciones y escribía cuentos; vivir con alguien así era muy estimulante”, agregó la también colaboradora de MILENIO.

“Al final de la biografía Zapata sin bigote. Andanzas de Guillermo Arriaga, el bailarín, que hice, él decía una frase: ‘Yo no tengo miedo de morir, pero si me daría un chingo de coraje morirme y no poder ver los volcanes desde mi ventana’”, finalizó Malvido.

HISTORIA DE UNA COREOGRAFÍA

-Guillermo Arriaga le había comentado su idea de hacer Zapata a Miguel Covarrubias, y este le pidió que lo descartara: “¿Cómo le va a entrar a hacer un Zapata con dos gentes? Está loco, olvídese”.

Junto a Rocío Sagaón se empeñó en concretar la coreografía, hasta que tuvo la oportunidad de mostrársela a Miguel Covarrubias: “Nomás véalo, y si es una porquería pues rompemos todo y no pasa nada. Miguel se sentó, nos vio y al final se le salieron las lágrimas. ‘Guillermo, me dijo, estaba yo equivocado’”.

Zapata fue estrenada el 10 de agosto de 1953 en Bucarest, Rumania. Tras hacer una gira por los países socialistas de Europa, la compañía volvió a México en barco. En el camino paró en Cuba; fue detenida por la policía y trasladada al Campo Columbia, los ficharon y acusaron de comunistas. Un periodista pudo avisar al encargado de negocios de la Embajada de México en Cuba. Horas después fueron liberados.

En México fue presentada el 31 de octubre de 1953, en Guanajuato, y el 10 de noviembre en el Palacio de Bellas Artes.

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