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Jueves , 21.06.2018 / 14:15 Hoy

Fábulas de Nochebuena: Cumpleaños

Cuento navideño de Iliana Vargas, autora de 'Joni Munn y otras alteraciones del psicosoma'

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Iliana Vargas

Presentamos relatos en los que la Navidad rompe las líneas temporales, enfrenta a los personajes con sus fracasos, deja que el asombro se renueve con los milagros y presagia la llegada de un invitado excepcional.


Oye, Lina, ¿ya preparaste tu maleta? Si no tomas ese bus mañana, tendrás que esperar seis meses para que pase de nuevo por aquí.

—¿Otra vez con la misma necedad? A ver, Matías, explícame: me subo, ¿y luego? ¿A quién voy a buscar? ¿Quién me espera en Arica? ¿Qué voy a hacer entre tanta gente? No; no voy a tomar ese camión, ni mañana, ni dentro de seis meses.

—¿Y entonces piensas quedarte hasta que la piel se te seque, como a todos nosotros? ¿Hasta que la voz te suene a arena? ¿Hasta que se te olvide cómo son los colores de la tierra viva?

—No seas tan dramático, Matías; tampoco es que estemos perdidos en pleno desierto. Huacachina es un oasis, por si no te habías dado cuenta. Estoy bien aquí, me gusta esta vida; me gusta ayudarte a ti y a los otros. Si un día me fastidio, ya sabré qué hacer. Pero no me obligues a irme, como me obligaron de donde vengo.

—Bien. Si estás tan segura, olvida que lo mencioné y entonces hazme un favor: ve a buscar la cabra que le encargué a Rosina y las frutas y verduras que habrá traído Sebas. Oí que llegaron de Ica esta madrugada, y apenas nos dará tiempo de macerar la carne para la cena de mañana.

—Matías… sabes que las celebraciones tampoco me hacen feliz… Además, no hay nada más ajeno a este clima que la Navidad.

—Mira, muchacha: a lo mejor soy el único en este pueblo que recuerda la Navidad, pero también recuerdo que hace tres años entraste asustada, hambrienta e insolada por esa puerta. Que hayas sobrevivido entonces, y que quieras quedarte, es suficiente motivo de alegría para mí.

Con esa respuesta, a Lina no le quedó más opción que sonreírle a Matías e ir en busca de sus encargos. Al día siguiente, Matías estuvo invitando a todos los vecinos que se encontraba en el camino rumbo al pozo, pero solo acudieron tres, entusiasmados porque cenarían algo distinto a lo acostumbrado. Lina había conseguido un poco de pisco y algunas cervezas, así que cuando llegó la hora del postre, todos se sentían bastante animados y empezaron a bailar. Sin embargo, un ruido blanco empezó a filtrarse entre la música, y cuando decidieron apagar la radio y poner un disco, notaron que alguien estaba tocando la puerta. Supusieron que Sebas o Rosina se habían animado a pasar, pero cuando abrieron, encontraron a un desconocido cuyo atuendo no era nada apto para el desierto. Lo primero que Lina pensó, por experiencia propia, fue que quizá había sufrido un accidente.

—Hola… ¿Te pasó algo? ¿Necesitas ayuda?

—¡Jífffrautik, zublákar! / [¡Hola, ya llegué!]

—¿Perdón? ¿No hablas español? ¿De dónde eres?

—¡Izmílaba! Ustralasmita nesbarra 2058, krákimur decibens nesqüa / [¡Soy yo! Hoy es mi cumpleaños 2058 y me dieron permiso de venir a celebrar la mayoría de edad]

—¿2058? Sí, estamos en ese año, pero…

—Espera, Lina, se me hace conocido —intervino Matías, quien dejó la copita con pisco en la mesa, y se metió a su cuarto.

—¿Cómo vas a reconocerlo si apenas puedes ver, Matías?

—¡Ñaku! ¡Gretzuka meskri! / [¡Oh! ¡Mírame bien, tú también me conoces!]

—Disculpa, pero no entendemos nada de lo que dices. Pasa, si quieres, y mañana vemos si alguien puede llevarte a Ica, la ciudad más cercana.

El desconocido aceptó, extrañado de que ella dijera que no lo entendía. Observó los restos en la mesa; lo sobrio del ambiente; la seriedad de los invitados, y algo decepcionado, les dijo:

—Traúpis sertrika… ¿Pulfra akra nuzu? Nétrica solipnesis gráte nuska… ¿Ackrasi trujme Ome Agri nére? / [Veo que ya terminaron de cenar… ¿No me esperaban? Yo pedí una fiesta en el oasis y esto no lo parece… ¿Se habrán equivocado en la Central Divina al enviarme aquí?]

Todos se quedaron mirando entre sí al no comprender las palabras, al notar la expresión en el rostro del desconocido. Lo único que se oía era el abrir y cerrar de cajones en el cuarto de Matías, quien al fin salió apresurado, con algo en la mano.

—¡Lo sabía, lo sabía! —gritaba, mientras agitaba y mostraba a todos un cartoncillo viejísimo.

—¿Qué es eso, Matías, qué sabías?

—¡Es él, Lina, es él, es Jesús, el de los cromos! ¡Mira, miren!

La imagen era antigua y decolorada, pero los rasgos, aunque estilizados, coincidían.

—¡Oooooh! —exclamaron todos al unísono.

El desconocido sonrió y se acercó. Nunca había visto una representación humana de sí mismo, pues los habitantes de la Dimensión Divina eran figuras etéreas y abstractas.

—¿Izmílaba? / [¿Soy yo?]

—¡Eres tú! —le gritaron en coro.

Miraba la imagen y palpaba su rostro al mismo tiempo, reconociéndose, cuando un estruendo de vociferaciones parecía surgir de la tierra. El desconocido empezó a sacudirse frenéticamente hasta convertirse en flama viva y luego en un montón de ceniza.

—¡Nooo! ¡Doppelgänger! —exclamó uno de los invitados.

Sucedió tan rápido y todos estaban tan estupefactos, que lo único que se le ocurrió hacer a Lina fue tomar la escoba y juntar el polvo antes de que se esparciera. Los vecinos limpiaron la mesa y se despidieron balbuceando un buenas noches, gracias por todo, hasta mañana. Matías, anonadado, solo supo responderles ¡Feliz Navidad!


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Iliana Vargas (Ciudad de México, 1978) es autora de Joni Munn y otras alteraciones del psicosoma, Magnetofónica y Habitantes del aire caníbal.


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