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Sábado , 23.06.2018 / 10:52 Hoy

“Expresar belleza y comunicar sentido”, funciones de Aznar

El músico argentino afirma que en su obra predomina el rock y la música de raíz latinoamericana, con algunos toques de jazz.

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Xavier Quirarte

Pedro Aznar es un referente del rock argentino, tanto por su desempeño en la banda Serú Girán —que congregaba también a Charly García, David Lebón y Óscar Moro—, como por su carrera solista. Bajista, guitarrista, cantante, compositor, productor, arreglista y poeta, también logró el reconocimiento en la escena internacional del jazz al trabajar en el grupo de Pat Metheny.

Situado entre estos dos mundos, Aznar no olvida las raíces de la música latinoamericana y también las incorpora en su discurso, como se podrá apreciar en sus presentaciones en el Lunario del Auditorio Nacional los días 4 y 6 de noviembre. En su universo creativo también figura su trabajo como autor de música para películas, además de que, junto con Marcelo Peleretti, cuenta con una marca de vinos que, como si fuera una declaración de principios, se llama Abremundos.

Hacia fines de los años setenta Serú Girán fue un laboratorio generador de propuestas musicales que hicieron historia cuando el ambiente político en Argentina era adverso, recuerda el músico en entrevista. "Eran los días de la dictadura y cualquiera que emitiera una opinión contraria al régimen exponía su seguridad y su vida. Eran tiempos muy riesgosos".

Para burlar esta censura, los músicos de Serú Girán recurrían a las metáforas, explica su bajista. "Dentro de nuestras canciones poníamos mensajes —como si fueran mensajes dentro de una botella— que queríamos que pasaran inadvertidos para la censura, pero que llegaran a la gente. Creo que eso se consiguió: el público lo advirtió y lo atesoró porque sintió que era un mensaje directo de corazón a corazón, que era un mensaje codificado para atravesar las líneas enemigas, por así decirlo".

Tan fuerte era el régimen de terror en Argentina, que cuando Pedro se fue a Boston para estudiar en el Berklee College of Music en 1982, al llegar a Estados Unidos lo primero que tuvo que vencer fue el miedo a ver de frente a los policías, entre otras cosas. "Recuerdo que pasaba frente a ellos y los miraba a los ojos, como una manera de desafío personal, como una forma de ejercitar el perderles el miedo, porque en Argentina vivía aterrorizado".

Además, Berklee lo puso en contacto con estudiantes de música de todo el mundo, aunque apenas un año después de comenzar a estudiar ya estaba en el grupo de Pat Metheny. "Conocí a Pat en un festival de jazz en Río de Janeiro en 1980. Haciendo breve una historia larga: yo le regalé un caset con música que había grabado en mi estudio casero, le gustó mucho y meses después se comunicó conmigo. A fines de mi primer año en Berklee ya nos habíamos hecho amigos, lo mismo que de Lyle Mayes y Danny Gotlieb, su pianista y baterista respectivamente. Invité a los tres a grabar dos canciones mías para el disco Contemplación y la sesión fue tan espontánea, nos entendimos tan bien, que yo creo que fue lo que decidió a Pat a convocarme para su grupo".

Después de varias grabaciones y tres o cuatro años de viajar por todo el mundo con el grupo de Metheny, Aznar sintió la necesidad de regresar a Argentina para desarrollar su carrera como líder. Lo que predomina en discos como Contemplación, Parte de volar, Mudras-Canciones de a dos y Quebrado, dice, "es el rock y la música de raíz latinoamericana. Hay algunos toques de jazz, tal vez en el tratamiento de la armonía y los conceptos de improvisación, pero no es una estética de jazz de fondo. El rock es más predominante y la música de raíz también".

Tanto temas de la vida cotidiana como la crítica social conviven en sus canciones y sus poemas, asegura. "Las temáticas son un poco las mismas, siempre que hablemos de canción de autor con una fuerte dosis de individualidad, no de las más industriales, las más comerciales, porque esas repiten siempre una fórmula alrededor de lo romántico de una manera trillada y repetitiva. Mis canciones y poemas hablan no solo del amor y de lo social, sino también de la muerte, de la angustia, de la traición, de la pérdida, de los sueños, de las pesadillas, de las esperanzas, de la justicia, de la libertad..."

Pedro Aznar, que visitó México por primera vez hace tres décadas, cuando produjo el disco Babel de Santa Sabina, se asume como "un comunicador de mi visión del tiempo que me toca vivir". Por ello considera como sus funciones "expresar belleza y comunicar sentido. Esas son las tres principales fuerzas.

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