ENTREVISTA | POR EMILIANO BALERINI CASAL

El Museo Universitario de Arte Contemporáneo presenta libros, revistas, fotografías, videos, periódicos y una línea de tiempo sobre el trabajo artístico en esa década en Corea del Sur, Japón y Taiwán.

Exposición en el MUAC: Arte y política en los años sesenta en Asia

Ciudad de México

Si bien es una exposición pequeña, Gran Creciente: Arte y agitación en los años 60: Corea del Sur, Japón y Taiwán —inaugurada el 30 de enero en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)—, permite ver algo de lo que hacían y pensaban los artistas de estos tres países asiáticos, inconformes con la situación en sus naciones durante una de las décadas política y socialmente más convulsas.

La exhibición se presentará hasta el 29 de mayo en Arkheia —el área del museo dedicada a la documentación—, y está conformada por más de 100 piezas que incluyen fotografía, video, libros, revistas, periódicos de pequeño formato y una línea de tiempo que explica el contexto histórico de la época. El proyecto los integraron más de 20 artistas, entre los que se encuentran Yoko Ono Chang Chao-Tang, Choi Boong-hyun, Chuang Ling, Hi Red Center, Huang Huacheng, Jeong Gang-ja, Kang Guk-jin, Leung Chi Wo y Zero Dimension.

La muestra se concibió para presentarse en espacios dedicados al documento como objeto de arte. De ahí que Arkheia fuera el lugar ideal para exhibirla, pues es un sitio diseñado ex profeso para resguardar la biblioteca y el acervo documental del MUAC.

En entrevista con DominicalMILENIO, Marco Antonio Morales, curador adjunto de la exposición, habla sobre este proyecto, el quehacer artístico en los años sesenta en esos tres países, la importancia del documento como arte, y lo que representa para el recinto universitario haber traído una exhibición así desde el Museo Mori, de Japón.

¿Cómo surgió la idea de hacer esta exposición?

La posibilidad de presentarla en México se debió a que el curador en jefe del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), Cuauhtémoc Medina, la vio en el Museo Mori, de Japón. Tiene que ver con dos cosas fundamentalmente. Por un lado, con el hecho de que al MUAC le interesan las exhibiciones de carácter documental. Ha habido un camino de muestras vinculadas al documento como concepto y están directamente relacionadas con el espacio que existe en el museo para este tipo de trabajos, llamado Arkheia, que más allá de una biblioteca es un lugar de documentación. Arkheia ha sido depositaria de varios archivos de artistas y ha habido un interés permanente de hacer una investigación y exposiciones de esos acervos, que tienen que ver con la historia del arte, ciertas genealogías y aspectos relevantes de los artistas, relacionado con su quehacer diario en el país. Por otro lado, a pesar de la distancia geográfica hay aspectos del arte de Japón, Corea del Sur y Taiwán que tiene resonancias no solo con lo sucedido en México en una década de revueltas y cierta intensidad, sino con una forma de entender la actividad artística.

¿Cómo está organizada la muestra?

Está divida por países. Más que por núcleos temáticos, la exposición decidimos presentarla de manera geográfica y temporal. Hay más de 20 artistas y 100 piezas. La línea de tiempo es la que nos ayudó a organizar la exposición. Al caminar por las mesas dispuestas para presentar este trabajo se pueden leer las cédulas y lo que se aprecia en ellas es una línea temporal trazada. Los curadores y museógrafos decidieron que estos elementos fueran los más relevantes. En Taiwán, por ejemplo, se resaltó lo que tenía que ver con el teatro. La exhibición empieza por ahí. Hay registro de algunas obras de teatro, en revista. Lo que sí hay en común entre los tres países, es que en cada uno está presente el arte de la acción, la acción del cuerpo, la ocupación del cuerpo.

Habla de las resonancias artísticas que hay entre México y esos países durante los años sesenta. ¿A qué cree que se deban?

Existían contextos similares de intolerancia y represión. En el caso de Japón, que es el país más estudiado de los tres y con mayores referencias, existían una serie de movimientos y manifestaciones de carácter perimetral y crítico, que tenía distensiones con lo que pasaba en Taiwán y Corea del Sur. Taiwán es diferente. Es la primera vez que esta investigación sale de ese país. Hay una serie de trabajos que no se habían exhibido nunca, y en lo referente a Corea del Sur es un punto intermedio. Sobre México hay muchos estudios al respecto. Incluso se platicó sobre la relevancia de poder añadir ciertos elementos que existían, pero en realidad es algo que no añadía para el tipo de investigación que se estaba haciendo.

Hace un momento habló de las diferencias entre el arte de estos países. ¿Podría profundizar un poco más sobre el tema?

En realidad a lo que me refería es a que la exposición es resultado de una serie de diálogos entre el curador en jefe del Museo Mori, de Japón, y el director del Centro de Arte Contemporáneo Para Site, de Hong Kong, con investigadores que están haciendo trabajos nuevos, que tienen que ver con una especie de arqueología sobre lo que estaba aconteciendo en los años sesenta. Los tres segmentos tienen que ver con el arte de la acción. En el caso de Taiwán, con el teatro, que ha cobrado cierta relevancia con el arte contemporáneo. En lo que se refiere a Corea del Sur sigue habiendo una relación con el cuerpo y el performance, además del vínculo existente de las distintas manifestaciones artísticas con el cine y el video. Y en el caso de Japón, con los movimientos y manifestaciones de carácter perimetral y crítico.

¿Ustedes encontraron algún tipo de relación entre el arte que se hacía en esa época en Corea del Sur y Corea del Norte?

Los años sesenta eran momentos de mucha tensión, pero no habían escalado a lo que se conoce actualmente. No había tantas fracturas y distanciamientos. Había vínculos y resonancias.

¿Qué tan vigente es hoy para los jóvenes, que están más pendientes de la inmediatez de las redes sociales, una exposición que habla de los años sesenta?

Es vigente en el sentido de que ante circunstancias adversas siempre existe la posibilidad de la manifestación y la crítica. En nuestro caso, en la actualidad hay una mayor apertura y más elementos para expresarse. Hay posibilidades de hacerlo ante circunstancias muy adversas a partir de medios que uno tiene a la mano. Si en aquella época, en la que la tecnología era mucho menos sofisticada que ahora, ya se podían hacer grabaciones en película y en foto, en la actualidad con cualquier teléfono se puede difundir lo que sea. No todo mundo tiene acceso a las redes y a la tecnología, pero sí es mucho más sencillo. Eso es evidente ante la cantidad de videos que hay posteados en internet.

¿Qué tan relevante es que la documentación, ya sea fotográfica, en video, hemerográfica o bibliográfica, se convierta en un objeto de arte?

Sin duda eso es muy importante. En esta exposición el equipo curatorial lo dejó muy claro. Ha habido una especie de investigación casi arqueológica para la exhibición. En su momento, los años sesenta, estos documentos no tenían un valor artístico, pero al permitir que se hicieran estudios historiográficos del arte, se construyera una narrativa y que hubiera un acercamiento y una sensibilidad a distintas disciplinas, por medio de mecanismos y medios que habían sido vistos desde otras perspectivas lejanas a las de un museo, se fue transformando esta visión. Un elemento adicional en esta exposición es la importancia del tiempo. Existe una línea de tiempo, un contexto histórico y una especie de eje cartesiano, que por un lado presenta una línea temporal y por otro muestra el camino que tomó cada uno de los países, de manera que las personas pueden tener información relevante en términos del contexto histórico sobre lo que pasaba en la región, y después elementos artísticos ubicados en este contexto de evidencias sobre ciertas narrativas.

¿Por qué cree que el documento se ha convertido en un objeto de arte?

Tiene que ver con que hay manifestaciones artísticas que están relacionadas con lo efímero, y que ante esta característica el documento ocupa esa impronta. La fotografía y el video, por ejemplo, se han convertido en una forma de registrar una acción, lo que para una audiencia que no estuvo en su momento, representa que se puedan vincular de alguna forma con la manifestación, pensamiento y crítica de un artista. El documento empieza a tener un carácter distinto: de un solo registro, de una especie de memoria y de una pieza artística. Muchas exposiciones presentan el registro de una acción y el video.

¿Después de presentarse en el MUAC, la exposición viajará a otro museo?

Esta muestra fue concebida por el Palace Site, de Hong Kong, para que no fuera itinerante. Eso tuvo mucho que ver con que la exposición se presente en espacios de museos que tuvieran que ver con lugares afines a las necesidades documentales de la exhibición. Pero, claro, está abierta a presentarse en otros lugares.