La explosión social

La hora del lobo.
La baja en las reservas se debió a la compra de dólares por parte del gobierno y la subata de dólares
(Especial )

Ciudad de México

En aquel país la situación era gravísima:

de un momento a otro podía estallar una

revolución que los revolucionarios no

querían o una contrarrevolución que los

contrarrevolucionarios no se esperaban.

—Leonardo Sciascia, Negro sobre negro


—Yo no tengo ninguna fascinación por la mafia —dice el profesor Leonardo Gibert, de la Universidad de Cucurpe.

Sus alumnos del seminario de Delito Comparado lo escuchan muy atentos.

—El crimen organizado es, en el fondo, un fenómeno de relación con el poder establecido —continúa el que también trabajó como investigador privado en Tijuana muchas años atrás—. No hay crimen organizado que no sea una colusión entre delincuentes, policías y militares, es decir: entre criminales y representantes del Estado. Entonces eso es lo que me ha interesado: las relaciones de poder entre política y delito. Eso es lo que está sucediendo. No se sabe si es una sublevación, una subversión, una guerra civil o un desafío de inspiración política. No parece que quiera tomar el poder de los criollos.

—La vigilancia del lavado de dinero en México ha sido una simulación muy bien montada —dice Mario Aldaco, de Bacoachi. En realidad la Universidad de Cucurpe es una universidad con ruedas: todas las mañanas sus autobuses recogen a los muchachos de las inmediaciones: de Cumpas, Nacozari, Huépac, Banamichi, Moctezuma, y los regresan en la tarde a sus pueblos.

—Sí, y en muchos otros países. En Inglaterra hay una cultura bancaria en la que no se ve mal legalizar el dinero de la economía criminal, como vimos el año pasado con el caso del HSBC. No hay que olvidar que en el yo histórico de los ingleses está la piratería.

—El crimen a lo largo de la historia ha sido consustancial al poder —responde el profesor Gibert—. Pero volvamos: en los últimos años en México ha aumentado el poder financiero informal del narcotráfico y su influencia en las campañas políticas presidenciales, y esto ha venido a alterar los indicadores económicos. El gobierno no sabe muy bien cuál es su situación económica porque no puede medirla, porque el dinero en efectivo proviene de la economía criminal que se ha fundido en la legal. Ese flujo es el que, de manera informal, clandestina, en las casas de cambio de la Zona Rosa y en los bancos transnacionales, como el HSBC, facilita mucho la inversión de dinero ilegal. Hace que prolifere la erección de edificios, sobre todo en las playas: Puerto Vallarta, Cancún, Los Cabos, la costa de Baja California, y en el Paseo de la Reforma. Le da trabajo a miles de albañiles que de otra manera estarían desempleados en la calle tomando refrescos y jugando una cascarita.

—Pero hay una Comisión de “inteligencia” financiera.

—Justamente, para taparle el ojo al macho. En Estados Unidos el lavado se hace sobre todo en la banca comercial y en la industria. Hay una relación muy perversa entre los gobiernos de México y Estados Unidos respecto al narcotráfico. En el fondo, lo condonan mucho porque la derrama de dinero negro aliviana mucho las tensiones sociales y la falta de empleo. Hay como un consenso entre los países fuertes, Inglaterra, Francia, Alemania, Japón, Rusia, en el sentido de que no hay ningún problema si el dinero criminal se funde en la economía legal. Es probable que ya no se pueda prescindir de ese dinero. Además es un negocio muy lucrativo en el que solo hay sangre en el trasiego, pero no en el lavado, que es incruento.

Éste es el contexto del estallido social.