400 expertos para más de medio millón con alzhéimer

Pese a lo que marcan las cifras oficiales, se tienen reportado hasta el doble de casos y la tendencia es que se incrementará hasta cinco veces para 2050.
Un grupo de jóvenes apoya a las personas que sufren el padecimiento con terapía física.
Un grupo de jóvenes apoya a las personas que sufren el padecimiento con terapía física. (Juan Carlos Bautista)

México

Cada recuerdo de su pasado se borra a la velocidad en la que mueren sus neuronas; se olvidan del lenguaje, de los nombres de sus familiares, los rumbos por los que solían caminar y hasta para qué sirve un utensilio común como la cuchara, e incluso llegan a grados de discapacidad extrema y mortal como desconectarse de su cuerpo.

El alzhéimer, trastorno neurodegenerativo, progresivo, irreversible, incurable y mortal, afecta a más de medio millón de mexicanos, aunque existen cifras del Instituto Nacional de Neurología que reportan hasta el doble; a la emergencia se suma la tendencia de que se incrementará cinco veces para 2050 y, lo grave es que solo existen 400 cuidadores, geriatras y personal de salud certificado para atender a esta población.

Alejandro García Acosta, director general del Centro de Día Secuoya, explicó que en México hay pocas instituciones públicas y privadas que reciben y atienden de manera integral a las personas que cursan esta “enfermedad devastadora”, como fue denominada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya que también afecta a los familiares.

De hecho, son lugares clandestinos, que abren y cierran, por lo que se carece de un control, aun cuando la OMS reportó que el alzhéimer afecta a uno de cada 10 adultos mayores de 60 años y que en México tiene una incidencia de 30 casos por cada mil personas por año.

Si bien en México el IMSS y el Issste han implementado programas de atención y detección oportuna, la realidad es que la mayor parte de los familiares batallan para encontrar un lugar donde el paciente pueda ser atendido con dignidad y no sean arrumbados como muebles o, en el mejor de los casos, en cama.

Centro de día Secuoya

Hace cuatro años surgió el Centro de Día Secuoya, que recibe a alrededor de 40 personas en diferentes etapas de alzhéimer (desde leves hasta avanzadas, sin llegar a casos crónicos), a efecto de retrasar el deterioro físico y cognitivo mediante todo un plan de tratamiento.

Un grupo de jóvenes reciben a los pacientes y, de inmediato, les otorgan terapia física individual y luego grupal, además de efectuar actividades de ubicación de tiempo (fechas) y espacio, de recordatorio del abecedario; también, se les ofrecen talleres de pintura, dibujo, baile y hasta pláticas de historia del arte.

“Son tres niveles de la enfermedad: la leve es cuando se presentan pequeños olvidos que muchos familiares consideran normales de la edad, pero que reconsideran cuando, en algunos casos, salen de su hogar y se olvidan hacia dónde iban o cómo regresar a su casa.

“La enfermedad evoluciona cuando se les olvida para qué sirve el jabón o, bien, dejan la llave del gas o del agua abierta, lo cual es sumamente delicado. La tercera etapa se da cuando pierden toda la voluntad y son totalmente dependientes para comer y movilizarse; muchos terminan de manera muy triste sus días postrados en su cama y fuera de la realidad por las complicaciones que se presentan durante el proceso”, explicó García Acosta.

Destacó que lo grave del padecimiento son las crisis que suelen presentarse, cuando desconocen a sus familiares y por lógica entran en ataques de pánico que les resulta difícil de contener, por lo que muchos parientes optan por el abandono, por dejarlos en lugares que carecen de higiene y de cuidados adecuados, y existe hasta maltrato.

Las historias

Entre los usuarios del Secuoya —un centro que no está al alcance de todos, dado que se invierten alrededor de 6 mil pesos mensuales— se encuentra Lichita, una mujer elegante, de 95 años, quien aún conserva su sonrisa, pero olvidó por completo el lenguaje.

También se encuentra Avelino, de 73 años, un  jubilado. Se trata de uno de los usuarios más participativos y activos; sus olvidos son mínimos en cuanto a fechas, lugares y abecedarios; saluda a todos como si fueran viejos camaradas; sin embargo ignora que tiene la enfermedad.

“Vengo por recomendación de mi médico, él me sugirió que por mi corazón viniera aquí”.

Otra de las historias es la de Rosa Isela, quien tiene 70 años. Ella trabajó como maestra y hace unos meses sufrió la pérdida de su esposo y a eso atribuye su paso por el centro. “Lloraba mucho y mi hijo me trajo a este lugar donde estoy muy contenta”. La profesora confunde sus dibujos con los de sus compañeras, aún cree que se dedica al hogar y es despistada con el año en el que vive.

En el centro hay otro espacio destinado a los pacientes con alzhéimer más avanzado. Ellos son trasladados con ayuda porque ya no siguen indicaciones y también por su edad. En su mirada ya no se refleja nada, solo están ahí a la espera de que pase por la tarde un familiar y de que la medicina avance más en el conocimiento de ese padecimiento, que sigue siendo toda una incógnita para la ciencia.