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Martes , 19.06.2018 / 17:34 Hoy

Eusebio Ruvalcaba: 10 razones para justificar tu cursilería

En "El arte de la cursilería", el escritor tapatío plasmó algunas frases poderosas que vale la pena rescatar este Día de San Valentín.


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Milenio Digital

El escritor Eusebio Ruvalcaba murió el 7 de febrero de 2017, a los 66 años. Para conmemorar un año de su muerte y el Día de San Valentín, presentamos diez frases sobre la cursilería, tomadas de su ensayo “El arte de la cursilería”, publicado el 16 de febrero de 2014 en su blog personal.

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1) Se dice que la cursilería es la belleza fallida; es decir, la belleza a la que todos aspiramos.

2) Todos los hombres somos cursis delante de las mujeres que viven apoltronadas ante el tsunami del amor. A la espera de la noche memorable.

3) Nada hay más cursi que un hombre esperando que la mujer traspase el umbral de su casa y le diga que sí. Provocan que el varón doble las manitas —como el escritor ante el elogio.

4) Pocas cosas tan alejadas del amor y tan cerca de la cursilería como los poemas de amor.

5) La cursilería es una nube que envuelve en su vapor al hombre que desea y a la mujer deseada. La aureola de la adoración no les permite distinguir sus límites. Se reirían de sí mismos si pudieran contemplarse sin la investidura del ridículo.

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6) La cursilería pone palabras melosas en la boca, cuando lo que se pretende decir es hiriente. Porque la inteligencia acaso se sirve de todas las artimañas.

7) La cursilería es la línea limítrofe entre lo insoportable y lo apenas aguantable. Una frontera que no cualquiera se decide a cruzar, o que cuando se cruza sobreviene en arrepentimiento; desde antes de cruzarla.

8) Todos los piropos son cursis. Así como los cumplidos dirigidos a una mujer intentan no serlo; para su mala fortuna terminan untados de miel.

9) En la calle se suele distinguir a los cursis por su modo de comportarse. Anuncian grandes catástrofes cuando le ceden el paso a una mujer.

10) Hay una etapa en la vida de todo escritor en que sin darse cuenta pondera la cursilería como una gracia. Porque la cursilería se deja acariciar como un gracioso cachorrito; hasta que entierra las uñas. Cuando ya es demasiado tarde en la vida de ese hombre de letras.


AG

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