Ética del trabajo

Los arquitectos no debemos ejercer nuestra profesión con ningún otro objetivo que la construcción y el mejoramiento de los espacios habitables.
El proyecto arquitectónico debe ser una prestación de seguridad social.
El proyecto arquitectónico debe ser una prestación de seguridad social. (Especial)

México

En arquitectura no existe nada parecido al juramento hipocrático que rige la ética de la medicina. Sería interesante hacer jurar a los arquitectos recién graduados el respeto absoluto a sus maestros, la enseñanza desinteresada de sus conocimientos y el ejercicio de su profesión con inocencia y pureza.

Los arquitectos no debemos ejercer nuestra profesión con ningún otro objetivo que la construcción y el mejoramiento de los espacios habitables. Jamás deberíamos rechazar un encargo por considerar que no está a nuestra altura. Deberíamos comportarnos de modo profesional sin importar quién nos contrate, ni la dimensión e importancia de la obra que nos encargue. Toda la gente debería tener acceso a los servicios de un arquitecto; como en los casos de médicos y abogados, deberían existir “arquitectos de oficio”, pagados por el Estado para atender a quienes necesitan una casa pero no se encuentran en posibilidades de contratar a uno.

Mi propuesta para el año que comienza este domingo es que el proyecto arquitectónico se convierta en una prestación de la seguridad social. Todos los días se gradúan en México cientos de arquitectos que el mercado laboral no puede absorber. La mayoría de ellos terminan por dedicarse a alguna otra actividad no relacionada con sus estudios. Al mismo tiempo, diariamente se están construyendo miles de casas en las periferias de las ciudades y en los pueblos apartados, que no pasan por las manos de ningún profesionista y que ponen en riesgo la seguridad de sus habitantes y los marginan de la calidad de los espacios arquitectónicos diseñados por profesionales.

La mayoría de mis colegas están interesados principalmente en trabajos lucrativos y que les reporten prestigio profesional. Fuera del servicio social que se exige prestar durante los estudios universitarios, son realmente pocos los arquitectos que se dedican a proyectos legítimamente sociales. Existen algunas organizaciones como Inhabitat, Selavip, Techo y Arquitectos sin Fronteras, que llevan a cabo proyectos de cooperación con un alcance limitado.

Es más frecuente ver casos de artistas que lleven a cabo proyectos de inserción social. En el norte del país destacan las iniciativas artísticas de grupos como Torolab y Tercerunquinto, cuyos integrantes se han involucrado en mecanismos de implicación con clases desfavorecidas en zonas marginadas de Tijuana y Monterrey, respectivamente. Muchas veces sus proyectos siguen metodologías de participación ciudadana que podrían ser aplicables a la arquitectura. También los antropólogos sociales y algunos fotógrafos han realizado estudios profundos de las comunidades marginadas a lo largo de la frontera norte, pero no han sido tomados en serio ni por las facultades ni por los gremios de arquitectos e ingenieros.