Contra la estupidez

Es una labor minuciosa ir descubriendo cada una de las metáforas que utiliza el autor para referirse a la lectura.
"El viajero, la torre y la larva". Alberto  Manguel. Fondo de Cultura Económica. México, 2014.
"El viajero, la torre y la larva". Alberto Manguel. Fondo de Cultura Económica. México, 2014. (Especial)

México

El tema de este libro como otros títulos de Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) es la lectura. Considera que somos, en esencia, animales lectores y que el arte de la lectura, en su sentido más amplio, nos define como especie. Alguna vez George Steiner dijo que Manguel era un “Casanova de la lectura”.

Aunque el título de este volumen parece más bien una novela de ciencia ficción, en realidad es un ensayo ameno, entrañable para quienes aprecian que los seres humanos somos criaturas lectoras. “Leer para vivir”, decía Flaubert, en una carta a su amiga mademoiselle de Chantepie.

Es una labor minuciosa ir descubriendo cada una de las metáforas que utiliza el autor para referirse a la lectura. Inicia con la idea tomada de las Confesiones de San Agustín, quien define el acto de leer como un “viaje por el texto que se lee, que clama para la provincia de la memoria el territorio explorado, mientras, en el proceso, el paisaje inexplorado frente a nosotros disminuye gradualmente y se convierte en territorio conocido”.

Luego toca el turno de la torre de marfil, ese lugar idílico en donde se imagina al escritor-lector en su biblioteca, “el único refugio para una persona sana que busca escapar de la estupidez del mundo”, reflexiona Manguel. No obstante, en la época de Shakespeare la torre de marfil (aún no recibía nombre), solía ser motivo de burla porque era considerada un refugio para cobardes. Siglos después, el acérrimo crítico literario, Sainte-Beuve, la invocó para alabar el oficio poético. En este apartado, el autor recuerda que Kafka escribió: “Toda persona lleva un cuarto en su interior”, habitación propia que Montaigne y Virginia Woolf exteriorizaron.

Y, finalmente, la larva está relacionada con la polilla come libros, con la visión del lector devorador de páginas. Toma de Sebastián Brant la idea de que “el necio de los libros es, entre otras cosas, el lector omnívoro que confunde la acumulación de libros con la adquisición de conocimiento y quien termina por convencerse de que los hechos que se narran entre las cubiertas suceden en el mundo real”. En 1892, el caricaturista Jean Ignace Isidore Gérard, conocido como Grandville, publica una imagen de un lector envuelto en hojas de libros, maniatado, “absorto en las palabras de la página que ninguna otra cosa pareciera existir para él”. En su universo: “la carne se ha convertido en palabras”. A partir de dicha imagen también puede traducirse una visión un tanto idílica: la del lector convertido en lava porque tarde o temprano saldrá de ahí una mariposa, acaso con ímpetu de seguir explorando el mundo.