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Viernes , 25.05.2018 / 03:17 Hoy

Espíritu de la censura, lejos de haber muerto: Coetzee

Esa mentalidad “parece estar totalmente arraigada en nosotros; sus objetivos son lo único que ha cambiado”, asegura el Nobel.

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Jesús Alejo Santiago

En 2002, J. M. Coetzee salió de Sudáfrica con rumbo a Australia, donde se encontró con una realidad muy diferente a la que había vivido hasta entonces, sobre todo por los apoyos a la creación: "Durante casi toda mi vida viví junto a un gobierno cuya única intervención en la vida de los escritores consistía en obstaculizar la práctica de su trabajo.

"En Sudáfrica nos sentíamos muy afortunados si el Estado ni siquiera nos volteaba a ver, ni tenía el menor interés en nosotros", evocó el premio Nobel de Literatura 2003 al dictar una conferencia magistral como parte del Coloquio Filosofía y crítica social en la obra de John Maxwell Coetzee, organizado por la Universidad Iberoamericana.

Bajo el título de "Contra la censura", Coetzee aseguró que las nuevas generaciones podrían reírse de los regímenes arcaicos de censura usados en el pasado, "sin embargo, el espíritu de la censura está muy lejos de haber muerto.

"En el pasado el censor enfrentaba el deber de purgar las enfermedades de la pornografía de los cuerpos de la sociedad misma; hoy es la pedofilia la que se debe rastrear y destruir. En el pasado, las voces del republicanismo, del comunismo y otras voces eran las que se tenían que suprimir... Hoy son las voces de esa filosofía política peculiar conocida como el terrorismo. La mentalidad de censura parece estar totalmente arraigada en nosotros; sus objetivos son lo único que ha cambiado".

Luego de haber sido condecorado con el doctorado honoris causa por parte de universidades del Sistema Universitario Jesuita el mediodía del martes, Coetzee reconoció que durante la Sudáfrica del apartheid existía la censura, pero de alguna manera recibió un tratamiento especial por tres razones: "Una, porque era un blanco de la Sudáfrica afrikáner, aunque no era de sangre pura; la segunda, porque venía de la misma clase y estrato social que ellos, la clase media sudafricana, y tres, debido a que no era un escritor popular, mis libros no eran para lectores masivos".

La autocensura

En su intervención dictada en el auditorio José Sánchez Villaseñor, de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, el escritor también reflexionó en torno a la autocensura, lo que puede suceder en cualquiera.

"Lo que he encontrado intolerable como escritor al trabajar en un régimen de censura no es que los libros que escribí se proscribieran, sino que era imposible ignorar al censor y, por lo tanto, escribir —por así decirlo— normalmente: el censor siempre estaba en el cuarto, atrás de mi hombro y uno tenía que leer la página que había escrito dos veces: primero a través de mis propios ojos y luego a través de los del censor".

Aun cuando se ha transformado su relación con el censor, ya no lo ve solo como el enemigo sino como una figura conflictuada, compleja, odiada por las personas y siempre tras bambalinas: "Siente que está ayudando a la gente y nadie lo entiende". El escritor habló de la "la histeria sobre la pedofilia que reina en el mundo anglosajón", cuyo efecto más corrosivo es que ya no se puede escribir sobre niños, "crear imágenes de niños, sin leer dos veces la página".

"¿Qué puedo decir sobre los sistemas de vigilancia que hemos creado para vigilar la pedofilia? Esas relaciones de afecto entre adultos y niños, ahora son tan difíciles, son imposibles, a menos que se quiera pagar un costo muy alto", dijo Coetzee.

En el coloquio también participó Robert Pippin, estudioso de la obra del Nobel, además de que fue presentado el libro colectivo Las encrucijadas de J.M. Coetzee. Miradas filosóficas de un creador literario.

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