El espectro /I

Canal 22 nos regaló la función de "El hombre sin rostro", de Juan Bustillo Oro
Ver a Arturo de Córdova, un agasajo.
Ver a Arturo de Córdova, un agasajo. (Especial)

México

El domingo pasado, Canal 22 nos regaló la función de una película mexicana que, al menos yo, no conocía: El hombre sin rostro, de Juan Bustillo Oro. Aparte de sorprender por lo contemporáneo del tema y por la época en que se realizó —1950—, es un agasajo ver a Arturo de Córdova interpretando a Juan Carlos Lozano, médico frustrado que se ha vuelto investigador policiaco y que ha resuelto casos complicados, pero que ahora se topa con pared al intentar descubrir y atrapar a un asesino de prostitutas.

La secuencia que abre la película es magistral: un sueño, la entrada al inconsciente, un asomo a los abismos del alma humana; inmediatamente estamos inmersos en el delirio y en la locura. La atmósfera expresionista —Bustillo Oro admite que el expresionismo lo influyó sobremanera—, con un toque de caligarismo —sinónimo de escenarios fabricados para representar la mente del personaje—, muestra los arbotantes retorcidos que avisan que estamos ante una personalidad escindida por la esquizofrenia.

En la segunda secuencia vemos un auto a gran velocidad que es detenido por un agente de tránsito; éste pide la licencia al conductor y se da cuenta de que es Eugenio Britel, jefe de policía —en la mejor actuación que he visto de Miguel Ángel Ferriz—; el agente advierte que sería mejor no ir tan rápido y lo deja ir. La toma dura lo suficiente para darnos cuenta de que algo fuerte acaba de suceder a Eugenio. Llega a casa, en el estudio da un trago de coñac, saca una pistola que deja en el escritorio, se sienta y se pone a escribir; en ese momento tenemos la libertad de conjeturar y pensamos que Eugenio va a suicidarse. Pero la voz en off de Eugenio nos engancha aún más, pues nos informa que acaba de matar a un hombre y que empieza a escribir su declaración. Lo que sigue es un flashback.

En esta conspicua secuencia está presente el recurso narrativo al que me referí la semana pasada: entrar tarde y salir temprano. No sabemos de dónde viene Eugenio ni qué hizo; sin embargo, lo vemos desencajado, alterado, y nos atrevemos a pensar que va a suicidarse. Cuando empieza a escribir la historia, es decir a contárnosla, sale temprano de la escena. Es un ejemplo aleccionador del buen uso del ABC.

El hombre sin rostro es un thriller psicológico, precursor de Psicosis, de Hitchcok, y anterior por nueve años a Norman Bates. Aquí vemos cómo una madre puede convertirse en un ser monstruoso cuando recurre al chantaje y a la manipulación para convertir a su hijo en un espectro.


“El hombre sin rostro” (México, 1950), dirigida por Juan Bustillo Oro, con Arturo de Córdova y Miguel Ángel Ferriz.