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Lunes , 15.10.2018 / 10:18 Hoy

Especialistas piden control psiquiátrico para pilotos

Encargados de seguridad en la aviación promueven la medida tras el informe del accidente de Germanwings en los Alpes franceses, que confirma que el copiloto tenía problemas mentales.

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Los expertos de la aviación civil francesa recomendaron ayer reforzar el control médico de los pilotos en su informe final sobre la catástrofe de Germanwings, que provocó 150 muertos en marzo de 2015 en los Alpes franceses.

El informe, hecho público en conferencia de prensa en Le Bourget, cerca de París, confirma definitivamente que el piloto alemán del aparato, Andreas Lubitz, que padecía problemas psiquiátricos, estrelló voluntariamente el avión.

Esta catástrofe había suscitado inéditos interrogantes en materia de seguridad aérea.

El informe de la Oficina de Investigación y Análisis para la Seguridad de Aviación Civil (BEA, por sus siglas en francés) emite recomendaciones “para efectuar un análisis regular sobre las incapacidades de vuelo, en particular por problemas psicológicos o psiquiátricos”.

“Los principios del secreto médico deberían ser levantados para que los médicos puedan transmitir algunas informaciones a las autoridades competentes cuando piensen que hay un peligro en el corto plazo”, declaró el director de la BEA, Rémi Jouty.

Cambios

La Agencia europea de seguridad aérea (EASA) ya recomendó, de forma provisional, la presencia permanente de dos personas en la cabina de pilotos durante el vuelo.

La BEA aboga, asimismo, por la adopción de “normas claras para saber cuándo es necesario romper el secreto médico”.

La BEA destacó en el informe que Lubitz empezó a mostrar síntomas consistentes con un episodio depresivo psicótico en diciembre de 2014 y había consultado a varios médicos en los siguientes meses, ninguno de los cuales alertó a las autoridades aeronáuticas o a su empleador.

El 24 de marzo de 2015, Andreas Lubitz aprovechó la ausencia del piloto para encerrarse en la cabina e iniciar un descenso del Airbus. El avión, que transportaba a 144 pasajeros y seis miembros de la tripulación, se estrelló 10 minutos después en el sur de los Alpes franceses.

En su informe preliminar, en mayo de 2015, la BEA había confirmado que Lubitz “programó intencionadamente el piloto automático para hacer descender el avión hasta que se produjo la colisión”.

Las cajas negras del avión permitieron establecer que el copiloto había rehusado abrir la puerta de la cabina pese a las reiteradas demandas del resto de la tripulación y “los golpes a la puerta”.

El informe médico de Andreas Lubitz demostró que este alemán de 28 años padecía depresión, pero las “restricciones especiales” que se le imponían no le impedían pilotar un avión de pasajeros.

El sindicato alemán de pilotos consideró que las sugerencias de los expertos franceses son “equilibradas” y defendió que sean implementadas en su totalidad.

Sin embargo, el principal sindicato francés señaló que levantar el secreto médico no serviría mucho, por lo que pidió que haya un “mejor seguimiento” clínico, con la condición de que no sea con un carácter “punitivo”.

El caso en España y EU

En España una asociación de víctimas pidió cambios legislativos para salvaguardar la seguridad aérea.

“Creemos que con este informe queda acreditado que el sistema que hasta ahora estaba en funcionamiento ha fallado enormemente, las instituciones públicas y privadas tienen la obligación de velar por la seguridad de todos nosotros y en este caso se evidencia que no ha sido así”, afirmó un comunicado de la Asociación de Afectados del Vuelo GWI 9525.

“Apelamos a las instituciones públicas que nos representan a hacer los cambios legislativos necesarios para salvaguardar nuestra seguridad, no se puede primar la privacidad de un individuo en perjuicio de la seguridad global”, señaló el comunicado, hecho público poco después de conocerse el informe final de las autoridades francesas.

Christof Wellens, un abogado de familiares de las víctimas —entre ellas 72 alemanas y 50 españolas— anunció a principios de marzo que quiere interponer una querella en Estados Unidos contra una escuela de pilotaje de Lufthansa cerca de Phoenix (Arizona), donde fue formado Andreas Lubitz.

“Es ahí donde el copiloto interrumpió un tiempo su formación de piloto debido a problemas psiquiátricos. Nunca debieron admitirlo otra vez”, comentó Wellens.

Los abogados de los familiares, que consideran demasiado baja la indemnización propuesta por Lufthansa (25 mil euros por víctima, además de una primera ayuda de 50 mil euros), han amenazado con demandar a la empresa en Estados Unidos, donde las reparaciones financieras son potencialmente mucho más elevadas.

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