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Domingo , 16.12.2018 / 21:51 Hoy

España… ¿cervantina?

Café Madrid.

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En la sala de exposiciones de la Biblioteca Nacional de España se puede ver durante estos días un puñado de objetos referentes a Miguel de Cervantes Saavedra. Hay libros, esculturas, grabados, óleos y hasta autógrafos del autor de El Quijote. Se trata del primer gran acto de la conmemoración de los 400 años de la muerte del escritor y por eso la inauguración corrió a cargo de los reyes Felipe y Letizia (aquí la gente no cree en los Reyes Magos, pero en estos sí).

El Instituto Cervantes y la Real Academia de la Lengua Española (con las arcas medio vacías) llevan varios meses enfrascados en un rifirrafe por llevarse los festejos a su respectivo terreno. Pero en este país, afectado por la crisis económica y ahora, además, por la crisis política, ya que después de las elecciones de diciembre pasado todavía no se ha constituido un nuevo gobierno (el sistema parlamentario exige formar mayoría en torno a un candidato y aún no hay acuerdo), el autor más famoso de nuestro idioma no es una prioridad. Mientras Inglaterra ya tiene en marcha un intenso programa de actividades en torno a William Shakespeare (este año también se cumplen 400 años de su muerte), España no ha logrado articular algo sólido para revisar la vida y obra de su máxima figura literaria durante este año (y ya estamos en el tercer mes). No fue tampoco prioritario encontrar los restos mortales del también autor de Novelas ejemplares. Costó enfrentarse a la indiferencia y a la burocracia de las autoridades para buscar en las entrañas del Convento de las Trinitarias. No obstante, a manera de consolación, es grato darse cuenta de que la Biblioteca Nacional conserva en buen estado varios documentos que permiten al público contemporáneo aproximarse más al escritor citado por todos y leído por unos cuantos.

La exposición está distribuida bajo tres aristas: el hombre, el personaje y el mito. Al hombre lo descubrimos a través de los documentos que avalan su existencia (empezando por su acta de nacimiento y concluyendo con su acta de defunción, no sin antes pasar por papeles que avalan su paso por Argel, Lepanto, Italia, Lisboa, Andalucía, Madrid). Al personaje lo vemos en cuadros, grabados y textos sobre su obra. Y el mito está en las esculturas y bocetos de monumentos, fotografías de obras de teatro y fragmentos de películas.

Cuenta José Manuel Lucía Megías, el comisario de la muestra (aquí no dicen “curador”), que cuando le encargaron organizar todo esto se propuso “animar el conocimiento sobre Cervantes y sobre todo su lectura, para descubrir en sus libros ese ánimo por construir una sociedad más justa e igualitaria”. Bueno, por el momento sus buenas y solemnes intenciones están siendo correspondidas. Durante el primer fin de semana de su apertura, la exposición recibió a más de 5 mil personas (según datos oficiales). Los medios de información se han sumado (con timidez) para recordar al personaje y las librerías ofrecen en sus aparadores nuevas ediciones del Quijote (comentadas, ilustradas, para niños…). Pero cuando uno le pregunta a cualquier adolescente sobre Cervantes o sobre su obra más célebre, hay una respuesta que se repite una y otra vez: “¿Cervantes? ¿El Quijote? ¡Ah, el puto loco que confundía los molinos de viento con gigantes!” Nada más.

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