Los escultores de madera, entre la necesidad y el ego

“Talladores no somos (…) Tenemos años en esto y un buen prestigio. No es estudiado, no vengo de la Academia de San Carlos”: Jesús Orduña.
Prefiere las raíces de árbol y de ahí ve cuál forma sirve para realizar sus obras.
Prefiere las raíces de árbol y de ahí ve cuál forma sirve para realizar sus obras. (Jorge Carballo)

México

En una simple raíz de árbol, Jesús Orduña visualiza un águila, la cabeza de un toro o una estampida de caballos. En realidad es el único que las ve, pero no está loco: solo sigue la creatividad que lo guía. “Talladores no somos, somos escultores. Tenemos años en esto y un buen prestigio. No es estudiado, no vengo de la Academia de San Carlos”, dice con ironía a sus 55 años.

Don Jesús es de la tercera generación de una familia queretana que trabaja la madera; prueba de ello es la cabeza de león que está junto a él, feroz, con la nariz fruncida, los colmillos de fuera y la melena alborotada, listo para atacar a su presa. Mide un metro de alto por otro de ancho. Y como ésta hay dos más: un rinoceronte que luce su cuerno largo y un águila de gran pico.

Como buen escultor, Orduña es hábil para meterse a buscar entre troncos y raíces de árbol a los que mira detenidamente para vaticinar “de aquí sale esto, me sirve para aquello”. Usa de todo tipo, excepto aquellos que son verdes. Y los compra con la autoridad local que cortó árboles para abrir brechas, caminos, carreteras y comunidades. “Las raíces no son nada baratas, porque no son tablas, pero esas son las formas que buscamos”, dice.

Ya con el tronco adecuado (en forma y tamaño) el escultor trabaja en equipo junto a Efraín, Ricardo y Nicolás, quienes también esculpen y tallan con cuchillas y mazo.

De ser necesario también usan matapolilla, diésel, gasolina, agua o thinner para dar mantenimiento a la madera. “Estoy contra el uso de resina y poliuretano porque no hay necesidad de parchar. A la madera solo hay que respetarla”.

La historia

“No es cierto que queramos hacer esto aunque nacimos dentro de lo que es la madera. De niño yo prefería andar corriendo y jugar en las huertas, fui a la escuela pero la verdad no entré. Mi papá me corrigió con lo que ahorita se llama psicólogo, pero antes se llamaba varita de membrillo”, recuerda con gracia.

En realidad, acepta que su gusto por trabajar con este material nace de la necesidad por tener dinero propio.

 “Empiezas haciendo caballos que parecen perros, perros que no parecen nada… Si el trabajo es de gratis, lijas hasta que quede un palo. Pero si te pagan empiezas a fijarte en los movimientos para lijar bien porque, si no, pierdes todo.”

Baúles, biombos, sillas y mesas lo aburren. No encuentra chiste en calcar, cortar y pegar figuras geométricas. Por eso lo suyo, lo suyo —precisa— son las figuras de animales, por encima de las humanas. “Está muy bien el águila, pero si tuviera los ojos así o las plumas bien definidas, se me hace que sí te la pagaba más cara. O si me haces una mejor yo te pago un poco más”, le dijeron los primeros clientes por allí de los años ochenta. Entonces Jesús Orduña les tomó la palabra y sus trabajos mejoraron. Luego el ego se fue para arriba.

 “Si trabajas con manos y cabeza sacas cosas en serie. Pero cuando usas corazón y manos, el corazón te va diciendo la forma que debe tener la madera”. Y para trabajarla habla de su secreto. “Si no sabes tratar a una mujer, entonces no sabes tratar a la madera, porque tiene movimiento; si la agarras a golpes se astilla o amuelas la herramienta. Si tiene un hueco, un agujero, algunos gusanos o lo que sea, puedes aprovecharlos porque eso es lo que luce”.

El resultado final —una gran escultura de madera— es un esfuerzo colectivo que ha sido reconocido por su propia clientela. Como aquella cabeza de un toro de lidia, que esculpieron y tallaron por encargo del alcalde Francisco Domínguez, quien a su vez se la obsequió al ex presidente Felipe Calderón.

“¡Me gusta mi trabajo! Porque cuántas veces ha pasado que por muy bien remunerado que sea un trabajo, la gente va como si los trajeran viviendo a güevo. Nosotros nos procuramos como familia y eso es lo que más satisfacción me ha dado”.