La escuela oaxaqueña de pintura no existe: Rubén Leyva

Dentro de su taller pasa entre ocho y seis horas diarias. "Nací para esto", dice. Tan reacio a los bocetos como a la existencia de una Escuela oaxaqueña de pintura, el artista ha creado un estilo ...
Ruben Leyva
Ruben Leyva (MILENIO Dominical )

México

"Si alguien sufre con la pintura que se dedique a otra cosa", asegura Rubén Leyva. Dentro de su taller pasa entre ocho y seis horas diarias. "Nací para esto", dice. Tan reacio a los bocetos como a la existencia de una Escuela oaxaqueña de pintura, el artista ha creado un estilo propio del que se ofrece una muestra en el libro El desconfigurador, con texto de Miguel Ángel Muñoz.

¿La pintura se le dio desde pequeño?

Crecí rodeado de telares y tejidos. A los 10 años empecé a manejar la acuarela y los prismacolors. Lo más importante para un artista es el entorno porque fabrica un carácter.

¿Con qué artistas conectó en un principio?

Me interesaban los paisajes de Jesús Helguera y ciertas cosas del muralismo. Sin embargo, desde chavo le di la razón a José Luis Cuevas.

Conectó sin problemas con La Ruptura...

Desde luego, la Generación de la Ruptura fue muy importante. No niego la trascendencia de los muralistas pero no coincido con sus posturas. Entre ellos mi favorito es Orozco, para mí es el ícono del muralismo.

¿Siqueiros?

Cuando hablo de Siqueiros me gana la postura política y es cuando se me cae todo. Siempre quise separarlo pero no puedo.

¿Lo mismo le sucede con Rivera?

No, él se me hace "el bonito", siempre rodeado de mujeres. Desde luego tiene cuadros extraordinarios pero la forma en que vendió el nacionalismo no me gusta. Mi trabajo tiene una carga revolucionaria en su soporte y forma, no en otra cosa. La creatividad debe ser revolucionaria más allá de tu postura social.

¿Con qué colegas comparte su trabajo?

Ese es un prototipo que rige a mucha gente pero en mi caso estoy tan seguro de lo que hago que prefiero no compartirlo. Hoy día sí puedo ser espectador de mi propia obra.

Pero eso lo habrá aprendido con el tiempo...

La verdad es que desde chavo soy así. A mi taller llega poca gente.

¿A qué atribuye esa seguridad?

No me interesa encontrar el motivo ni tampoco intelectualizar esa parte, prefiero dejarla así. Simplemente lo hago y ya. Me encanta ver el cuadro en blanco y seducirlo porque sé que en media hora tendrá algo. Me encanta esperar ese momento, es incluso siniestro.

¿Qué es la Escuela oaxaqueña de pintura?

La actividad cultural en Oaxaca es muy basta, todo el tiempo hay algo. Sin embargo eso de la Escuela oaxaqueña es una ocurrencia producto de la pereza mental. En realidad no existe, Toledo no tiene nada que ver con Zárate o conmigo, y eso que somos buenos amigos. Entiendo que Andrés Henestrosa lo quiso intelectualizar, pero insisto, no existe.

¿Se trabaja mejor contento?

Hay una parte muy lúdica en mi trabajo pero me ha tocado estar muy encabronado y hacer unos cuadros extraordinarios.

¿Y triste?

Casi no trabajo triste, no existe en mí esa parte, menos hoy. Puedo estar pensativo pero no suelo ser una persona depresiva; prefiero actuar rápido antes que la tristeza me avasalle.

Es un hombre práctico...

Claro. Mi parte sentimental funciona con procesos muy rápidos. No creo ni en la inspiración.

Alguna vez dijo que era 90 por ciento trabajo y 10 talento...

Hoy corrijo. Soy 50 por ciento por ciento talento y ciento por ciento trabajo, ¿tengo derecho a reconsiderar y repensar?

¿En dónde radica el talento?

En una práctica cotidiana. Puedes traer talento pero a través del oficio lo desarrollas y descubres. Eso es lo que aporta la seguridad y cuando eres seguro te atreves a cambiar las cosas. 

RECUADRO

Nació en Oaxaca, en 1953. Ha expuesto en Galería Gruppe 13 en Alemania, en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, en la Academia Europea de las Artes en Londres y en la sede de la Organización de las Naciones Unidas. En 1985 obtuvo el Primer Premio de Artes Plásticas Ciudad de Oaxaca.