“Mi escuela es la calle”: Jon Lee Anderson

“Intento dar a los lectores material para que tomen su propio criterio, que puede distar del mío”, comenta a MILENIO el periodista estadunidense.
Siempre mantiene una mirada más hacia la vida cotidiana, a las pequeñas historias.
Siempre mantiene una mirada más hacia la vida cotidiana, a las pequeñas historias. (Juan Pablo Zamora/Cuartoscuro)

México

Hay quienes lo llaman “el heredero de Kapuscinski”, pero Jon Lee Anderson, más que pensar en las etiquetas, se esfuerza por mantener la curiosidad acerca del mundo que le ha tocado vivir: más de 35 años de carrera le han dado la sensibilidad para tratar de contarlo.

“Hoy estoy más seguro de mí mismo y de las cosas que creo están correctas o no; estoy más dispuesto a decir lo que me da la gana sin pelos en la lengua. Aunque mi escuela es la calle, vengo de una escuela de periodismo imparcial; al menos eso es lo que me inculcaron, y me doy cuenta de que después de un tiempo hay que decir las cosas como son. En mis crónicas intento ser más o menos imparcial, dejo en claro cómo me siento, pero intento dar a los lectores material para que tomen su propio criterio, que puede distar del mío”.

En la actualidad profesor de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, autor de títulos como La caída de Bagdad, Che Guevara. Una vida revolucionaria y El dictador, los demonios y otras crónicas, el periodista estadunidense se convirtió en un especialista en temas latinoamericanos, sin por ello hacer a un lado lo que sucede en otras partes del mundo, como sucede en su más reciente libro: Crónicas de un país que ya no existe. Libia, de Gadafi al colapso (Sexto Piso/UANL, 2015).

“Los periodistas que escriben crónicas intentan ser historiadores del presente, hasta cierto punto. Se han convertido en nuevos referentes a los tradicionales. La crónica tiene la ambición de ser una historia del presente, intenta ir un poco más allá que informar sobre el día a día, a veces con mayor o menor éxito”, explica Anderson, quien al mismo tiempo asegura que el periodismo no está en peligro por las nuevas tecnologías sino desde que se cayó el culto de la lectura.

“En algunas sociedades, pocas, como India, la impresión de periódicos crece, lo que es entendible cuando te explicas cómo está la India y sus despegues sociales y económicos: van comprando las máquinas que en Occidente empiezan a ser prescindibles, pero eso va tener una corta vida, porque el internet es voraz”.

Lo instantáneo

Presente en el Hay Festival Ciudad de México, y uno de los protagonistas de la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), el periodista cuenta a MILENIO acerca de su relación con las nuevas formas de lecturas, como los blogs o las redes sociales, que le han servido para compartir información cotidiana, y no tener que esperar tres o cuatro meses, el tiempo que dedica a la escritura de sus crónicas.

“En adición a mis crónicas hago blogs ocasionales, que me sirven casi como si trabajara en un diario. Cansa más, pero me gusta poder incidir en lo noticioso ahora. El Twitter es mi forma de hacer comentarios, a veces indebidos, en otros para dar guiños a colegas que sacaron algo y hasta comentarios mismos sobre el acontecer, ofrecer mi opinión.

“Supongo que 15 años atrás yo andaba mucho más reflexivo en mis crónicas. Hoy estoy más consciente de la instantaneidad de todo, lo he incorporado, al principio con un poco de recelo y resistencia, pero siempre he sido así: no resiento tener que aprender cosas nuevas, jugar a lo instantáneo. Pero tampoco quiero quedarme afuera de lo que, reconozco, responde a las necesidades del público, de lo que resuena en los lectores”.

En su más reciente libro, Anderson apostó por intentar darle forma al caos y el sinsentido de la barbarie en Libia, pero siempre con una mirada más hacia la vida cotidiana, a las pequeñas historias que ayudan a comprender la que se escribe con mayúscula.

Desafíos de los diarios

Ante el avance de internet, de los portales de noticias e incluso de la redes sociales, Jon Lee Anderson recuerda las exploraciones de un periódico como The Guardian, que por su página en la web ha ganado lectores hasta en Estados Unidos, y aunque no han encontrado la forma económica de sobrevivir, sigue siendo un medio de referencia y no ha perdido su legitimidad internacional.

“Hace poco crearon la lectura larga, como tres páginas en el diario, que son de crónica larga, porque vieron que hacía falta. Había un deseo entre los lectores para eso, y abrieron un espacio en su versión impresa y digital. Obviamente, el periodismo de largo aliento no es la respuesta de todo; hace falta el boletín informativo, pero eso está muy competido en la radio y la televisión, la internet, cualquier persona puede actualizarse”.

Desde su perspectiva, los periódicos tienen que reinventarse y hallar fórmulas para ser impredecibles, lo cual significa convertirse en referencias de nicho o de culto para determinados sectores de la sociedad.