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Martes , 11.12.2018 / 08:14 Hoy

Escritura palpitante

Más que un acercamiento académico, el libro de Hilda R. May es un puntual registro de las lecturas y las motivaciones que tuvo el poeta para realizar su obra.

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Gonzalo Rojas nació el 20 de diciembre de 1916, en Lebu, Chile. Lo registraron un año después, en 1917, por eso hay una confusión en su fecha de nacimiento, ya que en algunos libros se anota 1916 y otros 1917. Cuando fue su centenario casi pasó desapercibido, mas no para el Fondo de Cultura Económica, en donde se publicaron un par de libros: El volcán y el sosiego, de Fabiane Bradu (quien desde 1998 hasta 2011 siguió los pasos de Rojas y tuvo acceso a su archivo personal) y La poesía de Gonzalo Rojas, de Hilda R. May.

Este último lo escribió una mujer conocedora de la vida y obra de Gonzalo Rojas, acaso la que más cerca estuvo a su proceso creativo, Hilda R. May, investigadora académica, especialista en teoría literaria y surrealismo, que estuvo casada con Gonzalo Rojas desde 1962 hasta 1995, año en que falleció.

El volumen está dividido en dos secciones. En la primera parte se cuenta la vida del poeta y su relación tanto con la escritura como con los autores, figuras esenciales de la cartografía literaria que recorre el poeta. Y en la segunda, la autora propone una subdivisión o bifurcación: que el lector siga por el camino que cuenta la historia y gestación de sus principales libros de poesía o que ingrese a algo que ha llamado Sistema imaginario. Este Sistema imaginario en realidad es la explicación del poema y la manera en que el autor se refiere a tal o cual cosa. Cumple una función pedagógica para quienes no conocen los antecedentes literarios de Gonzalo Rojas; sin embargo, acaso puede incomodar esa lectura, pues la poesía de rojiana no está inmersa en un tipo de lenguaje que requiera una explicación como tal. Eso no quiere decir que su poesía no dé pie a ensayos y otro tipo de disertaciones.

Más que un acercamiento académico, el libro de Hilda R. May es un puntual registro de las lecturas y las motivaciones que tuvo el poeta para realizar su obra, también de quienes se han acercado a su poética. Cualquier persona que desee escribir sobre Rojas, tendría que consultar esta investigación.

Por ejemplo, May recuerda que Julio Cortázar, en 1968, en los diálogos públicos que se efectuaron durante el Congreso Internacional de La Habana, dijo que Gonzalo Rojas le “devuelve a la poesía tantas cosas que le habían quitado”. Cortázar “aludía a un lenguaje filiado en la mejor tradición de la clasicidad y la modernidad, y singularmente a ese ritmo absoluto que postulaba Ezra Pound en su ‘Credo’ de 1912”. Octavio Paz coincidía con esta manera de leer a Rojas y entrever un mosaico representativo de él que, acaso, lo pudiera definir con tres palabras: escritura, palpitante, corazón.

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