“La magia ocurre en la vida y no nos damos cuenta”

Entrevista con el escritor Juan José Rodríguez.
El escritor Juan José Rodríguez.
El escritor Juan José Rodríguez. (Arturo Bermúdez)

Ciudad de México

Qué hay detrás del “abracadabra” o del “alakazám” que el mago prodiga frente al asombro de su público? Un acto de magia no solo es aparecer y desaparecer conejos, el mago más grande, dice, es aquel que desafía las fuerzas que rigen la vida. Como el muchachito que huye de su pueblo para estudiar o viajar, antes de que su destino, acompañado de un precipitado matrimonio y el lastre de una vida rutinaria, lo alcance.

Bajo esta filosofía, en La novia de Houdini (Océano, 2014) Juan José Rodríguez (Mazatlán, 1970) juega con el destino de Antonio Orsini, un lanzador de cuchillos; Shackleton, un hombre que “habla” con los muertos; el Mago Lorenzo Ludovico; Florissa, la única ilusionista que no solo ha podido escapar de la muerte sino de los brazos del gran Harry Houdini, y el protagonista, Abraham, un joven que decide huir de su casa para aprender los secretos de la magia y del amor.

 

Los personajes engañan a todo un pueblo para robarse un diamante, pero en realidad están escapando de su monótona vida…

Todos ellos son escapistas de su destino. Ludovico trabajaba en un barco; la magia lo salvó. También el lanzador de cuchillos era un joven abandonado que aprende a robar joyas. Florissa es la niña mimada, de casa, que huye antes de que la casen a la fuerza. Y el protagonista decide unirse a esta caravana de magos errantes porque se enamora de Florissa. La verdadera magia no es la que convierte en piedra a una serpiente, es la que ocurre en la vida y no nos damos cuenta, cuando rompes con todo, le apuestas a nada y te vas.

 

¿Y qué tan escapista es Juan José Rodríguez?

A mí me leyeron la baraja muy joven y me dijeron que iba a ser músico. Me dijeron: “Eso está en tu destino, pero es probable que decidas vivir una vida distinta y te irás a vivir muchas aventuras”. Un día decidí que iba a conocer lugares remotos, más lejos que Mazatlán. Decidí dedicarme al periodismo y mira, hasta estuve tres meses en el desierto del Sahara.

 

Pero a la vez su idea de destino es como lo que decía el libro de Eclesiastés: “Todo a su tiempo”.

La mujer que ahora es mi esposa, iba conmigo al kínder, pero la verdad no me acuerdo de ella. Yo compraba libros y revistas en un negocio que tienen sus padres. Tiempo después, mi familia y yo nos mudamos de casa, no la vi por más de veintitantos años y cuando la encontré, ahí me quedé. Tuve que recorrer todo el mundo para quedarme con una chava que vivía cerca de mi casa y estuvo conmigo en el kínder. Puedes hacer magia y romper paradigmas, pero por más que huyas, estarás en el lugar donde debes estar.

 

Los personajes de La novia de Houdini se mueven entre enigmas: la muerte, el destino, el azar, la suerte. ¿Qué papel han jugado estos términos en su vida?

Tengo mala suerte para las rifas y sorteos. Tengo buena suerte para otras cosas, como la forma en que conocí a la mujer de mi vida. El azar sí ha marcado mi vida, y a veces uno se pregunta si el azar no será un mecanismo secreto. Por algo decía Borges que no sabía si era el vago azar o las precisas leyes lo que rige el destino, lo que nos hace llegar a donde estamos. Y va pegado con el destino. Por ejemplo, desde niño quería ser mago y sentir que tenía el poder en las manos. Lamentablemente las tengo muy chicas y no podría haber sido mago.

 

¿Puede decir que si no se dedicó a la magia y sí a las letras fue por culpa de sus manos?

Mi mamá estaba preocupada, creía que iba a ser mago callejero. Como me encantaba la magia aprendí a hacer trucos. Es fascinante y revelador que toda magia tiene explicación, es eso, trucos. Pero al mismo tiempo hay cosas que no tienen explicación, como la vida misma. De alguna manera trato de desentrañar esos caminos ocultos con la escritura.

 

¿Por qué decidió dejar de lado el tema del narcotráfico si le funcionó muy bien en Asesinato en una lavandería china y Mi nombre es Casablanca?

Quizá me harté por como está el país. El tema está cambiando demasiado, siento que la narconovela necesita replantearse qué está haciendo, porque a veces, cuando uno saca un libro donde sin querer se proyecta con el pillo, le da un lugar bien alto. Lo siguiente que haré sí será una narconovela. Viene una idea que contó en entrevista Jesús Blancornelas, a quien le preguntaron: “¿Usted nunca se entrevistaría con Arellano Félix?”. Y él contestó que le gustaría agarrar un avión con el capo en algún lugar del mundo, platicar con él durante el viaje a otro lugar del mundo y después cada quien por su lado.

 

¿Y si por azares del destino le dieran oportunidad de platicar con algún capo?

Elegiría a Don Vito Corleone, para que me cuente cómo ascendió en el mundo del arte del engaño y la mentira.

 

También era una especie de mago, ¿no?

Más que un mago, un ilusionista. Alguien que creaba ilusiones, que le vendía esperanza a la gente.

 

¿Y un político no es exactamente lo mismo?

Claro. Pero ese sí tiene algo de mago. Lucra con la esperanza de la gente y también con las palabras, hay quienes logran hacer magníficos hechizos.