El escritor "sordo": Juan Gabriel Vásquez

El escritor colombiano, autor de ‘Las reputaciones’ (2013), tiene una gran colección de tapones para los oídos, que utiliza siempre a la hora de escribir.

México

Todas las mañanas, durante cuatro meses, Juan Gabriel Vásquez leía las mismas 20 páginas de los cuentos de Henry James. Después, con tapones en los oídos (de los cuales posee una gran y variada colección) escribió [i]Las reputaciones[/i] (2013). Antes, durante cuatro años, se dedicó a hacer investigación de campo; salía a las calles a entrevistar a personas, hablar con caricaturistas, a hacer lo que él llama "un proceso de reportaje".

El mismo ritual para sus tres anteriores novelas: [i]Los informantes[/i] (2004), [i]Historia secreta de Costaguana[/i] (2007) y [i]El ruido de las cosas al caer[/i] (2011), por la que ganó el Premio Alfaguara de Novela 2011.

Los cuentos del escritor estadunidense Henry James no tienen nada que ver (por lo menos directamente) en la trama de la novela, la repetida lectura de las mismas 20 páginas es utilizada en sus novelas para encontrar su tono:

“Generalmente es un clásico contemporáneo, un clásico del siglo XX… siempre hay un libro que por razones misteriosas, que yo no entiendo, me sirve de diapasón para el mío”, dijo.

Juan Gabriel Vásquez participa hoy en la noche en el [i][b][url=http://www.hayfestival.com/xalapa/es-index.aspx?skinid=19&localesetting=es-ES&resetfilters=true]Hay Festival Xalapa[/url][/b][/i], en Veracruz, donde conversará sobre [i]Las reputaciones[/i], editado por Alfaguara.

La novela narra la vida del caricaturista más influyente del país (Javier Mallarino) que con sólo papel y tinta china puede revocar una ley o quitar de su cargo a funcionarios. A sus sesenta y cinco años recibe la visita inesperada de una mujer (Samanta Leal) que le pide que le ayude a recordar lo que pasó hace 28 años.

Busca tocar muchos temas, pero también es su libro más íntimo, dice Vásquez. Los personajes se cuestionan su memoria, indagan en su pasado para descubrir qué fue lo que verdaderamente pasó. Javier Mallarino está inspirado en Ricardo Rendón Bravo, que Vásquez conoció cuando era un niño en los libreros de la biblioteca de su casa. Atraído por los dibujos y sin entender nada hojeaba los pesados libros del polémico caricaturista político de Colombia del siglo XX.

Rendón se suicidó de un disparo en la cabeza en 1931, a la edad de 37 años, en Bogotá muy cerca de la universidad donde Vásquez estudió la carrera de Derecho. Al enterarse, el escritor colombiano supo que el caricaturista también invadía su espacio

El interés de Juan Gabriel Vásquez se extendió a su oficio, él no dibuja “pero la novela está llena de caricaturas descritas con palabras que son de mi autoría, que yo inventé”. En algún momento tuvo la tentación de pedirle a un amigo caricaturista que le ilustrara la obra, pero la idea quedó totalmente descartada después.

No sólo le interesa el impacto de una caricatura política en la opinión pública, también la opinión privada. La segunda parte de su libro la escribió en una residencia literaria en California, Estados Unidos, país donde eran frecuentes las noticias sobre adolescentes que cometían suicidio después de ser reveladas en redes sociales fotografías o información personal comprometedoras.

“La opinión privada hace 20 o 30 años no tenía mayor trascendencia que el chisme y la maledicencia, mientras que en la opinión privada hoy mezclada con el fenómeno de las redes sociales pueden muy bien destruir la vida de una persona en pocos días… Yo creo que uno de los grandes temas del siglo XXI va a ser que en realidad ya ninguna opinión es privada, y cualquier opinión puede salir allá y hacer mucho daño”.

Con sus novelas, Juan Gabriel Vásquez busca responder dos preguntas: ¿qué es la memoria? y ¿qué es pasado? Quiere saber si es cierto lo que decía William Faulkner: “que el pasado no está muerto, ni siquiera es pasado. Que el pasado está con nosotros, que nos acompaña constantemente; está aquí como fantasma moldeando lo que hacemos”, dijo.

Si Vásquez tuviera que definir su novela como un animal, éste sería una lagartija con colores alebrijes: “Mi libro es corto e intenso, no puede ser una de esas grandes fieras”, dijo.