El escritor Irvine Welsh regresa de lleno a la crudeza y oscuridad de los años 80

También “fue cuando los jóvenes decidieron que querían pasar a un mejor momento”.
“En general fue una década bastante importante”, comentó.
“En general fue una década bastante importante”, comentó. (Especial)

México

Hace dos décadas, cuando se dio el lanzamiento de Trainspotting, Irvine Welsh (Edimburgo, 1958) apenas superaba los 30 años de edad. Él mismo reconoce que aún era joven en ese tiempo, por lo que se propuso mostrar el tiempo que vivía, con toda la crudeza y oscuridad de los años 80.

Una atmósfera que había experimentado Welsh, quien a los 16 años de vida dejó la escuela y se dedicó a múltiples oficios hasta que emigró a Londres con el movimiento punk. Quizá porque le había tocado ser joven en otro tiempo, el escritor se propuso hacer una precuela de Trainspotting: Skagboys (Anagrama, 2014), donde se vuelven a aparecer la heroína y el sida entre las clases trabajadoras, pero en especial una atmósfera opresiva que se mantuvo muchos años.

“En general fue una década bastante importante, porque estaba la Thatcher y Reagan, y fue cuando los jóvenes decidieron que querían pasar a un mejor momento, por eso me interesaba volver a esa época, a los años 80, a las cosas terribles que pasaban, como sentirse desesperanzado; el problema es que todo lo que era horrible en los 80 sigue siendo horrible hoy, siguen pasando muchas de esas cosas, como intervenciones o guerras. El clima político sigue siendo muy violento todavía”.

En algún momento, Irvine Welsh se dio cuenta que en cualquier momento podía morirse y deseaba escribir algo sobre su experiencia en aquella década, por lo cual se dio a la tarea de hacer un retrato de cómo era la vida en los años 80 en Gran Bretaña.

Protagonista del último fin de semana de la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (Filo), Irvine Welsh apostó con Skagboys por la crítica, pero con mayor humor, conciencia política y crítica social que la novela que le dio la fama internacional, adaptada también para el cine, sobre todo al mostrar una atmósfera un tanto represiva, aun cuando siempre estuviera la luz de la democracia, comentó en entrevista con MILENIO.

“Cuando escribí Trainspotting era más joven y me enfrenté con muchos personajes, la gran mayoría rudos, pero cuando comienzas a crecer, a tener más edad, intentas encontrarle un sentido a las cosas. Eso es lo que busqué hacer con la novela: reflexionar y no solo diciendo que esos tipos son así de duros y de cabrones, sino tratar de darle un sentido a todo eso.”

Jóvenes

Un mundo de jóvenes sin esperanza es el que plantea el escritor escocés, quienes recurren a las drogas para enfrentar la atmósfera represiva en la que vivían, por eso, cuenta, “tomar drogas en algún momento era como la alegría de vivir, una celebración para ellos, en aquella época”.

“Pero ahora los jóvenes toman drogas, sobre todo en la clase trabajadora, que genera violencia, inestabilidad social. No es de esas drogas de las que hablo en la novela, aunque tampoco quiero poner color de rosa la relación con las drogas. Lo más importante es mostrar la cultura y la vida de aquella época.”

Sobre qué tanto han cambiado los jóvenes de los años 80 con los de nuestros días, Welsh reconoció que es muy complejo hablar de ellos, porque suelen verse con una perspectiva de compasión y necesitamos verlos con esperanza… con optimismo.

“Si les preguntas a los jóvenes de hoy, en general no tienen esperanzas, ni muchas posibilidades; la ventaja de los jóvenes es que pueden cambiar el mundo y eso da cierto optimismo; lo malo es que están siendo un tanto anarquistas, olvidándose de todo, siendo completamente radicales, sin escuchar a nadie. Sin tener un sentido social”.

Si bien es un convencido de que en todas las épocas hay cosas buenas y malas, en los 80, los jóvenes podían criticar todo lo que estaba mal, “todas las cosas que estaban jodidas: de la cruda de aquellos años he intentado salir, pero sigo viviendo esa misma sensación”.