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Sábado , 15.12.2018 / 05:42 Hoy

Escribir ficción es un acto de empatía: Monica Wood

La autora presenta en español su libro ‘Uno entre un millón’; la historia tuvo resonancia en lugares tan distantes como Brasil y Corea del Sur, afirma.

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Una imagen fue el punto de partida de Monica Wood para su novela Uno entre un millón, cuya publicación en español, a cargo de Alianza Editorial, acaba de ser lanzada en México. “Comencé con una visión como disparador: una anciana en su casa y una persona afligida que llega a la puerta. Eso es todo lo que tenía. En todas mis novelas comienzo con nada, salvo una imagen”, comentó la autora.

La escritora estadunidense, autora de When We Were the Kennedys: A Memoir from Mexico, Maine y de la novela Any Bitter Thing, éxitos en su país, narra en su libro reciente la relación entre una anciana y un niño, entretejida por la presencia del padre del pequeño y otros personajes.

Estamos ante un libro conmovedor, en el que la atención del lector es capturada por cada personaje, incluso aquel que desaparece en las primeras páginas pero adquiere una presencia creciente. Wood, quien tiene el tino de no ser sensiblera, dice en entrevista por correo electrónico que todos los días recibe cartas de gente de todas las edades que le dice que “la novela los hizo sentir mejor por ser humanos. Esa es una buena medicina en tiempos turbulentos”.

A sus 104 años, Ona Viktus es un personaje vital, si bien no común para la literatura contemporánea, enfrascada en las charadas mentales de personajes jóvenes y maduros, más no ancianos. Wood advierte que la novela tiene más de 25 ediciones en el extranjero y que en otras culturas, “salvo la mía —donde nos aterra envejecer—, la vejez es respetada y, con frecuencia, reverenciada. Esta historia tuvo una resonancia profunda en lugares tan distantes uno de otro como Brasil y Corea del Sur, y creo que la edad avanzada de uno de los personajes principales puede ser el motivo”.

La edad de Ona representó para la autora un profundo trabajo de investigación: “Si piensa recordar, digamos, algo de 1919, yo tenía que averiguar que estaría vistiendo, qué pasaba en el mundo, si hubiera tenido o no acceso a un automóvil, etcétera”.

En tiempos tan violentos, ¿qué tan importante es escribir historias sobre las relaciones humanas?

Yo creo que escribir ficción es un acto de empatía: tienes que imaginarte dentro de la vida de otras personas. La lectura profunda te da la misma experiencia: la empatía, a la que necesitamos más que nunca.

¿Con qué personaje se identifica más: con Ona, el niño o el padre músico, dado que usted ha cantado géneros como jazz, country, pop y gospel?

Honestamente, no tengo un favorito. Escribir es como actuar: tienes que hacer la prueba con diferentes personas. Parte de mí existe en todos los personajes, pero el niño es el que más se me parece. De niña era como él: una hacedora de listas (hacía listas de palabras); también era extremadamente ansiosa, lo que significaba que era profundamente observadora. La mayoría de los escritores que conozco eran así de niños. ¡Por fortuna dejé atrás mi timidez y me volví extrovertida!

¿Qué tanto de su experiencia como músico hay en la novela?

Bastante. Cuando tenía veintitantos años trabajé como cantante en los circuitos de bares. Como puedes advertir en la novela, no es una vida glamurosa: la mayor parte del tiempo te la pasas arrastrando equipo dentro y fuera de bares que apestan a cerveza.

¿La música tiene que ver con el ritmo narrativo?

No sé cómo se lee la traducción en español, pero en inglés escribo con el ritmo en mente. En cierto momento de la escritura leo cada una de las frases en voz alta. El español es una lengua hermosa y rítmica, así que supongo que la traductora lo captó bien.

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