El escarnio como crítica social

La fila india (Océano, México, 2013) Antonio Ortuño apuesta por un tema de actualidad: el tráfico de inmigrantes centroamericanos que, en pos del American Dream.
La fila India
La fila India (Especial)

Ciudad de México

En su más reciente entrega narrativa, La fila india (Océano, México, 2013) Antonio Ortuño apuesta por un tema de actualidad: el tráfico de inmigrantes centroamericanos que, en pos del American Dream, viajan a bordo del tren La Bestia y son víctimas de todo tipo de extorsiones y ultrajes dentro del territorio mexicano. Para ello se vale de una eficiente estructura que alterna puntos de vista, y de su característico humor corrosivo, más atemperado ¾y eficaz¾ que, por ejemplo, su anterior novela, Ánima. Su prosa es directa, funcional, aunque por momentos está regida por un ritmo en exceso sincopado que entorpece la lectura, señaladamente en los capítulos dedicados a la protagonista Irma (La Negra), que se construyen casi por completo como una secuencia de oraciones simples y breves, intercaladas con diálogos. Procedimiento que contrasta con los flujos de conciencia del esposo de Irma, portavoz de los prejuicios raciales y ambigüedades éticas en torno al fenómeno de la migración centroamericana. Siendo Ortuño un narrador talentoso, quizá se eche de menos un mayor pulimiento estilístico, pues pudo evitar aliteraciones y cacofonías. En cualquier caso, su obra pone el dedo en la llaga de una realidad nacional vergonzosa.

Irma llega a Santa Rita, una comunidad agreste y enclavada ¾se deduce¾ en algún punto remoto de Chiapas. Su cometido: sustituir en las oficinas de migración a la anterior trabajadora social, asesinada poco antes de que una banda de polleros incendiara Batalla de la Angostura, el albergue de indocumentados. En respuesta a ese ataque, que arrojó decenas de muertos, las autoridades publican una repulsa tan enérgica como inútil. Y trasladan a los refugiados a Plan de Ayala, un nuevo edificio. Entre los sobrevivientes a la quemazón, se cuenta una joven salvadoreña, Yein. Fue violada en presencia de su pareja apenas traspasó la frontera y quedó viuda a causa del atentado. Ya establecida con su hija pequeña en Santa Rita, Irma decide protegerla. La nueva trabajadora social se percata entonces de que la política migratoria en Santa Rita se centra en desviar la atención de los medios sin preocuparse de los damnificados y sus familiares. Si alguien provoca problemas lo deportan o repatrían. A los funcionarios no les interesa esclarecer nada, se limitan, a fin de conservar sus prebendas, a un desfile en fila india detrás del mandamás. Por eso se alegran con la noticia de una posterior carnicería, mucho peor, en Tamaulipas, que resta importancia mediática a los sucesos de Santa Rita. Las pistas que La Negra va reuniendo, los expedientes que analiza en secreto (a veces con la improbable estrategia de sustraerlos de su escritorio y leerlos a la vista de todos en la única cafetería del pueblo), evidencian un contubernio entre policías, agentes de migración y traficantes de carne humana, con altas esferas del gobierno. Las investigaciones de un periodista refuerzan esas conjeturas, lo que no impide a Irma involucrarse con el Lic. Vidal —mano derecha del inepto delegado regional y sospechoso desde las primeras páginas—, hasta que ella y su hija son amenazadas de muerte. Entretanto, Yein planea su revancha bíblica y el esposo de La Negra, un amargado profesor de prepa, maldice en Ciudad de México. Por culpa del traslado de Irma, se han quedado sin usar unos boletos para Disneyland. Se venga, eso sí, cogiéndose a una sirvienta de última hora (casualmente, centroamericana), quien, por su parte, obtendrá una justa retribución.

La pomposidad de los nombres de los albergues (Batalla de la Angostura, Plan de Ayala), un recurso del sarcasmo ortuñoeano, resalta de manera grotesca los abusos impunes sufridos a diario por legiones de hondureños, guatemaltecos y salvadoreños a manos de tratantes que, cuando no están desvalijando a su clientela, organizan expediciones punitivas. Las víctimas de La Bestia, tanto en esta ficción como, desde hace años, a lo largo del país, han entrado en el macabro cómputo de los fallecidos por el narco, nadie sabe a cuánto asciende. En parte, como descubre Irma, gracias al cómplice beneplácito de los representantes de la Comisión Nacional de Migración en Santa Rita. La CONAMI, en realidad, es un invento de Ortuño para evitar aludir de modo directo al Instituto Nacional de Migración (INM).

Sobre Ortuño podría pender la acusación de frivolizar acerca de un asunto demasiado doloroso para ciertos sectores marginales. Creo que se propone lo opuesto. No se mueve en el plano simbólico de una problemática humana, sino que hace escarnio de ella por medio de un realismo acorde con las atrocidades que describe. En ese sentido, es un realista crítico. Pero no como aquellos que veían en su denuncia un arma de transformación social. Ni siquiera concibe esa esperanza. ¿O me equivoco?.