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“Es una forma de saber que estamos vivos”

Desde el 2004 Ricardo inició su camino dentro del doloroso arte de las suspensiones corporales, se adentró en este mundo por invitación de un amigo y ahora se ha convertido en un estilo de vida que lo ha acompañado durante los últimos 11 años.
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Cuando era adolescente Ricardo Padilla se sintió atraído por la modificación corporal, en ese tiempo se perforó el labio cuando se dedicó de lleno a esta disciplina, a partir de ahí surgió el contacto para las suspensiones.

“Desde que estaba en la prepa, me puse un arete en el labio, después un amigo me pidió que le pusiera un arete en el pezón, y pues de ahí a la fecha

“Me dedico a lo que es la perforación y modificación corporal, perforaciones, implantes, entre otros, entonces por invitación de un amigo que se dedica a esto di con las suspensiones, yo ya las había visto desde el 2000 que vinieron unos amigos y me pareció buena la idea y de ahí para acá formamos un colectivo”.

Junto a unos amigos y su esposa, Ricardo, mejor conocido como El Trash formó el colectivo Mexican Freak Family, un grupo que se esfuerza por entregar un espectáculo de calidad y a la vez respetar y cuidar la integridad de los miembros.

“Yo estaba en la facultad y con el Dr. Muerte empezamos con el proyecto del colectivo a hacerlo más grande y a la fecha seguimos haciéndolo”.

Más allá de una expresión artística, para Ricardo y su colectivo este doloroso proceso representa una conexión espiritual.

“Es una forma de saber que estamos vivos. Por medio del dolor tratamos de sentir, ahorita estamos muy desensibilizados en cuanto a los dolores que realmente nos afectan que es el espiritual, la cuestión amorosa, estamos más preocupados por el dinero, porque no tengo para comer, que también es importante pero para nosotros es más importante tener un alimento espiritual que un alimento físico porque sin el primero, difícilmente tienes el segundo”.

A pesar de que sólo dos de sus hermanos y su esposa se dedican a lo mismo que él, el apoyo del resto de su familia siempre ha estado presente por lo que ha adoptado este como un estilo de vida.

“El apoyo siempre ha sido total, es mi estilo de vida, una forma de expresión en la que llevas el cuerpo y mente al límite. Mi familia ha sido mi más fiel aliado en este proyecto, he apoyado a mi esposa, mis hermanos y mi cuñado, en su primera suspensión, todos ellos han compartido conmigo su experiencia, tengo la fortuna de tener una familia grandiosa, y compartimos muchas experiencias pero creo que esta es la más nos ha unido”.

Aunque este fenómeno artístico representa un dolor corporal, El Trash asegura que depende de cada persona y su capacidad de fortaleza la que establece el nivel de dolor, aunque él, tiene su propia táctica para evitarlo.

“Algunos lo sufren más que otros, hay de todo, depende del umbral del dolor como se dice coloquialmente.

“En lo personal trato de no pensar en el dolor, me relajo y disfruto el momento, claro que duele pero es ahí cuando te das cuenta cuanto control tienes sobre tu cuerpo y tus emociones”.

La primera experiencia de Ricardo con la suspensión corporal, en el 2004 significó un reto, pese al miedo y nerviosismo, comprendió que para hacerlo se necesitan cinco cosas: “Estar consciente de que es una fuerte agresión al cuerpo, no hacerlo sólo por quedar bien con nadie sino contigo, confiar en el equipo que te está apoyando, disfrutarlo y repetirlo”, comenta entre risas.

Si bien cada persona es diferente y cada procedimiento es distinto, El Trash, detalla lo que se siente una suspensión corporal.

“Desde ganas de vomitar (sobre todo la primera vez) hasta ganas de abrazar a quien te acompaña en tu experiencia, puedes reír, llorar, gritar, te llega la euforia, sientes como la adrenalina recorre tu cuerpo, en fin he visto de todo”.

Ricardo relata que a lo largo de su trayectoria se ha suspendido alrededor de 300 veces, y ha experimentado distintos puntos de su cuerpo y formas para colgarse como las rodillas, la flor de lotto, la espalda entre otras, mismas que con el paso de los años ha perfeccionado al grado de que puede hacerse algunas de las perforaciones el mismo.

Luego de 11 años y con toda la experiencia y la trayectoria en este fenómeno artístico, Ricardo asegura que se dedicará a esto hasta que su cuerpo resista.

“Pues cuando lo hice por primera vez no sabía si lo haría de nuevo, ahora tengo 11 años realizando suspensiones y son más de 300 veces, así que espero poder seguir haciéndolo muchos años más, ahora sí que hasta que el cuero aguante”.

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