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Es un tiempo muy difícil para los músicos: Alan Parsons

“Creo que el futuro de la música está en las presentaciones en vivo”, dice el artista británico.
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Nacido en un rico ambiente artístico, Alan Parsons (Londres, 1948) considera que desde los cinco o seis años “quería trabajar en el entretenimiento. No quería manejar un tren, ser dentista o tener un trabajo de oficina; quería estar en algo que tuviera que ver con el entretenimiento”.

Su deseo se cumplió y después de más de medio siglo en el mundo de entretenimiento, sigue latente. El próximo miércoles a las 20:30 horas, el músico británico presentará el espectáculo Alan Parsons Symphonic Project, en el que su música sonará con el acompañamiento de una orquesta sinfónica.

Con un trabajo destacado que inició como ingeniero de grabación, para luego seguir como compositor, músico y productor, su gran momento de fama llegó a principios de los ochenta con Alan Parsons Project. Colidereado con el compositor, músico y cantante Eric Woolfson (fallecido en 2009), el dueto creó álbumes conceptuales que lo mismo invocaron a Edgar Allan Poe que las novelas de Isaac Asimov o la obra del arquitecto Antonio Gaudí. El proyecto se disolvió en 1990, para seguir una carrera solitaria más discreta.

Bisnieto de sir Herbert Beerbohm Tree, destacado actor y director teatral de fines del siglo XIX, Parsons es heredero de una madre actriz, cantante folk y arpista, y un padre pianista y flautista, autor de libros sobre música y humor. También es sobrino del actor Oliver Reed.

Su oportunidad de ingresar al mundo de la música llegó cuando tenía alrededor de 17 años y comenzó a trabajar en un laboratorio de investigación para cámaras de televisión en la compañía grabadora EMI. “Luego me pasé a un departamento involucrado con la grabación de cinta analógicas y después a algo relacionado con la elaboración de la pasta para los discos de vinil —afirma en entrevista telefónica—. Sabía todo sobre el proceso químico para hacer música”.

Después dio el salto a los estudios Abbey Road, donde, dice, “descubrí que me convertiría en ingeniero de grabación”. Como ingeniero asistente participó en los dos últimos discos de los Beatles, Abbey Road y Let It Be, y The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd, entre otros. Sobre todo en este último sus ideas contribuyeron a la creación de una obra maestra.

—¿Cómo fue trabajar con los Beatles y Pink Floyd?

Fueron grandes experiencias. Tienes que aceptar el hecho de que estar en el mismo cuarto que los Beatles cuando estaban grabando era una ocasión especial para cualquiera. En cuanto a Pink Floyd tuve mucha suerte de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado: cuando llegó The Dark Side of the Moon ya había adquirido experiencia y ciertas habilidades. Ambos eventos influyeron extremadamente en mi propia carrera.

—¿Cómo fue recibido su primer disco, que anunciaba su forma de trabajar obras conceptuales?

Basado en cuentos y poemas de Edgar Alan Poe, el disco fue bien recibido, pero creo que mucha gente se preguntaba: ¿quién es este cuate, Alan Parsons? Y cuando vieron mis credenciales con Pink Floyd, los Beatles y Paul McCartney se dieron cuenta. Pero no fue el disco más grande; tuvieron que pasar tres o cuatro álbumes para que realmente tuviéramos éxito. Después hicimos I Robot y Pyramid, que le fue bien; luego Eve, que pegó mucho en Estados Unidos y, finalmente Eye in the Sky, que fue el gran éxito en todas partes.

—¿Siente que encarna diferentes funciones en la música o que son parte de un todo?

Trato de ser la misma persona en los diferentes papeles, aunque las disciplinas son un poco diferentes. Tienes la disciplina del estudio, en la que debes grabar hasta que las cosas salgan bien, hasta que estén perfectas. Cuando tocas en vivo tienes que ensayar y asegurarte que todos estén listos para tocar y que no haya errores. Si se suscita algún tipo de problema en una actuación, tienes que afrontarlo, no puedes regresar el tiempo y volver a tocar. Debes reconocer cuando hay un error y lidiar con ello.

—¿Cómo percibe la industria de la música en nuestros días?

Es un tiempo muy difícil para los músicos. La sensación general entre el público es que la música debería ser gratis, o casi gratis, mientras que a finales de mi niñez y principios de mi adolescencia yo me gastaba todo mi dinero en música. Eso ya no ocurre, la gente ya no se sienta a escuchar música. Creo que el futuro de la música está en las presentaciones en vivo: la gente siempre pagará un boleto para ver algo en vivo.

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