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Miércoles , 20.06.2018 / 09:23 Hoy

Epifanías tecnológicas de Beckett

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Magali Tercero

¿Podría considerarse a Samuel Beckett un precursor de las prácticas artísticas actuales, el arte sonoro en particular? La pregunta es retórica, claro. La respuesta es un “sí” matizado por algunas reflexiones alrededor de su incursión en el ámbito sonoro así como en su obsesión transgenérica, como la llama la artista medial y académica Luz María Sánchez, por trasladar sus obras al lenguaje propio de cada medio: intervención de voces humanas grabadas en algunas obras de teatro, programas de radio, obras no “adaptadas” a la televisión o al cine sino hechas desde esos lenguajes. Epifanías tecnológicas: Samuel Beckett y las máquinas de inscripción y manipulación audiovisual (FONCA/ Futura, México, 2016), primer libro de Luz María Sánchez, fue presentado el jueves 26 en la Casa del Tiempo (UAM). En noviembre de 2014 ella obtuvo, con su pieza medial V.F(i)n, el primer lugar en la Bienal de las Fronteras de Tamaulipas. Como profesionista ha estado involucrada en radio y televisión además de que su tesis doctoral en arte, en Barcelona, fue sobre Beckett. Este libro, que presentamos José Wolffer, Rocío Cerón, Tito Rivas, Nicolás Alvarado, el actor Roberto Sosa y la autora, incluye un ensayo y dibujos de Sánchez basados en fotogramas de las obras de Beckett.

La autora relaciona a Beckett con las prácticas artísticas actuales en donde comienzan a borrarse los géneros. “La obra para el medio cinematográfico y electrónico (radio y televisión) se ha analizado como un corpus interdependiente, paralelo a la obra dramática, la narrativa y la poesía de Beckett”, explica en el primer capítulo. A fines de la década de 1950, el irlandés conoció la primera grabadora de su vida, un aparato voluminoso con carretes. La tecnología lo llevó a escribir en 1958 Krapp´s Last Tape (La última cinta de Krapp), sobre un hombre envejecido confrontado con grabaciones de su propia voz de sus últimos treinta años, un monólogo escrito para el actor Patrick Magee. Décadas después Harold Pinter interpretaría a Krapp. “Analizarlo desde una perspectiva desde la cual puedan valorarse las transminaciones entre géneros, lenguajes y plataformas podrá darnos muchas claves, […] observar […] que el tema de Beckett es uno solo y que […] está buscando la manera de comunicarle mejor”, comenta Sánchez antes de coincidir con Rosemary Pountney: “el refinamiento continuo de Beckett, tanto del lenguaje como de la imagen, hasta que quede la esencia”.

La grabadora, máquina de inscripción sonora, le permite solucionar asuntos como la escisión de la voz y el cuerpo, menciona Sánchez, valorar recursos como la repetición, la fragmentación y la interrupción. Beckett hizo varias obras radiales pedidas por la BBC. La tecnología impulsó definitivamente a Beckett a trabajar de un modo más afín a su escritura, en la construcción de su propio lenguaje. Según Stan Gontarski, en este ámbito está la innovación estética del gran artista irlandés. Si usted, lector, busca en YouTube la entrevista con Harold Pinter, comprobará por qué y cómo estaba Beckett creando desde otros géneros. En Krapp…, donde el personaje de 69 años escucha a sus yo más jóvenes, están, se ha dicho, la separación del discurso y el cuerpo, voz y actuación. Podríamos seguir hablando de Beckett. Pongamos punto final. Es mejor leer el libro de Sánchez.

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