Que Dios nos coja confesados

Los tiempos, como pocos advertimos, eran otros: durante septiembre y principios de octubre fue cuando debió darse la movilización, dado que la carta (ahí sí) de importantes actores de la cultura ...
Protestas por la disminución del presupuesto destinado a la cultura
Protestas por la disminución del presupuesto destinado a la cultura (Especial)

México

Tarde, muy tarde, han reaccionado los artistas escénicos al anunciadísimo recorte presupuestal que el presidente Enrique Peña Nieto instrumentó y que los diputados y la Secretaría de Hacienda concretaron de manera artera. Desde el 23 de septiembre, en esta columna me extrañaba que artistas y otros miembros de la comunidad cultural no se manifestasen categóricamente contra el recorte a la cultura. El martes pasado, oficiantes de la danza y el teatro cerraron simbólicamente el edificio de Reforma de la Secretaría de Cultura federal, acto replicado en ciudades como Chihuahua, Ciudad Juárez, Tlaxcala, Pachuca, Xalapa, Mexicali, Tijuana, Hermosillo, Guadalajara y San Cristóbal, por lo menos. La gente de literatura, artes visuales y demás brillaron por su ausencia, lo cual es gravísimo. Y de cualquier manera, la protesta es a toro pasado pues el Presupuesto de Egresos de la Federación está votado.

Los tiempos, como pocos advertimos, eran otros: durante septiembre y principios de octubre fue cuando debió darse la movilización, dado que la carta (ahí sí) de importantes actores de la cultura que se publicó en primera semana de octubre no habría de rendir ningún fruto.

Con lo que ha sucedido, con la anulación, por ejemplo, del “presupuesto piso” por 32 millones de pesos para cada entidad cultural de los estados de la República, el sector va a colapsar. Por buenos, malos y pésimos usos y costumbres, los gobernadores no invierten un peso en proyectos de cultura del presupuesto estatal. La mayoría (casi todos) esperan la dádiva federal para comenzar a operar, así que sueles no existir actividades culturales hasta después de abril o mayo de cada año. Evidentemente es una aberración que los gobernadores no inviertan en cultura y, peor aún (como en los casos de los dos Duarte, el de Chihuahua y Veracruz, así como Tamaulipas y varios más), cuando el presupuesto federal se usa como caja chica o monedero del señor gobernador en el colmo de la ratería.

No dudo que sea buen momento para jalar orejas y obligar a los gobernadores y a las legislaturas locales a ponerle dinero a la cultura de los recursos de los estados. De hecho lo hablábamos hace poco con Graco Ramírez en una reunión sobre el tema de los recortes y a propósito de su reciente presidencia en la Conferencia Nacional de Gobernadores. No solo es natural y prioritario que los titulares de Cultura de las entidades rindan cuentas del recurso federal que han recibido sino que es urgente que también los estados sumen un “presupuesto piso” a la cultura. De cualquier manera, la Secretaría de Cultura federal, diputados, Hacienda y Presidente de la República lo hicieron pésimo. La cagaron.