"La mejor faena siempre está por venir":Jorge F. Hernández

A la menor provocación, Jorge F Hernández habla de su pasión por la fiesta brava, de ahí que cuando se le pregunta sobre el oficio de escribir, la entrevista se convierte prácticamente en una ...
Jorge F. Hernández
Jorge F. Hernández (Claudia Guadarrama)

A la menor provocación, Jorge F Hernández (Ciudad de México, 1962) habla de su pasión por la fiesta brava. De ahí que cuando se le pregunta sobre el oficio de escribir o sobre su más reciente obra Solsticio de infarto (Anagrama, 2015), la entrevista se convierte prácticamente en una corrida. Es así como en medio del ruedo, el autor rememora el día en que fue embestido por un infarto y por el que, tras salir bien librado de lo que parecía ser su última faena, decidió comenzar a escribir desde la entraña.

¿De tu obituario surgió la idea de este libro?

Cuando sufrí el infarto todo mundo creyó que no la iba a librar, entre ellos mi amigo Juan Villoro, que publicó en un periódico un texto hermoso que en realidad se trataba de mi obituario. Yo quería que ese texto se incluyera en un libro, así como también quería que algunas Aguas de azar (columna publicada en MILENIO los jueves) se perdieran en las hemerotecas y fue como surgió. Ya publicado, el libro se convirtió en una especie de constancia de que yo ya no soy el que fui.

¿Cómo son los días y las noches en el Solsticio de infarto?

Hay un antes y un después, es decir, a partir del infarto no dejo nada para mañana. Me he dado cuenta de que en cualquier momento esto se puede acabar. Es como lo que les pasa a los toreros, una vez que estás vestido de luces no puedes quedar con nadie a cenar el día que toreas, porque igual y nos vemos o igual y ya no. La vida es mejor ahora en realidad, porque no pierdo el tiempo en cosas que no me interesan. Por primera vez en muchos años si entro al cine y no me gusta la película que estoy viendo me salgo, si estoy leyendo un libro y me decepciona, sea quien sea el autor, ya no lo termino. Me he dedicado mucho a releer, a Proust, a Chesterson y a Quevedo. Porque además, a partir de los infartos han venido con más frecuencia sus fantasmas, como estuve muy cerca de conocerlos en persona, yo creo que me dijeron pos órale, si quieres platicamos en lo que llegas.

¿Y qué te dicen sus fantasmas?

Hay muchos regaños. Algunos me han hecho muy consciente de que andaba toreando para el público. Andaba toreando algunos textos o columnas muy pegados a la barrera, y si tú toreas muy pegado a las tablas sabes si te va cornear, porque ahí brinca alguien y trata de distraer al bicho, y eso no es torear. Escribir de verdad es ir al centro del universo, lejos de la barrera.

¿En la literatura, cómo es agarrar el toro por los cuernos?

Su libro Solsticio de infarto surge de haber visto de cerca a la muerte

Los regaños amorosos de los que te habla son cuando alguien te dice: ¿en verdad te estás jugando la vida con ese texto o lo estás haciendo para cobrar, o para ganar un premio que ya te dijeron que igual y te lo otorgan o para colocarte en un puesto público? A partir de los infartos, de pronto dije, cada jueves, cuando entregue una columna, quiero cuajar una obra de arte. Suena muy pretencioso, pero Cyril Connolly, en un libro que se llama La tumba sin sosiego, dice "si no te propones hacer una obra de arte con cualquier cosa que hagas en tu vida, entonces no la hagas".

¿Y ahora cómo pretendes jugarte la vida a través o por un texto?

Que te expongas, que no tengas miedo a la crítica, que no te fijes en que si te leen o no, escribe porque tienes que escribir. Si está de moda hablar de la coyuntura y es El Chapo o Elba Esther Gordillo, a lo mejor te conviene escribir sobre un panal de abejas. Por eso en Solsticio de infarto elegí textos en los que hablaba de Los Picapiedra o George Harrison o de cuando vino Paul McCartney. Escribo de lo que se me pega la gana tratando de que sea el tema que sea, se asuma con verdad y con la intención de hacer una obra que merezca quedarse en su libro.

¿Te obsesiona el éxito o reconocimiento?

Antes sí, aunque los premios que gané me los gané sin proponerlos. Creo en lo que decía Gabo: "escribo para que me quieran más mis amigos". Yo ahora escribo para que me quieran mis hijos, para corresponder afectos, para hablar de los que admiro o despedirme de los amigos, como en el caso de Lichi (Eliseo Alberto).

El infarto cambio tus metas como escritor...

Sería un mentiroso si digo que no busco reconocimiento, pero lo que me pasó es lo que les pasa a los toreros que quieren ser figuras, necesitas una buena cornada y a partir de ahí tienes que decidir si te avientas en serio o sigues tapándote con la capa y cuidándote las piernas. Tras el cornadón que me tocó dije: va, me vuelvo a vestir, pero todo lo que haga es porque vale la pena ser contado, si eso nada más se constriñe a mi placer personal, ni lo imprimo. Que algo tan baladí como comer tacos al pastor y agua de Jamaica en el metro Hidalgo se vuelva un cuento divertido y filosófico que los demás se sientan identificados.

Eres un asiduo usuario de las redes sociales ¿En estas plataformas no sobran los que opinan y faltan los que saben narrar?

Digamos que lo que ha aumentado son el número de personas que se tiran al ruedo, que es un poco lo que pasa en Pamplona entre el 1 y el 7 de junio: sueltan un bicho y todo mundo se avienta, muchos en estado de ebriedad. Yo creo que en México hay una especie de borrachera colectiva, donde, con distintos grados de ebriedad, de pronto todos se sienten con la verdad en la boca sobre El Chapo o con la autoridad moral para burlarse del presidente del INE, pero no están toreando están dando trapazos. En el ruedo donde supuestamente todo mundo está toreando, no todo mundo está vestido de torero, hay gente vestida de payaso de rodeo o con medio cuerpo en el ruedo y medio en las barras.

¿Cómo va a lograr Jorge F. Hernández que el juez de plaza le conceda oreja y rabo?

No sé si merezca las orejas y el rabo, en realidad ahora lo que puedo hacer es aspirar a cuajar un buen muletazo y en el camino seguir admirando a quienes sí han logrado tal distinción. Lo que me queda clarísimo es que estoy escribiendo sin importarme si las corto, porque después de un infarto lo que aprendí es que la mejor faena siempre está por venir.