ENTREVISTA | POR MOISÉS RAFAEL DURÁN FRÍAS

Ganadora del premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, la poeta uruguaya discrepa de la Real Academia, “que se quiere poner al día, ser muy moderna y entonces admite palabras que son inútiles”.

 

En lo breve es más fácil encontrar la perfección: Ida Vitale

La poeta uruguaya Ida Vitale.
La poeta uruguaya Ida Vitale. (EFE)

Ciudad de México

“La poesía, mientras más concisa, más fácil de entender”, dice la poeta uruguaya Ida Vitale, quien recientemente acaba ser galardonada con un par de premios: el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Internacional Alfonso Reyes.

En entrevista con MILENIO realizada el año pasado durante el 16 Encuentro de Poetas del Mundo Latino, realizado en Aguascalientes en octubre del año pasado, la también ensayista y traductora, autora de obras como Palabra dada y Jardines imaginarios, nos habló de su trabajo y del lenguaje que utiliza en su poesía.

 

¿Por qué muchos de sus poemas son breves?

Porque es breve la poesía. Quizá por la misma razón, para no ensartar yo algún disparate. Creo que en cuanto más concisa sea es más fácil que nos entiendan y es más fácil que nosotros lleguemos a entender lo que queremos decir. A veces entre una idea y una vaga concreción hay un salto grande, que no siempre es fácil dar.

“Siempre me ha nacido más, y siempre he pensado que en lo pequeño es más fácil encontrar la perfección, a la que uno aspira aunque no llegue, pero supongo que tenemos que ponernos esa meta”.

 

¿De dónde viene su inspiración?

No hay una fórmula. La inspiración puede ser, no sé, un montón de grillos debajo de una torre iluminada, o pueden ser un problema angustioso como es la muerte, la vida que es satisfactoria o el mal que nos rodea. Todo puede ser objeto de poesía.

“Creo que el primer objeto a usar son las palabras, ellas son las que reciben, eligen y formulan aproximadamente lo que uno quiere.

“Esa es la poesía que más me interesa, sobre todo en la que se ve una difusión de la palabra, no tanto de la realidad, que también es muy discutible. Todo lo hacemos con palabras. Supongo que el pintor pinta con colores, con formas, con líneas, con dibujos, contrastes. Creo que también en la poesía hay elementos que son propios, peculiares, que son el puente que tenemos que atravesar para llegar a poder decir algo. Y claro, hay palabras que a una le gustan más que otras, o palabras que rechazan o que no son suficientes, pero con ellas tenemos que entendernos. Por eso discrepo de los últimos cambios de la Real Academia, que se quiere poner al día, ser muy moderna y entonces admite palabras que son inútiles y que no son de uso general tampoco. Yo no sé en qué país se dice ‘amigovio’, no sé, a alguien le he oído decir esa palabra, pero ¿era necesaria meter esa palabra en el diccionario? Porque si hay algo que es voluble, muy variable o que se agota rápidamente es el argot. Una cosa es la riqueza de quien inventa una palabra necesaria, y otra quien es un poco gracioso, antojadizo, y en el fondo inútil, y que está en otro plano para que eso lo llevemos a la Academia. Me parece un disparate. Supongo que es la elección de la Academia de cada país la que lo resuelve, y eso está bien, pero yo no lo llevaría a un museo. El diccionario es un poco el museo de las palabras; entonces vamos a esperar a que una palabra envejezca o que pasen los años y le pongan un poco de prestigio, y entonces sí la podemos llevar. La academia está con las palabras como con juguete nuevo”.

 

¿Y con esta revolución del lenguaje la poesía ha cambiado?

Pues sí ha cambiado, no en balde uno reconoce que un término es, por ejemplo, de fines del siglo XIX. Además, hay un cierto estilo en las poesías chilena, mexicana, argentina, y que no es el mismo. Casi del mismo modo hay periodos y épocas que se reconocen claramente, y quizá hay poetas que buscan un retorno, como el peruano Belli, que buscan una cosa un poco arcaizante, pero ya es deliberado. También hay todo un grupo de poetas españoles que volvían a Campoamor, y esas cosas pueden ocurrir. Siempre hay un intento de rescatar o de ser original aun volviendo atrás, pero hay periodos bastante definidos.

“Si nos remontamos al romanticismo, en este el yo era muy evidente, sobre todo un yo adolorido o un yo angustiado por ciertos problemas trascendentes. Pero parece que la poesía actual busca otra cosa. Ahora, por ejemplo, yo siento que los estadunidenses son lo que corresponde a lo que en España llaman poesía de la experiencia —la precisión de este título nunca lo descubrí totalmente, porque experiencia es todo: lo que estamos haciendo, caerme de la escalera, cualquier cosa—. Entonces hay distintas maneras de ser moderno, y parecería que hay más una voluntad de ser moderno. No es que me choque, pero la modernidad y la antigüedad tienen que venir así, te nace o no te nace. Uno trata de corresponderse con su época, pero ésta también tiene proposiciones tan distintas, por ejemplo el que quiere hacer poesía política. Pero tampoco eso es moderno: la Revolución Francesa tuvo sus poetas, y supongo que si vamos para atrás, también hasta la poesía de los trovadores tenía intenciones políticas.

“Eso es una cosa, y la otra es mirar para otro lado. Eso está en cada uno”.

 

CULMINACIÓN DEL LENGUAJE

Mucha gente prefiere la novela por encima de cualquier género literario. ¿Dónde está la poesía?

Sí, sobre todo la novela larga. Creo que las personas tienen la idea de que, cuando pagan por algo, esto tiene que durar. Es como cuando compras un mueble: lo haces para que dure, que sea posible que quede para tus hijos. Supongo que buscan eso: un largo entretenimiento.

“Hay algo peor que la poesía, que es el teatro escrito: nadie lo compra. En una época, por ejemplo, a mí me encantaba leer teatro, más que verlo; me dibujaba mis personajes o el escenario. Argentina, que nos servía de fondo, nos abastecía de libros; en Uruguay las ediciones demoraban bastante, y bueno, para leer teatro se abastecía de obras de todo el mundo.

“Pero el teatro está peor que la poesía, ya que hay gente hay gente que todavía se interesa en leer poesía”.

 

¿Cómo motivar a la gente para que se interese en la poesía?

Que la educación sea mejor en vez de ser peor, que es lo que pasa ahora. Supongo que porque la humanidad se ha multiplicado y los gobiernos no se dan abasto para atender la escuela como debieran. Para mí la escuela es la base de todo.

“Hace algún tiempo, en México alguien me preguntaba qué haría; voy a decir disparates: quitarle a la universidad el dinero por varios años (risas) y dárselo todo a la escuela en forma inteligente, para que haya buenos maestros, buen material y, sobre todo, buenas ideas.

“Pero hay una tendencia en todos los planos al empobrecimiento. En literatura hay cada vez menos obras que leer. Creo que los profesores son los primeros en lograr complicarse la vida, porque cada vez eran menos los que abrían libros. Ahora, claro, no es la mejor manera de hacer que la gente lea, e incluso creo que hoy en día leen más afuera de la universidad que dentro. Yo, por ejemplo, tengo cerca una espléndida biblioteca, además de que siempre trato de comprar libros, no andar con libros de la universidad. Creo que eso puede ayudar para que la gente se interese en el leer”.

 

Muchos consideran que es muy complejo comprender la poesía.

Claro. Además importa que en la casa haya algún libro y que el primer libro prenda, porque si es uno malo es rechazado y no lo vas a leer nunca más.

“Te voy a contar algo: antes de que los militares estuvieran en Uruguay se había hecho un cambio en los programas de estudio. Había Español, después había Literatura y en medio había una clase que metieron como Introducción a la literatura. Entonces no había un programa muy armado, sino que había que hacerse de lecturas. Yo recuerdo haber leído un poema de Neruda muy simple, y todos decían que era muy difícil y complejo. Empecé a leer frase por frase; cuando terminó la clase, los alumnos solitos hicieron un análisis estupendo del poema. Es decir, hay que romper esa barrera que se supone que tiene la poesía; la tiene, indudablemente, y me parece bien que la tenga, pues yo creo que la poesía es como la culminación del lenguaje.

“Creo que vas a encontrar muchos más problemas de lenguaje en un poema corto que en una novela entera. Hay otros temas y nos interesan otras cosas en una novela; pero lo básico es que cada uno tenga una cierta curiosidad. La idea de que la poesía es una cosa que flota por la estratósfera la hacemos los humanos para humanos. Pero nos hace falta tanto el que escribe como el que lee; si no, no habría necesidad. Es más espontáneo cantar que escribir; entonces todos podríamos cantar y no escribir (risas)”.