El arte vuelve neurótico al artista: Carlos Amorales

En su estudio de Bucareli, hay películas, música y todo tipo de materiales. Su proceso creativo se mueve por distintos caminos aunque no niega que es el cine lo que más le entusiasma.
Carlos Amorales es una artista mutante. Viajó por Europa de mochilazo y trabajó donde pudo antes de llegar al performance.
Carlos Amorales es una artista mutante. Viajó por Europa de mochilazo y trabajó donde pudo antes de llegar al performance. (Especial)

Ciudad de México

Carlos Amorales es una artista mutante. Viajó por Europa de mochilazo y trabajó donde pudo antes de llegar al performance y de ahí brincar al arte contemporáneo, la industria musical y luego al cine. En su estudio de Bucareli, hay películas, música y todo tipo de materiales. Su proceso creativo se mueve por distintos caminos aunque no niega que de un tiempo a esta parte, es el cine lo que más le entusiasma.

Performance, rock, arte contemporáneo, cine. Está clara su vocación camaleónica.

Sí, cuando sea viejo escribiré literatura. Se puede hacer un poco de todo. La danza es una disciplina para jóvenes, en cambio si eres literato puedes tener 80 años y seguir trabajando. Las artes tienen sus tiempos y complejidades, pero últimamente he descubierto que en el cine y la arquitectura puedes mezclar varias cosas a la vez. La música me gusta pero jamás pensé en tener una banda.

¿Qué es el arte para usted?

El arte es una paradoja; es una creación visual o simbólica que puede tener la facultad de no dar un mensaje en el sentido ordinario. El arte es una síntesis de cosas. Es algo muy difícil de responder porque en términos básicos es mi profesión. Aunque suene chafa es una forma de buscar la libertad desde mi propia problemática y no tanto a partir de una crítica sistemática.

¿El arte cambia a las personas?

A las personas sí, al artista no... lo vuelve un neurótico.

¿Por dónde van sus neurosis?

Mi trabajo, todo el tiempo quiero entender la realidad, aunque la verdad es que cada vez entiendo menos. Es irreal tratar de entender la realidad.

¿Y la disputa entre pintores y artistas contemporáneos es real o irreal?

Es ilógica, solo en México se dan este tipo de conflictos, es absurdo. Entiendo que algunos manejan al arte contemporáneo como algo digno de exquisitos y eso crea la percepción de una disciplina pretenciosa. No es mi caso, no creo en el arte hermético y oscurantista. Valoro las manifestaciones abiertas. Al arte contemporáneo se le ve como una disciplina para iniciados y a la larga eso es negativo.

¿Hay demasiado esnobismo en el arte?

Totalmente, pero es una pendejada. México es de las ciudades con más museos en el mundo. ¿Por qué cerrar (el concepto) si hay un chingo de espacios? Qué bueno que Yayoi Kusama lleve tanta gente, no estaría mal que el mismo público fuera a ver otro tipo de propuestas. Uno no discrimina a lo otro.

¿Pero no es una cuestión de moda?

Sí, hasta cierto punto. El arte atraviesa un momento complicado. Por un lado mueve fortunas increíbles de dinero y por otro las clases acomodadas lo ven como un elemento decorativo. Hoy los valores del arte son muy limitados: el monetario, educativo o de entretenimiento. Que la gran exposición del MoMa sea de Björk es como si la gran exposición del Tamayo fuera de Juan Gabriel. No se trata de hablar mal de uno o del otro, pero es llevar el museo a la espectacularidad. Hubo quienes fueron a ver la muestra de Yayoi Kusama al Tamayo por los espejitos y porque se podían tomar fotos. Insisto no es que esté mal, se vale; lo malo es que esto se vuelva una tendencia.

¿Es un momento complicado para el arte aunque hoy más artistas viven de su trabajo, hay becas y mercado?

Es paradójico. Mis padres son artistas y no vivían de su trabajo. Mi padre hacía portadas de libros y era maestro. Sus obras artísticas no daban para el gasto. El lujo generalizado de vivir de tu obra es bastante nuevo y eso está poca madre. No se vale quejarnos de eso. Sin embargo, que la potencialidad económica sea el único valor es problemático.

¿Cuándo empezó a vivir del arte?

Cuando nacieron mis hijos, porque tenía que mantenerlos. Fue algo muy pragmático. No podía vivir del performance así que me inventé ideas y obras buenas y vendibles. Llevo 10 años viviendo de mi trabajo como algo profesional.

Supongo que hoy ni de locos volvería a poner una disquera.

Hoy la industria está muriendo, aunque no puedo quejarme. La época de la disquera Nuevos Ricos fue muy divertida, pasamos de todo. La gente piensa que la vida del músico es puro reventón porque durante el concierto todo mundo baila, toca, se mete drogas y etcétera. Pero a nosotros nos tocaba discutir con el dueño del antro, recoger, pagar... La vida de la noche es dura.

¿Cuál fue su mejor descubrimiento con el sello Nuevos Ricos?

María Daniel y su Sonido Láser fue nuestro hitazo, nos llevó muy lejos. A nivel artístico me encanta Dick El Demasiado, descubrimos a Aux Raus, ese sí fue nuestra gran aportación.

Si tuviera entre todo lo hecho algo para presentarse ante un desconocido, ¿por dónde empieza?

No lo sé, es complicado. Mi trabajo con la lucha libre creo que tiene cosas interesantes aunque tal vez ahora, como estoy muy emocionado con mi experiencia cinematográfica, empezaría con alguna de mis películas. No me pongas a pensar en esas cosas ahora, por favor...

Nació en la Ciudad de México en 1970. Realizó estudios de arte en Holanda. En 2003 su performance relacionado con la lucha libre, Amorales vs. Amorales, le valió reconocimiento nacional e internacional. Su trabajo se ha expuesto en la galería Tate Modern de Londres, el Museo de Arte Moderno de San Francisco y el Museo Rufino Tamayo, entre otros espacios. Entre 2003 y 2009 encabezó la disquera Nuevos Ricos. Además ha filmado las películas: Ámsterdam y El hombre que hizo todas las cosas prohibidas.