A 40 años de la publicación de la novela 'Terra nostra'

Se realizará hoy en el Palacio de Bellas Artes una lectura dramatizada en la que participará Javier Marc y el propio Ortega.

México

Hay una frase adjudicada a Carlos Monsiváis, en la cual decía: "Para leer Terra nostra se necesita de una beca". La más ambiciosa de las novelas de Carlos Fuentes, ganadora del Premio Rómulo Gallegos en 1977, en la cual confluyen historia, literatura, filosofía y mito: "Una aventura prodigiosa", en palabras de Jorge Volpi.

Una obra en la que Fuentes abordó la historia de España e Hispanoamérica dentro de un contexto novelístico del pasado, presente y futuro, para recorrer desde la conquista hasta finales del siglo XX, recordando que se cumplen cuatro décadas de su aparición.

El crítico y catedrático peruano Julio Ortega se encuentra en México para conmemorar el 40 aniversario de la publicación de la novela, lo que sucederá hoy, a las 19:00 horas, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, donde se realizará una lectura dramatizada en la que participará el actor Javier Marc, con los comentarios del escritor peruano.

¿De qué manera se leyó Terra nostra hace 40 años cuando se publicó?

Como una Summa teleológica. Como una desaforada "imagen del mundo". Se dijo que para leerla se requería una beca. Yo digo que después de leerla debemos recibir una licenciatura. Nos graduamos en nuestra mayoría de edad, en nuestra capacidad creativa para hacer más legible la resta de humanidad que la violencia, la política y la competencia nos han impuesto, hoy día, desde el mercado. Fuentes, más bien, cree que desde la plaza pública, desde el foro, el lenguaje nos permite reconstruirlo todo de nuevo.

Usted ha dicho que Terra nostra es la novela mayor de Fuentes...

La narrativa de Fuentes se debe a nuestra lectura. Unas novelas sintonizan con unos momentos históricos y otras con otras demandas y expectativas. Son relatos que afincan en la experiencia viva del decurso histórico, y hoy día, en este momento mexicano de restas y menoscabo, Terra nostra adquiere una actualidad más viva, como si escribiera en el decurso mismo de nuestra lectura. Fuentes dio siempre lecciones de futuridad en sus libros, y éste tiene una vivacidad urgente, se debe a una encrucijada en la que la experiencia mexicana se decide entre opciones, por un lado, comunitarias y memoriosas y, por otro, en un renovado proyecto de reconstrucciones. Esa articulación de pasado y futuro, de historia y utopía, solo es posible en el relato, en el cuento de la tribu que es Terra nostra, reescritura de la historia y programa de sumas felices. Esta novela es una épica de la mezcla, de las sumas, del optimismo en la creatividad popular y el arte de recordar entre la tradición humanista y la fraternidad de lo vivo.

Una novela en la que Carlos Fuentes apostó por reformular la historia a través de la novela, ¿de qué manera lo logró?

Haciendo de la historia ficción y de la literatura hospitalidad. La suma de orillas, de orígenes y destinos que esta novela postula es una verdadera casa del lenguaje, donde recuperamos nuestro lugar más creativo. Fuentes logró esa suma inclusivamente, construyendo no una pirámide de los sacrificios sino un hábitat donde la celebración de lo que somos y la afirmación de lo que podemos ser postulan un espacio donde somos bienvenidos. Es una novela, por eso, hospitalaria, donde la inteligencia de los afectos nos propone acordar y construir.

No deja de ser una de las novelas más complejas de Fuentes, ¿cómo adentrarse en su lectura?

No estamos acostumbrados a las demandas de una novela enciclopédica, que nos convoca a convertir al tú como la medida del yo, y que nos exige trabajos de lectura para los que no hemos sido educados. Por eso, postula una tribu de lectores utópicos, capaces de creer que una novela puede ser un mapa de mundo por hacerse.

Novela enciclopédica, pero al mismo tiempo una de las obras más ambiciosas de Carlos Fuentes, ¿cómo definir la vigencia de Terra nostra?

Hay que leerla a sorbos, despacio y con paciencia alerta. Poco a poco, la novela nos va ganando por su energía creadora, su prosa límpida y dialogante, sus historias circulares que se ceden la palabra como un teatro de la memoria. Poco a poco, nos gana el placer de su registro, la lucidez de su capacidad de sumar, la transparencia de su diálogo humanista. Nos damos cuenta que somos parte de la novela, no solo como lectores sino como los hablantes sucesivos que nos devuelven al mundo terrestre como si fuera nuestro.

¿Qué les dice a las nuevas generaciones de lectores?

Le dice: sí podremos, leer es rehacer, imaginar es hacer, articular es pensar lo real no solo como pesadilla pasada sino como sueño colectivo. Por eso, en este siglo Terra nostra será un manual de definirnos frente a sus espejos desenterrados.