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Sábado , 23.06.2018 / 20:49 Hoy

Encuentro de escritores 'noir': La difícil tarea del crimen perfecto

En una charla sobre crimen, intriga y misterio, expertos coincidieron en que tragedias clásicas como Macbeth, Hamlet y Otelo fueron una anticipación no solo de lo que hoy conocemos como el 'noir'.

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Gisela Antonuccio

Si el crimen perfecto es el planificado y ejecutado sin dejar rastros, poco a poco se vuelve un objetivo improbable, tanto para los delincuentes como para los escritores del siglo XXI, pues “todos los crímenes que la Humanidad es capaz de cometer, ya fueron contados por William Shakespeare” hace 500 años.

Para los escritores del género noir, que aspiran a construir una atmósfera sórdida con personajes oscuros, ésta fue una de las dramáticas advertencias surgidas del Primer Festival de Novela Negra Huellas del Crimen, que finalizó el 20 de junio en San Luis de Potosí.

La recomendación fue también para aquellos profesionales y miembros de las fuerzas de lucha contra el crimen organizado, ignorantes de que muchas respuestas a los enigmas que los desvelan se hallan ocultas en las páginas del dramaturgo inglés.

Así lo precisaron algunos de los expertos del género en el Museo Tamayo de Arte Contemporáneo, durante la mesa de análisis “Shakespeare y el crimen”. Allí estuvieron el francés Bernard Minier, las británicas Val McDermid y Mari Hannah, y Sarah Hainsworth, profesora de la Universidad de Leicester, antropóloga forense que integró el equipo que en 2012 halló los restos de Ricardo III.

En una charla sobre el crimen, la intriga y el misterio, condimentos clave del género negro, los expertos coincidieron con el moderador, Mauricio Montiel, en que tragedias clásicas como Macbeth, Hamlet y Otelo fueron una anticipación no solo de lo que hoy conocemos como el noir, sino también de los sucesos trágicos del presente.

“Todos los crímenes humanos están contenidos en Shakespeare”, sentenció el francés Minier, Premio Polar del festival de Cognac, autor de la reciente novela No apagues la luz. Y en ello coincidió la reconocida escocesa Val McDermid, ganadora de más de 30 premios, entre ellos el Galaxy National Book Awards Thriller & Crime Novel of the Year, quien destacó la “inagotable imaginación” del dramaturgo inglés para contener en sus obras los males de la condición humana.

“Pensemos que, en total, Shakespeare habría recorrido en su vida unas 65 millas, en una época en la que no había medios de transporte; sin embargo, muchas de sus obras ocurren fuera de Inglaterra. Ello no le impidió desarrollar un sentido del lugar en sus obras, el elemento más importante de la novela negra”, dijo.

“Si ello fue posible”, agregó, “fue porque combinó su imaginación con una gran investigación para documentarse de aquello que iba a narrar. Su conocimiento del mundo provino de leer y hablar con gente, sobre todo viajeros que volvían de lugares que entonces resultaban exóticos”.

La documentación exhaustiva y el avance de las técnicas en el campo forense son las que permiten hoy a los escritores ser precisos, casi irrefutables por parte de sus lectores, a la hora de construir sus tramas. Pero las mismas razones los obligan a ser meticulosos, cuando pareciera que todo crimen es capaz de ser dilucidado: hoy ya no es tan sencillo describir una escena en la que un personaje fue apuñalado y concluir que murió por ello. O simplemente mencionar que el personaje murió envenenado.

“Se debe pensar si es posible que alguien haya muerto por esa causa, evaluar la fuerza del cuchillo, que hoy es medible, el tipo de filo. Incluso en la vida real, es notable escuchar cómo en una declaración un relato cambia cuando la persona se da cuenta de que podemos detectar o reconstruir el modo en que ocurrió un crimen”, contó Hainsworth.

La experta fue parte del equipo que en 2012 halló los restos de Ricardo III bajo un estacionamiento donde existió un convento. El hallazgo permitió confirmar que el monarca murió en 1485 en la batalla de Bosworth. Los análisis de ADN a sus descendientes, así como tomografías de sus restos, permitieron conocer que murió a causa de las heridas recibidas en el campo de batalla.

Una de las intrigas que asaltaron a Hainsworth tras el hallazgo fue saber si de verdad se parecía a la imagen de villano que había elaborado Shakespeare en su obra. Y con lo que se encontró fue con “un hombre de constitución delgada, que sufría de escoliosis. El esqueleto que encontramos evidenciaba una desviación pronunciada de la columna, pero de ningún modo era el jorobado que describió Shakespeare”, contó.

“Shakespeare usó su licencia imaginativa para hacerlo un jorobado malvado. Así la literatura puede modificar la manera en que percibimos”, advirtió.

De la rutina de su trabajo —entrevistas con detectives, acceso a escenas del crimen y documentos, viajes— surgió que casi todo era posible a la hora de crear universos escabrosos por parte de los escritores.

La mayoría de los narradores se imponen un límite a la hora de decidir qué contar. En algunos países de América Latina, y aunque se trate de ficción, a veces ese límite es de índole político. La pregunta acerca de qué tipo de límites son impuestos, a modo de autocensura a la hora de narrar, resultó extraña y ajena a los invitados.

Para Hannah, no existen tales límites. “Escribo sobre la vida. No me limito. Ni siquiera si en la historia están involucrados niños. Hay gente que lo hace, ése es su límite a la hora de escribir; yo no”.

Para Minier, “el único límite que debiera tener un escritor es la imaginación. Cualquier arte debe estar dispuesto a ir lo más lejos posible”.

McDermid, en cambio, dijo comprender que a veces el límite no proviene de la creación, sino del contexto: “Tengo el privilegio de vivir donde podemos ser muy descorteses con los políticos. Sé que existen colegas que han tenido que ser muy valientes. Yo tengo la suerte de poder escribir de lo que sea sin que me importe si al día siguiente me van a destrozar en Twitter”.

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