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Martes , 23.10.2018 / 22:46 Hoy

¿Encontrar pareja?

Las sociedades actuales continuarán invirtiendo considerables sumas de dinero en terapeutas, psiquiatras y hasta en sacerdotes para que los resultados no sean tan patéticos.

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Encontrar pareja, para mujeres y hombres —hoy en día se debe incluir a toda la diversidad sexual, a pesar de su lacerante estigma social—, siempre ha resultado un problema sórdido que regularmente deviene en conflicto; las sociedades actuales continuarán invirtiendo considerables sumas de dinero en terapeutas, psiquiatras y hasta en sacerdotes para que los resultados no sean tan patéticos, pues el asunto principal es que la gente no sabe amar.

Después de ver La langosta, el retorcido filme de Yargos Lanthimos, la reflexión es inevitable: la película plantea una sociedad distópica que ayuda a involucrarnos en la trama. Ésta agrupación se divide en parejas heterosexuales felices y solteros que intentan dejar de serlo para darse cuenta de que encontrar pareja es un asunto que raya en la locura, la irrealidad y la violencia.

En el mundo narrativo, el autor logra un contraste interesante: se vale de la realidad para después abigarrarla poco a poco y así mantener el suspenso; basta con la motivación del personaje principal para despertar interés: David se recluye en un hotel que tiene un reglamento de Estado fascista y tintes de campo de concentración para buscar pareja. Su hándicap radica en que nada más tiene 45 días para encontrarla; si no lo logra será convertido en una langosta, insecto que mastica y destruye.

El autor hace avanzar la historia llevándola al extremo: describe su sociedad con absoluta seriedad, pero luego, en acertado contrapunto, la hace efectuar un comportamiento disparatado, como quemarle la mano a un hombre en un tostador de pan por masturbarse. Así nos mantiene alerta para que reflexionemos sobre nuestro amor: ¿no será acaso la soledad una opción que puede permitirnos vivir mejor con nosotros mismos?

La forma de vida que plantea La langosta ejerce un riguroso control para garantizar la felicidad, aunque se encamina más al régimen totalitario y represor que cercena las libertades en función de un bienestar imposible de adquirir por obligación.

La langosta no es una película comercial, pero nos engancha porque el tono y género dramático van de la comedia fársica al absurdo —aunque es justo mencionar que a veces cae en demasiado diálogo explicativo que se hubiera resuelto con más trabajo desde el escritorio, con la única idea de darle prioridad a las acciones.

Sentir placer y amor es una necesidad; encontrar pareja es complicado, pero no imposible, así que, por favor, no hagamos que se vuelva un absurdo.

La película se exhibe en la Cineteca Nacional.

“La langosta” (Irlanda, Reino Unido, Grecia y otros), dirigida por Yorgos Lanthimos, con Colin Farrell y Rachel Weisz.

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